Carta «Sacerdotes iam»
Carta nº 10. Acerca de la peculiar misión de los sacerdotes en el Opus Dei; también designada por el íncipit Sacerdotes iam, lleva la fecha del 2 de febrero de 1945 y salió de la imprenta en enero de 1966.
1a Alma sacerdotal y mentalidad laical
Una vez que ya han sido ordenados sacerdotes en nuestra Obra, quiero que todos mis hijos, sacerdotes y seglares, grabéis firmemente en vuestra cabeza y en vuestro corazón algo que no puede considerarse en modo alguno como cosa solamente externa, sino que es, por el contrario, el quicio y el fundamento de nuestra vocación divina.
1b En todo y siempre hemos de tener –tanto los sacerdotes como los seglares– alma verdaderamente sacerdotal y mentalidad plenamente laical, para que podamos entender y ejercitar en nuestra vida personal aquella libertad de que gozamos en la esfera de la Iglesia y en las cosas temporales, considerándonos a un tiempo ciudadanos de la ciudad de Dios 1 y de la ciudad de los hombres.
2a Manna tuum… et aquam dedisti eis in siti 2: ahora sí que podemos decir que el Señor nos ha dado su maná y su agua, para calmar nuestra sed. Porque ha sido providencia muy particular de nuestro Padre Dios que hayáis recibido la formación espiritual necesaria, para que todos vosotros, sin perder la mentalidad laical, sintáis el encendimiento de vuestras almas sacerdotales, con un celo y una oración que hace que se os puedan aplicar aquellas palabras del Eclesiástico: quasi ignis effulgens, et thus ardens in igne 3; porque sois como fuego resplandeciente y como incienso que arde en el fuego.
2b Fenómeno pastoral del sacerdocio en la Obra
Muchas sinceras congratulaciones he recibido de personas de todos los ambientes, por la primera ordenación de vuestros hermanos, que han llegado al sacerdocio después de vivir por su vocación al Opus Dei las virtudes sacerdotales –como todos vosotros– y de estudiar sin prisa, profundamente y con un profesorado escogido, la ciencia eclesiástica.
3a Pocos, sin embargo, son los que se dan cuenta de este nuevo fenómeno pastoral que se verifica dentro de la Obra de Dios: hombres jóvenes que ejercen una profesión universitaria, con la vida humanamente abierta para hacer libremente su voluntad, que van a servir, sin estipendio alguno, a todas las almas –especialmente a las de sus hermanos– y a trabajar duramente, porque las horas del día serán pocas para su tarea espiritual.
3b He hablado de un fenómeno pastoral nuevo, puesto que periódica y organizadamente seguirán todos los años otras promociones sacerdotales de universitarios –y, más adelante, de hermanos vuestros dedicados a oficios manuales– de todas las lenguas y de todas las razas, que recibirán las sagradas órdenes después de haber ejercido una carrera civil y de haber adquirido un doctorado eclesiástico.
3c He dicho también que son pocos los que se dan cuenta: no os extrañe que suceda así y que, por tanto, cuando vuestros hermanos sacerdotes sean centenares o millares, haya gentes que se maravillen, y que alaben como una novedad el hecho de que más o menos esporádicamente algún universitario o algún grupo de estudiantes de la Universidad civil vaya a un seminario. Bendecidlos a todos, desde ahora, conmigo.
4a Valor del sacerdocio
Si excelsa es la dignidad del sacerdocio y grande su importancia para todo el pueblo de Dios, grande es también su valor entre nosotros –que constituimos una parte de la Iglesia Santa– porque el sacerdocio, al que todos los socios del Opus Dei veneran, informa con su espíritu nuestra vida personal y nuestra entera labor apostólica.
4b Entendemos, con toda la tradición eclesiástica, que el sacerdocio pide –por las funciones sagradas que le competen– algo más que una vida honesta: exige una vida santa en quienes lo ejercen, constituidos –como están– en mediadores entre Dios y los hombres: mediatorem inter Deum et homines agere: hoc enim fortasse sacerdos est 4.
4c Dignidad de la vocación cristiana
Pero, sin rebajar en nada la importancia y dignidad del sacerdocio, nuestro espíritu nos lleva a enseñar –primero a los de Casa, y ellos a todas las almas– cuán grande es también la dignidad de la vocación cristiana; porque el Señor nos ha confiado un mensaje divino, que debemos transmitir a todas las almas que viven en el mundo.
5a Si el sacerdote está llamado, por su ministerio, a consagrar el Pan del Cielo, no se han dicho solo para él aquellas palabras del Evangelio: dichoso el que coma pan en el reino de Dios 5. Todas las almas, sin excepción, están llamadas por el bautismo a participar en el banquete del Gran Rey, Cristo Jesús. A cada una de ellas, hay que decirle: amice, ascende superius 6, aspira a participar en el banquete, no eches en olvido tu gran dignidad 7; mira a Cristo, al que debes imitar 8, que dice a todas las almas: ecce prandium meum paravi, mi banquete está preparado; venite ad nuptias 9, venid a las bodas.
5b Caminos divinos de la tierra
Y hemos de clamar, con toda la fuerza y el apremio que sean necesarios, para que no se repita la escena de la parábola: illi autem neglexerunt: et abierunt, alius in villam suam –y declinaron la invitación: quien por marchar a sus egoísmos, a su comodidad–, alius vero ad negotiationem suam10: quien, por quedar absorbido en su tarea profesional, sin saber hacer de ella –nadie se lo enseñó– camino divino en la tierra y parte muy principal de su vocación divina de cristiano, pues justamente en la profesión o en el oficio de cada uno es donde quiere el Señor que nos santifiquemos.
5c Llamada universal a la santidad
Hemos de enseñar a todos los hombres que ser cristiano es algo muy grande, porque el alma del creyente es templo santo de Dios11, donde habita la Trinidad Beatísima12; pero que es necesario, si se quiere alcanzar la perfección cristiana, pelear con denuedo los combates de la vida interior, porque el reino de Dios solo se alcanza a viva fuerza: regnum caelorum vim patitur, et violenti rapiunt illud13.
6a El Señor no hace acepción de personas, non est enim apud Dominum Deum nostrum iniquitas, nec personarum acceptio14: a todos nos llama –sacerdotes y laicos– a la misma santidad: elegit nos in ipso ante mundi constitutionem, ut essemus sancti et immaculati in conspectu eius15.
6b Son claras las palabras del Apóstol a los cristianos de Tesalónica: haec est enim voluntas Dei, sanctificatio vestra16, esta es la Voluntad de Dios, vuestra santificación; porque no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad: non enim vocavit nos Deus in immunditiam, sed in sanctificationem17.
6c La llamada de Jesús a la santidad se dirige a todos: estote ergo vos perfecti, sicut et Pater vester caelestis perfectus est18, sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial. Y nuestro Padre del Cielo nos ha predestinado a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que este sea el primogénito entre muchos hermanos19, porque a cuantos le recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios: a aquellos que creen en su nombre20.
6d Identificación con Cristo
A todos nos pide Dios tener en nuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo en el suyo21, conformando por entero nuestra vida al programa único de la perfección cristiana22. A todos, a sacerdotes y a seglares, se nos ofrece y se nos exige por igual que, en cualquier circunstancia –también en medio del mundo–, seamos almas contemplativas y nos identifiquemos con Cristo23. De tal modo, seguiremos al Señor, nos revestiremos de Él24 y viviremos su vida, pudiendo decir con el Apóstol: vivo autem, iam non ego: vivit vero in me Christus25. Y entonces, cada uno de nosotros, como buen cristiano, no es ya alter Christus, sino ipse Christus.
7a Las nociones de estado y vocación
Con la luz del mensaje divino que hemos recibido, debemos considerar a la vez, sin confundirlas, dos nociones fundamentales: de una parte, la noción de estado, que distingue al sacerdote del simple fiel; y de otra, la vocación a la santidad, común a todos los cristianos.
7b El estado clerical
El estado clerical se caracteriza por un conjunto de deberes exigidos por la misión específica que corresponde, en el servicio de Dios, al sacerdote, que está llamado, por razón del sacramento del orden que ha recibido, a ayudar a sus hermanos con los servicios propios de su ministerium verbi et sacramentorum, del ministerio de la predicación y de los sacramentos.
7c El estado laical
El estado laical ofrece también un aspecto que le es propio, que viene a ser dentro del Cuerpo Místico de Cristo el ministerio peculiar de los seglares: asumir sus responsabilidades personales en el orden profesional y social, para informar de espíritu cristiano todas las realidades terrenas, a fin de que en todas las cosas Dios sea glorificado por Jesucristo26.
8a Común condición de cristianos
Pero siendo distintos los estados correspondientes al sacerdote y al seglar –como consecuencia de la diversidad de sus respectivas tareas o ministerios–, es en ellos única y común su condición de cristianos, por haber sido llamados a formar parte de un solo cuerpo27, y porque igualmente se les aplican aquellas palabras de San Pablo a los corintios: Christi bonus odor sumus Deo28, somos el buen olor de Cristo, delante de Dios.
8b Común llamada a la santidad
Por exigencia de su común vocación cristiana –como algo que exige el único bautismo que han recibido– el sacerdote y el seglar deben aspirar, por igual, a la santidad, que es una participación en la vida divina29. Esa santidad, a la que son llamados, no es mayor en el sacerdote que en el seglar: porque el laico no es un cristiano de segunda categoría. La santidad, tanto en el sacerdote como en el laico, no es otra cosa que la perfección de la vida cristiana, que la plenitud de la filiación divina, pues todos somos a los ojos de nuestro Padre Dios hijos de igual condición, cualquiera que sea el servicio o ministerio que a cada uno se asigne: hijos pequeños, a quienes –justamente por su pequeñez– se les ha reservado el reino de los cielos30.
8c Lo que importa –lo único que vale a los ojos de Dios– es demostrarle con obras de servicio nuestro amor, según la mente de su Hijo Jesús: si diligitis me, mandata mea servate31 –si me amáis, cumpliréis mis mandamientos–, porque no todo el que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre32.
9a Santidad personal en el propio estado
Hemos venido, hijas e hijos queridísimos, a adoctrinar a las gentes, con una enseñanza a la vez simple y fecundísima. Dios nos pide que digamos a todas las almas que pueden y deben buscar la santidad personal en su propio estado, cada uno en el suyo, y en su oficio o profesión, en medio del mundo. Así el ideal de la santidad, único y común a todos los cristianos, es accesible a través de los distintos estados o géneros de vida, sin salirse de ellos, porque son otros tantos caminos divinos que nos llevan al Señor: basta cumplir, en cada estado y oficio, los deberes que el propio estado y el propio trabajo imponen, pues de tal modo cumplimos la Voluntad de nuestro Padre Dios.
9b Imitar a Cristo
Por eso, nosotros no ofrecemos al laico como ejemplar la santidad del sacerdote, ni a este la del seglar, porque, siguiendo el consejo paulino –estote ergo imitatores Dei, sicut filii carissimi33–, imitamos a Dios34, que es el único santo35, como hijos carísimos y tomamos por modelo a Jesucristo, que es la imagen de Dios invisible36.
10a Unidad de espíritu en la Obra
Es nuestra Obra, hijos míos, una familia sana, porque todos aspiramos –fieles a la común vocación al Opus Dei, que hemos recibido, igual los seglares que los sacerdotes– a la santidad propia de la vocación cristiana. Una familia sana no necesita más que un puchero –nadie tiene especiales regímenes de comida–, porque en la familia donde hay un enfermo tienen que hacerse distintas comidas. Para la vida espiritual de los socios de la Obra, no tenemos más que un solo alimento, un mismo espíritu: un solo puchero. El Opus Dei pide a todos sus miembros –sean o no sacerdotes– que tengan alma verdaderamente sacerdotal, y para eso les alimenta con un mismo espíritu ascético y apostólico.
10b Los sacerdotes de la Obra no son vocaciones retrasadas
La vocación divina por la que fuimos llamados a la Obra, nos exige a todos –a los seglares también– practicar cuantas virtudes han de vivir los buenos sacerdotes. Cada uno en su estado ha de actualizar interiormente el Sacerdocio de Cristo, haciendo operativo en su alma el sacerdocio real que los fieles reciben con los sacramentos del bautismo y de la confirmación37. Por eso los sacerdotes del Opus Dei, aunque normalmente reciben las sagradas órdenes después de haber dedicado bastantes años a su santificación y al apostolado en la Obra, a través del ejercicio de su profesión respectiva, no son vocaciones retrasadas: todos los socios de nuestra Obra tienen alma sacerdotal y practican las virtudes sacerdotales, aunque solo unos pocos serán luego llamados al sacerdocio.
11a La Misa, centro de la vida espiritual
Siempre os he enseñado, hijas e hijos queridísimos, que la raíz y el centro de vuestra vida espiritual es el Santo Sacrificio del Altar, en el que Cristo Sacerdote renueva su Sacrificio del Calvario, en adoración, honor, alabanza y acción de gracias a la Trinidad Beatísima.
11b Contemplativos en medio del mundo
De este modo, muy unidos a Jesús en la Eucaristía, lograremos una continua presencia de Dios, en medio de las ocupaciones ordinarias propias de la situación de cada uno en este peregrinar terreno, buscando al Señor en todo tiempo y en todas las cosas. Teniendo en nuestras almas los mismos sentimientos de Cristo en la Cruz, conseguiremos que nuestra vida entera sea una reparación incesante, una asidua petición y un permanente sacrificio por toda la humanidad, porque el Señor os dará un instinto sobrenatural para purificar todas las acciones, elevarlas al orden de la gracia y convertirlas en instrumento de apostolado. Solo así seremos almas contemplativas en medio del mundo, como pide nuestra vocación, y llegaremos a ser almas verdaderamente sacerdotales, haciendo que todo lo nuestro sea una continua alabanza a Dios.
12a Llevar la Cruz de Cristo
Al participar activamente en el Sacerdocio de Cristo –por haber dado a nuestra vida un sentido profundamente sacerdotal–, tenemos que vivir nuestra vocación con sencillez, con naturalidad38, sin espectáculo, convencidos de que la única víctima es Él, Cristo Señor Nuestro. Si unimos nuestras pequeñeces –las pequeñas y las grandes contradicciones, que todas son de igual tamaño39– a los grandes dolores del Señor, Víctima, se agrandará su valor, se harán un tesoro y, entonces, llevaremos a gusto, con garbo, la Cruz de Cristo.
12b Ser apóstoles
Porque queremos ser cada uno de nosotros ipse Christus –sabiendo que Él es el único mediador entre Dios y los hombres40–, debemos unirnos al Señor y ser mediadores en Cristo Jesús, para llevar a Él todas las cosas. Nuestra vocación nos exige no buscar solamente nuestra santidad personal, sino ir por todos los caminos de la tierra, para convertirlos en caminos del Señor; tomar parte, como ciudadanos corrientes del mundo, en todas las actividades temporales, para ser levadura41 que ha de informar toda la masa42. Pero, con el fin de que sea fecunda nuestra labor apostólica, necesitamos también tener mentalidad laical, puesto que, para ser eficaz, la levadura tiene que penetrar, que desaparecer en la masa de la sociedad humana, con naturalidad. Debemos ir a todos los ambientes del mundo, como lo hizo el Señor, quasi in occulto43, sin pregonar nuestra entrega; porque, para ser levadura divina en medio de las situaciones más diversas de la tierra, es indispensable que seamos santos.
13a Alegría y tristeza ante la ordenación de los primeros
No os quiero ocultar que esta primera ordenación de hermanos vuestros me ha causado a la vez mucha alegría y mucha tristeza. Amo de tal manera la condición laical de nuestra Obra, que sentía hacerlos clérigos, con un verdadero dolor; y, por otra parte, la necesidad del sacerdocio era tan clara que tenía que ser grato a Dios Nuestro Señor que llegaran al altar esos hijos míos.
13b Mentalidad laical de los sacerdotes
A ellos les digo: amad a la Iglesia con todo el ardor de vuestra alma sacerdotal –que ya teníais antes de recibir las órdenes sagradas– y conservad intacta vuestra mentalidad laical, porque solo así será fecundo vuestro sacerdocio. Son numerosas e importantes las consecuencias prácticas que se siguen de la íntima unión –de la fusión más bien– de esos dos rasgos característicos de nuestro espíritu, que hace imposible entre nosotros cualquier manifestación de clericalismo, con todo lo que tiene de mentalidad de grupo privilegiado, exclusivista y dominador.
14a Para inculcar este espíritu –que debe mover al sacerdote a no adoptar ante los laicos una actitud personalista–, en los primeros años de labor dije, a vuestros hermanos y a los chicos a quienes dirigía espiritualmente, que no me saludaran si me encontraban por la calle o en el tranvía. Bien sabían todos –les enseñé a tener una profunda veneración a los sacerdotes y a los religiosos– que no había por mi parte desafecto. En cambio, les pedía que, al verme, me encomendaran a mi Ángel Custodio.
14b No buscar intereses personales
Hijas e hijos míos, la veneración que se debe al sacerdote procede de saber que el sacerdote solo tiene como propio el interés de la Iglesia, sin usar de su misión para conseguir mezquinos intereses personales; pues, si cayera en esta tentación, se haría un egoísta calculador y le alcanzaría aquel lamento del Apóstol: omnes enim quae sua sunt quaerunt, non quae sunt Iesu Christi44, ¡todos buscan sus intereses, y no los de Jesucristo!
15a No hacer carrera
Entre los recuerdos que me vienen ahora a la memoria con viva actualidad, hay uno de cuando era joven sacerdote. Desde entonces, he recibido con no poca frecuencia dos consejos unánimes para hacer carrera: ante todo, no trabajar, no hacer mucha labor apostólica, porque esto suscita envidias y crea enemigos; y, en segundo lugar, no escribir, porque todo lo que se escribe –aunque se escriba con precisión y con claridad– suele interpretarse mal.
15b Otro consejero añadía hace años, bromeando: se ha tenido que crear una Comisión dedicada a interpretar el Código de Derecho Canónico: y se trata de un texto legal, en el que cada palabra está rigurosamente medida y cada idea expresada con la máxima precisión. ¡Figurémonos lo que puede suceder con lo que escriba uno de nosotros!
15c Doy gracias a Dios Nuestro Señor por no haber seguido nunca estos consejos, y estoy contento porque no me hice sacerdote para hacer carrera; pero he de reconocer que, consideradas las cosas desde un punto de vista humano, los que me aconsejaban así podían tener razón.
16a Modalidades del clericalismo
El clericalismo reviste modalidades muy diversas. No consiste solo en pretender la supremacía del clero en la gobernación del Estado. Ofrece múltiples manifestaciones, y aparece siempre que se quiere hacer de la Iglesia una sociedad de clases cerradas, en la que clérigos y laicos vienen a constituir como dos mundos diferentes por completo.
16b Unas veces los seglares son tratados como inferiores, y no se les da la doctrina, que tienen derecho a recibir, no se cumple el ministerium verbi; o se les predica lo que no se vive, con el consiguiente mal de que la gente vea que saben, dicen y no hacen; lo que produce desconcierto, indignación y escándalo, según las duras palabras de San Pablo: alardean de conocer a Dios, pero con su conducta le niegan, abominables, rebeldes e incapaces de toda obra buena45.
16c Otras veces, por el contrario, los clérigos tienen ante los seglares un complejo de inferioridad, que les lleva a tratarles con una consideración que, algunos eclesiásticos constituidos en autoridad, niegan a los simples sacerdotes. Por eso, dije a vuestros hermanos que acaban de ordenarse: ahora, cuando os vean con sotana, no sintáis extrañeza si os tratan mal aquellos mismos eclesiásticos que antes tenían para vosotros –por ser laicos, con una carrera universitaria– la mayor deferencia: porque –ahora– algunos solo verán en vosotros un inferior en grado, a quien hay que tratar como un coronel trata a los soldados de tropa.
17a La mentalidad clerical se observa en aquellos que –con un atraso de siglos– pretenden conservar a toda costa situaciones personales de privilegio, so pretexto de que la Iglesia no pierda la consideración social de que gozaba en antiguas estructuras, superadas hace muchísimo tiempo. Pero en el fondo, esa mentalidad está solo animada por un deseo de supremacía, por un inmoderado afán de dominio, que manifiesta una idea muy poco evangélica del sacerdocio y de su misión de servicio.
17b Espíritu de servicio
Hay gentes que se extrañan de que el Papa –como un título de honor– se llame servus servorum Dei; hemos de pedir, al Señor, que los sacerdotes del Opus Dei sean siempre los siervos de los siervos de Dios. Que seamos humildes de veras, porque hay una forma particular de orgullo y de hipocresía, que solo es posible en el eclesiástico46 y que, a veces, llega incluso a producir odios sarracenos en el trato mutuo de los clérigos. Considerad constantemente delante de Dios que habéis recibido el sacerdocio con una exclusiva finalidad: servir a vuestros hermanos y a todas las almas.
17c No desear cargos
El Opus Dei, al daros –como a todos los socios– una formación específica sólida, larga y costosa, solo busca el mejor servicio de la Iglesia, mediante el ejercicio constante de un apostolado también específico, que se realiza en el corazón de la sociedad civil, a donde no pueden llegar ni los sacerdotes ni los religiosos. Por eso, no buscamos ni deseamos cargos eclesiásticos, ni puestos directivos en asociaciones confesionales católicas, que pueden confiarse a otros sacerdotes o a otros laicos.
17d Solo queremos servir, recordando el mandato divino: Dominum Deum tuum adorabis, et illi soli servies47 –al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás–, por lo que rechazamos la tentación de dominio, el afán de tiranía48 que por tantas partes se observa. Y os quiero decir que, para evitar en vosotros el tirano, para hacer que todos crezcan, habéis de vivir lo que decía el Bautista: Illum oportet crescere, me autem minui49, conviene que Jesús crezca y que yo disminuya.
18a Respeto a la personalidad de los demás
Pluralismo en Casa
Cada día habéis de tener más respeto a la personalidad de cada uno de vuestros hermanos; desde el primer momento ha querido el Señor –como parte principal de nuestra vocación– que tengamos el numerador distinto, bien distinto. Una gran libertad en todo lo que no es denominador común. Cuanto más varios seamos, mejor serviremos a Dios, mejor Opus Dei seremos en el mundo: en nuestra Familia la diversidad, en todas las cosas temporales y en las teológicas legítimamente opinables, es clara manifestación de buen espíritu.
18b Para hacernos presentes en todas las actividades de los hombres, para ejercer –como nos pide el Señor– la labor apostólica especialmente en la vida secular, tenemos necesidad de ver, de respetar –esto es poco–, de cultivar, la personalidad propia de cada uno de vuestros hermanos.
18c No olvidéis lo que hay en la base de toda nuestra labor: la exigencia de un trabajo –el que sea–, realizado por cada uno con la mayor perfección, con sentido sobrenatural y, siempre y en todo, con libertad y responsabilidad personal.
19a Libertad dentro del camino
Es cierto que llevamos un camino común, porque única es –os lo diré de nuevo– la vocación que todos hemos recibido al Opus Dei. Pero se puede andar por el camino de muchas maneras. Se puede andar por la derecha, por la izquierda, en zig-zag, caminando con los pies, a caballo. Hay cien mil maneras de ir por el camino divino: según las circunstancias, será obligatorio para cada uno, porque así se lo impone su conciencia, seguir uno u otro de estos procedimientos. Lo único necesario es no descaminarse.
19b Unión entre sacerdotes y seglares
Para vivir este espíritu, es preciso que mis hijos sacerdotes conserven intacta la mentalidad laical, apartando de ellos hasta la más pequeña sombra de clericalismo. Y esa mentalidad laical les llevará a ser sacerdotes cien por cien, porque creará en torno a ellos un clima de confianza entre los seglares que han de tratar, derribando las murallas que tantas veces han confinado en dos mundos distintos a clérigos y laicos.
20a Entre nosotros, hijos míos, hemos hecho imposible que se levanten esas murallas de separación, porque los miembros del Opus Dei que son llamados al sacerdocio siguen formando con los seglares, dentro de la Obra, una sola clase. Esto constituye una providencia muy particular de Dios, que debemos agradecerle desde el fondo de nuestro corazón.
20b Formación de los socios laicos
Antes de ser llamados al sacerdocio, vuestros hermanos adquirieron ya completa la formación científica necesaria para recibir las órdenes sagradas, como sus hermanos seglares, la mayor parte de los cuales conservarán de por vida la condición laical. Este hecho, que es habitual entre nosotros, hace que la condición laical deba ser considerada como un presupuesto necesario para nuestra específica formación sacerdotal, porque en ella viven los futuros sacerdotes, durante muchos años, su vocación al Opus Dei; en ella alimentan su alma sacerdotal; en ella practican una honda labor apostólica, y en ella cultivan –con el ejercicio de un trabajo profesional– aquella mentalidad propia de seglares, que han de conservar siempre intacta, para ejercitar su sacerdocio con eficacia siempre mayor.
20c En la Obra todos somos iguales
En el Opus Dei somos iguales todos, aunque tengamos para el sacerdocio la veneración que merece. Dentro de la Obra somos todos iguales, no hay categorías que distingan y separen en dos clases a los sacerdotes y a los seglares. Este rasgo maravilloso de la unidad de nuestra Familia, nos lleva a vivir la doctrina del Apóstol: multi unum corpus sumus in Christo, singuli autem alter alterius membra50; nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros.
20d No tolerar servicios innecesarios
Todos debéis serviros, hijos míos, unos a otros como pide vuestra fraternidad bien vivida, pero los sacerdotes no deben tolerar que sus hermanos laicos les presten servicios innecesarios. Los sacerdotes somos en la Obra los esclavos de los demás y, siguiendo el ejemplo del Señor –que no vino a ser servido sino a servir: non venit ministrari, sed ministrare51–, hemos de saber poner nuestros corazones en el suelo, para que los demás pisen blando. Por eso, dejaros servir sin necesidad por vuestros hermanos seglares, es algo que va contra la esencia del espíritu del Opus Dei.
21a Necesidad de sacerdotes de la Obra
Necesitamos sacerdotes con nuestro espíritu: que estén bien preparados; que sean alegres, operativos y eficaces; que tengan un ánimo deportivo ante la vida; que se sacrifiquen gustosos por sus hermanos, sin sentirse víctimas; que sepan que todos, en la Obra, los quieren con toda el alma. Hijos míos, rezad mucho para que sean muy alegres, muy santos; para que no piensen en ellos mismos y para que solo se acuerden de la gloria de Dios y del bien de los demás.
21b Es necesario que nuestros sacerdotes tengan, en su alma, una disposición fundamental: gastarse por entero en el servicio de sus hermanos, convencidos de que el ministerio al que han sido llamados, dentro del Opus Dei, es un gran honor, pero sobre todo una grave carga52; fácil, sin embargo, de llevar, si procuran estar muy unidos al Señor, porque siempre su yugo es suave y su carga ligera: iugum enim meum suave est, et onus meum leve53.
21c Servir al Señor con alegría
Algunos años suelo escribir en la primera hoja de la epacta que uso: in laetitia, nulla dies sine Cruce!, para animarme a llevar con garbo la carga del Señor, siempre con buen humor –aunque sea a contrapelo tantas veces–, siempre con alegría. Nuestra vocación nos lleva a servir a Dios con alegría: servite Domino in laetitia54, servid al Señor con alegría; gaudete in Domino semper: iterum dico, gaudete55, alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: alegraos. La alegría y, con la alegría, la paz y la serenidad han empapado siempre nuestra vida de hijos y de servidores de Dios, desde el primer momento de nuestra Obra: perder esta alegría sería una gran desgracia.
22a Pedir para que no falten sacerdotes
Rezad para que en el Opus Dei no falten los sacerdotes necesarios: que sean fieles y que tengan mucho trabajo. Rezad mucho, rezad in laetitia. Hemos de llevar a nuestra oración este deseo, y no podemos olvidar que Dios Nuestro Señor quiere que le pidamos su ayuda, para que nuestro deseo se haga realidad: petite, et dabitur vobis; quaerite, et invenietis; pulsate, et aperietur vobis56: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Y yo pido sacerdotes; llamo sacerdotes; busco sacerdotes, hechos a la medida del Corazón de Cristo, es decir, con el espíritu del Opus Dei, que sirvan gustosos a todas las almas, especialmente a sus hermanos. Nos hacen falta, porque Dios nos da muchas vocaciones.
22b Libertad para recibir el sacerdocio
Rezad también con el fin de que nadie en Casa sienta coacción de ningún género, para venir al sacerdocio; y, al mismo tiempo, para que haya siempre quienes escuchen el silbido del Pastor que les llama; una coacción divina, suave y cariñosa. Ayudadme a urgir al Señor y a su Madre Santísima, con nuestras súplicas, para que atiendan esta necesidad: quiero a todos mis hijos de igual manera, pero los sacerdotes son especialmente hijos de mi oración.
22c Que los sacerdotes de la Obra vayan a las Órdenes Sagradas con una libertad completa, aunque la vocación es pasiva; que sepan que son libérrimos, que pueden volverse atrás hasta un momento antes de recibir el subdiaconado. Si entonces alguno ve que le faltan las fuerzas y da un paso atrás, hace muy bien. A Dios Nuestro Señor no le desagrada que no seáis sacerdotes y, de otra parte, hacen falta muchos laicos, santos y doctos; y todos los Numerarios, seglares y sacerdotes, recibís la misma formación espiritual y teológica. Hace falta, sin embargo, un mínimo de sacerdotes en el Opus Dei. Por eso, todos tenemos que amar mucho al sacerdocio, y los hijos míos que vayan a ser sacerdotes, han de fomentar en su alma un deseo grande de serlo.
23a Es doloroso, pero cierto: casi todos los que salen de los conventos, lo mismo que los que abandonan el sacerdocio –algunos con muchos años de vocación– intentan justificarse, diciendo que no supieron, al entrar, lo que hacían o que los coaccionaron, y así –con coacción– recibieron el sacerdocio.
23b Vosotros, hijos míos, con una dedicación al servicio del Señor y al servicio de todas las almas en medio del mundo, muy distinta del estado religioso, al responder a una llamada particular en la Obra, para ser sacerdotes –seréis siempre muy pocos, en comparación con el número de los laicos–, lo haréis con plenísima libertad personal y con perfecto conocimiento de lo que esa llamada específica lleva consigo: nadie podrá nunca alegar ni ignorancia de los deberes que adquiere, ni falta de independencia para decidir.
24a Los sacerdotes sirven a las dos Secciones
Nuestros sacerdotes reciben las dimisorias para servir con su ministerio –principalmente, aunque no exclusivamente– a sus hermanos de las dos Secciones del Opus Dei. Aun siendo pocos en número, informan con su buen espíritu a todos los miembros de la Obra, que tienen alma sacerdotal y mentalidad laical. Es preciso que no falte la sal del sacerdocio.
24b El muro sacramental
¿Es más sal el sacerdote que el laico? Pues, os diré: como miembros del Opus Dei, la misma gracia, la misma sal; pero el seglar no puede administrar sacramentos… Y, cuando llega el muro sacramental, se necesita el sacerdote. Porque es triste ver cómo algunas gentes, en ocasiones, se llevan los peces, y los vuelven a tirar al mar, oprimidos, maltratados.
25a Predicar y confesar, pasiones del sacerdote
Los sacerdotes colaboran en la dirección espiritual de todos sus hermanos y en el crecimiento de los apostolados de la Obra, especialmente por la predicación constante de la palabra de Dios y dedicando muchas horas a la administración del sacramento de la penitencia. Por la predicación de la palabra divina, porque no basta, hijos míos, el testimonio; hace falta enseñar a las almas la buena doctrina: fides ex auditu, auditus autem per verbum Christi57, porque la fe es por la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo. Y con este ministerium verbi58, el asiduo ejercicio de ese poder, que solo al sacerdote se le ha confiado, de atar y desatar en el tribunal de la penitencia.
25b Si la pasión dominante de todos los socios de la Obra ha de ser el afán de dar doctrina –porque a eso se reducen, a dar doctrina, todos nuestros apostolados, a pesar de las mil formas que pueden revestir–, la pasión dominante de los sacerdotes del Opus Dei ha de ser predicar y confesar. Ese es su ministerio, esa su función específica, esa la razón de su sacerdocio.
25c Preocuparse de la santidad de sus hermanos
En el ejercicio de ese ministerio –ministerium verbi et sacramentorum– es donde han de mostrarse ministros de Dios y siervos de todas las almas, especialmente de las de sus hermanos, de las dos Secciones. Siervos, digo, porque, con olvido de sí mismos, han de preocuparse primordialmente –subordinando a esto todo lo demás, por importante que pueda parecerles– de la santidad de sus hermanos y de cooperar activamente con ellos, en todos los apostolados propios de nuestro espíritu.
26a Servir al apostolado de la Obra
Sepan nuestros sacerdotes que la fecundidad de su labor se mide por la eficacia que contribuyan a dar al trabajo apostólico de los demás y –antes, por ser condición indispensable– a la vida espiritual de sus hermanos.
26b Con este servicio preferente a sus hermanos –que han de cargarles con abundancia de labor– y amando el carácter laical de nuestras actividades apostólicas, servirán a la Iglesia como ella nos pide que la sirvamos, de acuerdo con la vocación específica que hemos recibido.
26c Y agradarán al Señor, porque harán suyas aquellas palabras de la Escritura: non enim iniustus Deus, ut obliviscatur operis vestri, et dilectionis, quam ostendistis in nomine ipsius, qui ministrastis sanctis et ministratis59, que no es Dios injusto para que se olvide de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y perseverado en servirles.
27a Orden necesario en las actividades sacerdotales
Para realizar el servicio que el Señor les pide, nuestros sacerdotes han de tener en la conciencia un principio de claridad, que les llevará a apartar de su vida, como inconveniente, todo cuanto pueda separarles de este objetivo fundamental: darse de lleno al servicio de sus hermanos y a las actividades específicamente sacerdotales. Para esto, necesitan poner orden también en estas actividades.
27b Un sacerdote no puede pensar que está cumpliendo con su deber si no tiene muchas horas de confesonario al día, si no encuentra tiempo para repasar sus estudios eclesiásticos, si no puede preparar bien sus meditaciones, si no predica a sus hermanos con la debida frecuencia, si no puede atenderlos con regularidad y sin precipitación.
27c Para que nuestro celo sea caridad de Cristo, necesita ser ordenado. Primero vuestros hermanos, los hijos míos, los que forman parte de nuestra familia sobrenatural. Ese es el deber fundamental de cada uno de mis hijos, y muy particularmente el deber de los Directores y de los sacerdotes. Y la primera manifestación de nuestro celo es hacer amable, a los demás, el camino de la santidad.
28a Eficacia apostólica de ese modo de obrar
Después, los sacerdotes han de colaborar en el trabajo apostólico de sus hermanos laicos, que sin su ayuda quedaría incompleto, quedaría manco. Y solamente cuando hayan cubierto este campo de labor –otra cosa no sería grata a Dios–, podrán nuestros sacerdotes dirigir su celo hacia otras almas. Si viven fielmente esta dedicación abnegada a su ministerio sacerdotal, verán aumentar su eficacia apostólica –aparentemente reprimida– y serán apoyo y savia de la labor de sus hermanos seglares, en quienes fomentarán un sano anticlericalismo: los laicos del Opus Dei no se forman para sacristanes, sino que –dentro de la máxima fidelidad a la Santa Iglesia y al Papa– proceden por su cuenta, con libertad y responsabilidad personal.
28b Además, en el horizonte de nuestro trabajo, tenemos siempre presente a toda la humanidad. Somos para la muchedumbre, y no hay alma a la que no amemos, a la que no queramos ayudar, haciéndonos todo para todos60. Por eso nuestro espíritu nos lleva también, sin inconveniente siempre que sea posible, a que nuestros sacerdotes dirijan otras asociaciones de fieles recomendadas por los Rvdmos. Ordinarios, o ejerciten en ellas su ministerio.
29a Mantener viva la ilusión profesional
Si para todos los socios de la Obra la vocación profesional es parte importante de su vocación divina, también lo es para nuestros sacerdotes. Por eso, todos deberán mantener viva, después de recibir las Órdenes Sagradas, su ilusión profesional e, incluso, no hay inconveniente en que –siendo siempre íntegramente sacerdotales– sigan ejerciendo la profesión secular que antes tenían, en la medida que lo permita su ministerio sacerdotal.
29b Una parte de la dedicación que, al recibir las órdenes sagradas, Dios pide a nuestros sacerdotes es la renuncia a su trabajo profesional si fuese incompatible con el cumplimiento de su ministerio, y siempre –en todo caso– la reducción de su vida social, para darse de lleno, como antes dije, al servicio de sus hermanos y a las actividades específicamente sacerdotales.
29c Moderación en las relaciones sociales
Han de vivir con especial moderación todo lo que se refiere a las relaciones sociales, con una prudencia exigida por la dignidad sacerdotal, que en nada desdice del carácter plenamente secular de nuestra vocación. Ni siquiera por motivos apostólicos, deben visitar familias, ni estar en relación con ambientes, que puedan dar lugar a murmuraciones, confusiones o interpretaciones dudosas. De ordinario, muy pocas veces aceptarán invitaciones a comidas61, aunque estén de viaje, fuera de su residencia habitual. Y en particular, al atender espiritualmente a mujeres, nuestros sacerdotes –sin rarezas ni brusquedades– han de distinguirse, más que por su amabilidad, por su estricta corrección y siempre por su sentido sobrenatural.
30a No exponer opiniones políticas
También forma parte de la dedicación que Dios pide a los hijos míos que reciben las Órdenes Sagradas abstenerse siempre de exponer ninguna opinión personal, acerca de cuestiones políticas de actualidad de su propia nación o de la nación en que realizan su trabajo.
30b Prescindimos los sacerdotes voluntariamente de intervenir en estos asuntos, porque queremos estar lejos de todos los negocios temporales y, con esta independencia, encontrarnos mejor dispuestos para servir a todas las almas: muy de corazón y con igualdad de ánimo, consideramos dignas del máximo respeto cuantas opiniones pueden los católicos mantener legítimamente; es más, por lo que a las personas se refiere, estamos dispuestos a comprender con el mismo amor a todos los hombres, aunque algunos estén en el error62.
30c Si mis hijos sacerdotes manifestasen su parecer personal sobre esas materias, podría ocurrir tal vez que algunos, poco formados religiosamente, tuviesen dificultad para acercarse a ellos, por el temor de ser recibidos con menor afecto y simpatía.
30d Defender la libertad personal y dar doctrina
Pero los sacerdotes pueden y deben, con la necesaria prudencia, defender la libertad personal de todos los hombres, porque la libertad personal no es patrimonio de la política, sino de la doctrina católica. Igualmente deben hacer notar los errores doctrinales del comunismo y de las otras doctrinas que la Iglesia condena, procurando advertir que no somos nosotros, sino el Magisterio de la Iglesia, quien rechaza esos errores.
31a Corazón abierto, sin discriminaciones
Hijos míos sacerdotes, para cumplir por entero, con fidelidad, los deberes de vuestro ministerio, necesitáis un corazón grande, universal, capaz de comprender las miserias ajenas y las propias.
31b Servid al Señor en espíritu y en verdad63; que vuestra caridad sea sincera64, sin excluir a nadie, de modo que, al acogerlos a todos, seáis cooperadores de la verdad65 y podáis así repetir las palabras del Apóstol: testis enim mihi est Deus, quomodo cupiam omnes vos in visceribus Iesu Christi66, testigo me es Dios de cuánto os amo a todos, en las entrañas de Cristo Jesús: porque, con el espíritu del Opus Dei, habéis recibido un gran amor a la libertad y, como consecuencia, una comprensión sin límites hacia todos los hombres.
31c Diálogo con Dios y con los hombres
Hijos míos, esa es la vida nuestra: amar, decir de verdad con las obras: caritas mea cum omnibus vobis!67, mi cariño para todas las almas. Este modo de proceder nos hará contemplativos, en un constante diálogo con Dios, que necesariamente ha de traducirse en diálogo con todos los hombres; nos hará tener el corazón grande y sentir y vivir aquel venite ad me omnes, qui laboratis, et onerati estis, et ego reficiam vos68: venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré.
32a Caridad y fraternidad
Vivid siempre la caridad, que es el vínculo de la perfección69, pero ante todo con vuestros hermanos, a quienes habéis de servir con preferencia. Si no lo hicierais así, vuestra caridad no sería ordenada, no sería caridad de Cristo, no tendríais el buen espíritu que enseña San Pablo: dum tempus habemus, operemur bonum ad omnes, maxime autem ad domesticos fidei70, mientras hay tiempo, hagamos bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe. Por eso, misión principalísima de los sacerdotes y de los Directores es ser, dentro de la Obra, espléndidos instrumentos de unidad.
32b Sin intromisiones
Para promover la unidad –que es garantía de eficacia– lo primero que hemos de exigir es que haya orden. Cada uno en su sitio, sin intromisiones, cada uno responsable de su propia actuación: los sacerdotes ocuparán su puesto, si se dedican a su ministerio, sin interferir para nada en el campo que es propio de los seglares, porque deben respetar la libertad de que gozamos todos los hijos de Dios en su Obra. Solo así lograrán hacerse querer de sus hermanos. Y velarán al mismo tiempo con todas sus fuerzas para que jamás se formen grupos o capillitas en torno a ellos.
32c Instrumentos de unidad
Si mis hijos sacerdotes cumplen con su deber –si ponen el corazón en el suelo, os diré de nuevo, para que los demás pisen blando–, serán eficaces instrumentos de unidad, porque sabrán decir con el ejemplo, a sus hermanos, que tienen que vivir la caridad de Jesucristo, que es siempre también un limpio y sacrificado cariño humano: ninguno podrá decir extraneus factus sum fratribus meis71. Sabrán inculcar, en todos, que tenemos que ayudarnos mutuamente a ser mejores, viviendo con obras la caridad, según el consejo del Apóstol San Juan: non diligamus verbo, neque lingua, sed opere et veritate72. Aprenderemos todos que los errores personales no son un obstáculo, si hay buena voluntad de nuestra parte: porque tendremos la fortaleza de Dios, quia tu es, Deus, fortitudo mea73. Y tendremos también la fortaleza de la debilidad maravillosamente fuerte de vuestros hermanos limpios, trabajadores, dedicados por entero a Dios. Así seremos fuertes todos, si vivimos el alter alterius onera portate74, llevad los unos la carga de los otros, para cumplir la ley de Cristo.
32d Saber ser los últimos
Pedid al Señor Dios Nuestro, hijos míos sacerdotes, que os enseñe a tratar a vuestros hermanos de tal modo que seáis vosotros los últimos, y ellos los primeros; que seáis vosotros la luz que se consume, la sal que se gasta; que gustosamente os fastidiéis vosotros, para que los demás sean felices: este es el gran secreto de nuestra vida y la eficacia de nuestro apostolado, así demostraremos la caridad –in hoc cognovimus caritatem Dei–, porque si el Señor dio la vida por nosotros, nosotros también debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos, quoniam ille animam suam pro nobis posuit, et nos debemus pro fratribus animas ponere75.
33a Predicación, con doctrina
Deseo, hijos míos sacerdotes, haceros alguna indicación para que viváis –según nuestro espíritu– esas pasiones dominantes vuestras: predicar y dirigir a las almas. La predicación, para ser eficaz, exige doctrina; una doctrina que incorporamos a nuestra vida, y que hemos de dar a los demás en cada caso de una manera acomodada a su mentalidad. Es necesario que los sacerdotes del Opus Dei amemos el estudio, y que dediquemos todos los días un rato a mejorar el conocimiento de la ciencia sagrada.
33b Cuando un sacerdote dirige la meditación, ha de tener presente en primer lugar que está haciendo su oración personal, que el sacerdote cristaliza la oración de todos, ayudando a los demás a que personalmente la hagan, también, sin ruido de palabras: la meditación ha de provocar afectos, ha de mover al diálogo con Dios; y debe distinguirse –por la forma y por el contenido– de una plática o una charla, en la que se expone fría y metódicamente la doctrina segura sobre algún punto determinado.
33c Preparar la meditación en la presencia de Dios
Manifestación filial de devoción mariana
Por eso, conviene muchas veces que el sacerdote considere antes –en la oración– el tema sobre el que debe predicar, de modo que la meditación esté llena de sentido positivo, que anime y empuje a la lucha, que sea concreta, que se evite la exposición de ideas demasiado generales. De este modo se logrará hacer realidad aquel deseo de San Jerónimo: que concuerden la mente y la boca del sacerdote de Cristo76. Antes de terminar la meditación, es ya tradicional que tengamos un coloquio encendido, lleno de confianza filial, con nuestra Madre Santísima, poniendo en sus manos el fruto y las resoluciones concretas de ese rato de oración: que nunca falte en nuestra boca una manifestación filial de nuestra devoción mariana.
34a Medios auxiliares
Los sacerdotes debemos poner todos los medios oportunos, para incrementar y renovar el necesario material científico de predicación, orientando las lecturas con espíritu sacerdotal: puesto que nuestra predicación ha de ser viva y llena de contenido teológico. El fichero se debe preparar con tiempo, con hondura y estudio, evitando en absoluto la improvisación, o usar –sin elaborarlos de nuevo– los apuntes preparados para predicaciones anteriores.
34b Hablar con naturalidad y sencillez
Esforcémonos por exponer las ideas con naturalidad y sencillez, usando, como es lógico, para dirigirnos a los que nos escuchan, las expresiones apropiadas a cada tipo de personas. Es esta otra manifestación más del don de lenguas, que siempre pido para todos mis hijos.
34c Basarse en el Evangelio
Proponed con frecuencia la vida y la doctrina del Señor, de forma que el Santo Evangelio y, en general, la Sagrada Escritura den la mayor parte de las veces la trama sobre la que se construye la meditación, o la plática, teniendo presentes aquellas palabras de San Pablo: toda la Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para convencer, para corregir, para formar en la justicia a fin de que el hombre de Dios alcance la perfección y se prepare para toda obra buena77.
34d Acudir a la liturgia
No olvidéis que, al predicar, hemos de acudir asiduamente a la fuente viva de la liturgia de la Iglesia: al misal, al breviario; e intercalar alguna anécdota o comparación –parábolas, como hacía el Señor–, que sirva para ilustrar y hacer más comprensibles las ideas. Siempre y en todo, dad el espíritu de la Obra, que hemos recibido del Señor y en el que os habéis formado. Os diré lo que decía San Pablo a Timoteo: persevera en aquello que aprendiste y se te ha confiado, con viva conciencia de quien lo has aprendido78.
35a Dirección espiritual y respeto a la libertad
Una de las características más acusadas del espíritu del Opus Dei es el gran amor a la libertad personal, que debéis vivir profundamente en vuestra labor de dirigir a las almas. Enseñad a respetar –como nosotros hacemos siempre– la libertad de las conciencias de los fieles en general: para que acudan a los sacerdotes que quieran, en busca de dirección, y para que participen de los medios de formación cristiana donde libremente deseen.
35b Es distinta la dirección espiritual de una simple asociación de fieles, que se encomienda a un asistente eclesiástico o a un capellán –no hablo, por tanto, de los socios de la Obra–, de la dirección espiritual personal de los miembros de esa asociación o de esa capellanía: es contrario a la libertad de las conciencias pretender imponer, a cada uno de los asociados, un determinado director espiritual.
36a No imponer deberes que la Iglesia no impone
Recomendamos a los católicos las prácticas de piedad que parecen convenientes a las necesidades de su alma –la confesión semanal o la comunión frecuente–, para que las adopten si lo desean. Pero no las imponemos, porque no tenemos derecho.
36b No podemos imponer como un deber, a las personas que se acercan a nuestra labor, obligaciones que la Iglesia no impone: por ejemplo, hacer un retiro espiritual todos los años, y, menos aún, con un método determinado; o recibir los Sacramentos con más frecuencia de lo que manda la Iglesia; o tener dirección espiritual.
36c Simplificar las almas
No se imparte dirección espiritual por carta
Tened en cuenta también, en vuestra labor de dirección espiritual, que el espíritu de la Obra lleva siempre a simplificar las almas, a hacerlas más sencillas, a meterlas con intensidad en la vida interior. No olvidéis que, como se ha vivido siempre en Casa, los sacerdotes no escriben cartas a mujeres –ni con motivo de dirección espiritual–, si no se trata de la madre o de una persona de la familia. Y en general, tampoco se imparte dirección espiritual a nadie por carta. Quizá alguna vez, por excepción, se pueda hacer una nota a máquina y sin firma.
36d No hacer labor personal
Sed prudentes, hijos míos: facilitad a las personas que se ausentan, la dirección de otro sacerdote que podrá atenderlas sin papeleos, que solo sirven ordinariamente para crear amistades y peligros, en lugar de hacer el bien que se pretende con esa especie de exclusivismo seudoespiritual.
37a Ser instrumentos buenos y fieles
Pedid al Señor conmigo, hijas e hijos queridísimos, que, a todos, por los méritos de su Madre que es Madre nuestra, nos haga instrumentos buenos y fieles, teniendo siempre alma verdaderamente sacerdotal y mentalidad plenamente laical, para que consummati in unum79, haya en nosotros una sola alma y un solo corazón80: una gran clemencia con todas las almas, según aquello que se lee en el Eclesiástico: una gran compasión de caridad con nuestros prójimos, porque Dios tiene misericordia con toda la humanidad; y el que tiene misericordia, enseña y amaestra como el pastor a su grey81.
37b Pido al Señor para vosotros y para mí que nos dé un mismo sentir en Cristo Jesús, para que unánimes, a una sola voz, glorifiquemos a Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo82.
37c Cariñosamente os bendice en el Señor vuestro Padre.
37d Madrid, 2 de febrero de 1945
Notas
1 Sed estis cives sanctorum, et domestici Dei (Ef 2, 19).
2 Ne 9, 20.
3 Si 50, 9.
4 S. Gregorius Nazianzenus, Orationes, 2, 91.
5 Haec cum audisset quidam de simul discumbentibus, dixit illi: beatus, qui manducabit panem in regno Dei (Lc 14, 15).
6 Lc 14, 10.
7 … minime vero neglegas, quod tuae dignitatis sit, ad quam fac respicias, antequam dicas aut agas (S. Gregorius Nazianzenus, Epistulae, 244).
8 Imitatores mei estote, sicut et ego Christi (1Co 4, 16 y 11, 1). Christianus est, qui pro sua virili Christum verbis et factis imitando sequitur, totaque mente in sanctissimam divinitatis Trinitatem recta fide, sine errore et vitio fertur (S. Ioannes Climacus, Scala paradisi, 1).
9 Mt 22, 4.
10 Mt 22, 5.
11 Templum enim Dei sanctum est, quod estis vos (1Co 3, 17). Verum Christi templum anima credentis est… Esse christianum grande est, non videri (S. Hieronymus, Epistulae, 58, 7).
12 Si quis diligit me, sermonem meum servabit, … et mansionem apud eum faciemus (Jn 14, 23).
13 Mt 11, 12.
14 2Cro 19, 7.
15 Ef 1, 4.
16 1Ts 4, 3.
17 1Ts 4, 7.
18 Mt 5, 48.
19 Conformes fieri imaginis Filii sui, ut sit ipse primogenitus in multis fratribus (Rm 8, 29).
20 Quotquot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios Dei fieri, his, qui credunt in nomine eius (Jn 1, 12).
21 Hoc enim sentite in vobis, quod et in Christo Iesu (Flp 2, 5).
22 Finis enim legis, Christus, ad iustitiam omni credenti (Rm 10, 4). …ut exhibeamus omnem hominem perfectum in Christo Iesu (Col 1, 28).
23 Filioli mei, quos iterum parturio, donec formetur Christus in vobis (Ga 4, 19).
24 Quicumque enim in Christo baptizati estis, Christum induistis (Ga 3, 27).
25 Ga 2, 20.
26 Ut in omnibus honorificetur Deus per Iesum Christum (1P 4, 11).
27 Vocati estis in uno corpore (Col 3, 15).
28 2Co 2, 15.
29 Vos vero (in baptismate) unguento uncti estis, Christi participes et consortes effecti (S. Cyrillus Hierosolymitanus, Catecheses, 21, 2).
30 Sinite parvulos, et nolite eos prohibere ad me venire: talium est enim regnum caelorum (Mt 19, 14).
31 Jn 14, 15.
32 Non omnis, qui dicit mihi, Domine, Domine, intrabit in regnum caelorum: sed qui facit voluntatem Patris mei (Mt 7, 21).
33 Ef 5, 1.
34 Dicemus quod christianismus sit imitatio divinae naturae (S. Gregorius Nyssenus, De professione christiana) 34.
35 Sancti estote, quia ego sanctus sum (Lv 11, 44). Nemo bonus, nisi unus Deus (Mc 10, 18).
36 Qui est imago Dei invisibilis (Col 1, 15).
37 Vos autem genus electum, regale sacerdotium, gens sancta, populus acquisitionis (1P 2, 9).
38 …in simplicitate cordis mei laetus obtuli universa (1Cro 29, 17). Abominabile Domino cor pravum, et voluntas eius in iis qui simpliciter ambulant (Pr 11, 20).
39 Existimo enim quod non sunt condignae passiones huius temporis ad futuram gloriam, quae revelabitur in nobis (Rm 8, 18).
40 Unus et mediator Dei et hominum (1Tm 2, 5).
41 Simile est regnum caelorum fermento (Mt 13, 33).
42 Nescitis quia modicum fermentum totam massam corrumpit? (1Co 5, 6).
43 Jn 7, 10.
44 Flp 2, 21.
45 Confitentur se nosse Deum, factis autem negant: cum sint abominati, et incredibiles, et ad omne opus bonum reprobi (Tt 1, 16).
46 Examinad diligentemente –decía San Pío X a los Obispos y a los Rectores de Seminarios– a los alumnos del sagrado clero, y si hallareis alguno de espíritu soberbio, alejadlo con la mayor energía del sacerdocio, lo cual ¡ojalá se hubiese hecho siempre con la vigilancia y constancia que era menester!; alumnos sacri cleri scrutemini diligentissime; et si quos superbo ingenio repereritis, eos fortissime a sacerdotio repellatis. Quod utinam peractum semper fuisset ea qua opus erat vigilantia et constantia! (Pius X, enc. Pascendi dominici gregis, 8-IX-1907: Pii X Pont. Max. Acta IV (1914) p. 97. Romae) 46.
47 Mt 4, 10.
48 Cfr. Mt 20, 25-27: scitis quia principes gentium dominantur eorum: et qui maiores sunt, potestatem exercent in eos. Non ita erit inter vos: sed quicumque voluerit inter vos maior fieri, sit vester minister: et qui voluerit inter vos primus esse, erit vester servus.
49 Jn 3, 30.
50 Rm 12, 5.
51 Mt 20, 28.
52 Grave namque est pondus sacerdotii (S. Gregorius Magnus, Epistulae, L. 2, ep. 47). Igitur clericatum non honorem intellegens, sed onus (S. Hieronymus, Epistulae, 60, 10).
53 Mt 11, 30.
54 Sal 100, 2 54.
55 Flp 4, 4.
56 Mt 7, 7; Lc 11, 9 56.
57 Rm 10, 17.
58 Cfr. Hch 6, 4.
59 Hb 6, 10.
60 Factus sum infirmis infirmus, ut infirmos lucrifacerem. Omnibus omnia factus sum, ut omnes facerem salvos (1Co 9, 22).
61 Facile contemnitur clericus, qui saepe vocatus ad prandium, non recusat (S. Hieronymus, Epistulae, 52, 15) 61.
62 El sacerdote, levantado sobre los demás hombres para cumplir con el oficio que recibe de Dios, ha de conservarse igualmente por encima de todos los humanos intereses, de todos los conflictos… Obrando así, no se halla sujeto a ninguna oposición, no se muestra hombre de partido… Il sacerdote, elevato sopra gli altri uomini per compiere la missione che tiene da Dio, deve mantenersi egualmente al di sopra di tutti gli umani interessi, di tutti i conflitti… Così operando, egli non va soggetto ad alcuna opposizione, non apparisce uomo di parte… (S. Pius X, enc. Il fermo proposito, 11-VI-1905: Pii X Pont. Max. Acta II (1907) pp. 129-130. Romae) 62.
63 Dicit ei Iesus: mulier, crede mihi, quia venit hora, quando neque in monte hoc, neque in Ierosolymis adorabitis Patrem (Jn 4, 21). | En realidad, la referencia correcta sería Jn 4,23, donde Jesús habla de adorar en espíritu y verdad, pues este es el motivo de la presente cita, como hemos corregido en el texto editado.
64 Dilectio sine simulatione (Rm 12, 9).
65 Nos ergo debemus suscipere huiusmodi, ut cooperatores simus veritatis (III Ioann. 8).
66 Flp 1, 8.
67 1Co 16, 24.
68 Mt 11, 28.
69 Super omnia autem haec, caritatem habete, quod est vinculum perfectionis: et pax Christi exsultet in cordibus vestris, in qua et vocati estis in uno corpore: et grati estote (Col 3, 14 y 15).
70 Ga 6, 10.
71 Sal 69, 9 71.
72 1Jn 3, 18.
73 Sal 43, 2.
74 Ga 6, 2.
75 1Jn 3, 16.
76 Sacerdotis Christimens osque concordent (S. Hieronymus, Epistulae, 52, 7) 76.
77 Omnis scriptura divinitus inspirata utilis est ad docendum, ad arguendum, ad corripiendum, ad erudiendum in iustitia: ut perfectus sit homo Dei, ad omne opus bonum instructus (2Tm 3, 16 y 17).
78 Tu vero permane in iis, quae didicisti, et credita sunt tibi: sciens a quo didiceris (2Tm 3, 14).
79 Jn 17, 23.
80 Multitudinis autem credentium erat cor unum, et anima una (Hch 4, 32).
81 Miseratio hominis circa proximum suum: misericordia autem Dei super omnem carnem. Qui misericordiam habet, docet et erudit quasi pastor gregem suum (Si 18, 12 y 13).
82 …idipsum sapere in alterutrum secundum Iesum Christum: ut unanimes, uno ore honorificetis Deum, et patrem Domini nostri Iesu Christi (Rm 15, 5 y 6).
Aparato crítico
1b esfera de la Iglesia m10[2],1 f10,1 i9,3 ] esfera eclesial v10,29
2b «la primera ordenación»: tuvo lugar el 25 de junio de 1944, de manos de mons. Eijo y Garay. Los nuevos sacerdotes fueron el beato Álvaro del Portillo, José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica. Cfr. Historia del Opus Dei, pp. 128-129.
3b un doctorado eclesiástico ] otro doctorado eclesiástico f10,2 | además un doctorado eclesiástico v10,31 | otro doctorado eclesiástico m10[1],3 f10,2 i9,3 | La versión f10 elimina el «además» que resulta algo redundante, en cambio no incorpora (como sucede a menudo) la mejora aportada por v10, que sustituía «otro» por «un». Para entender el sentido de esta mejora hay que saber que a los sacerdotes san Josemaría les pedía una carrera universitaria civil (sin necesidad de obtener el doctorado) y un doctorado eclesiástico. Por esa razón queda mejor «un» doctorado frente a «otro» doctorado que haría pensar en un segundo título de este tipo. Por lo tanto, preferimos una lección que combina estas dos mejoras.
6d A todos nos pide Dios m10[2],6 f10,5 i10,7 ] A todos Dios nos pide v10,34
12a sacerdotal–, m10[2],12 f10,9 i10,12 ] sacerdotal– v10,40
12b que, para ser eficaz, v10,41 ] que, para que sea eficaz, m10[1],13 f10,9 i10,12
14a personalista–, m10[2],14 f10,10 i10,13 ] personalista– v10,42
15a Desde entonces, m10[1],15 v10,43 i10,14 ] Desde entonces f10,11 ! No seguimos la versión de f10 porque la frase es más correcta con la coma, presente en las demás versiones.
16b y escándalo, m10[1],16 v10,44 i10,15 ] y escándalo f10,11
17a antiguas estructuras, v10,45 ] antiguas situaciones, m10[1],17 f10,12 i10,15 | En m10 «situaciones» aparece añadido a mano por san Josemaría, tachando una palabra difícilmente reconocible, tal vez «tradiciones», pero no «estructuras». De ahí que esta corrección pertenezca probablemente a la fase m10[1] y sea anterior a v10, que propone «estructuras», mejorando así el texto, ya que se evita repetir la palabra «situaciones», que se encuentra dos líneas antes.
18b –esto es v10,47 f10,12 i10,17 ] –estos es m10[1],19
18c que sea–, m10[2],19 f10,14 i10,17 ] que sea– v10,47
19a Pero se puede andar por el camino m10[2],20 f10,14 i10,17 ] Pero por el camino se puede andar v10,48
20c somos un solo cuerpo v10,48 ] somos sólo un cuerpo m10[1],22 f10,15 i10,19
21a para que no piensen en ellos mismos y para que solo m10[2],22 f10,16 i10,19 ] que no piensen en ellos mismos y que solo v10,50
21b de llevar, f10,16 i10,20 ] de llevar m10[1],23 i10,20
21c Algunos años m10[3],23 i10[2],20 ] Todos los años f10,16 v10,51 i10,20 ! En i10[2], aparece una corrección en bolígrafo rojo, con letra del beato Álvaro del Portillo, para adaptarla a la versión de m10[3].
22c «todos los Numerarios»: en la época solo había sacerdotes Numerarios. Desde 1982, también hay Agregados que acceden al presbiterado. Cfr. Historia del Opus Dei, p. 460. | faltan las fuerzas v10,52 i10,21 ] faltan fuerzas m10[1],25 f10,17
24a «dimisorias»: por medio de las cartas dimisorias se solicita a un obispo que ordene a un candidato que no es súbdito suyo, garantizando su idoneidad. Cfr. CIC, cc. 1015-1023.
24b Y, cuando m10[1],26 v10,52 i10,22 ] Y cuando f10,18
25b «dar doctrina»: san Josemaría afirma aquí que los diversos apostolados que promueven los miembros del Opus Dei se reducen a «dar doctrina», concepto que poco tiene que ver con el adoctrinamiento o con un limitarse a proporcionar instrucción catequética. Como explica en otros lugares, se trata de transmitir el mensaje salvador de Jesucristo, llevándolo a los demás con la amistad y la confidencia, en un clima de escucha y comprensión, aprovechando las circunstancias normales de la vida y especialmente del trabajo profesional. Cfr. Carta, nn.º 3 y 4, OC,II/1, pp. 161-285.
27c hacer amable, a los demás, el camino de la santidad. m10[1],29 v10,56 i10,24 ] hacer amable, a los demás, el camino de santidad. f10,21
28a «sano anticlericalismo»: como explica en esta y en otras Cartas, se trata de un anticlericalismo sano y santo, que no va contra la Iglesia o el clero en general, sino contra el clericalismo, entendido como la tendencia a usar y abusar de la Iglesia en favor de los propios intereses materiales. | grata a Dios–, m10[2],29 f10,21 i10,24 ] grata a Dios– v10,56
29c en particular, m10[2],31 f10,22 i10,26 ] en particular v10,58 || brusquedades– v10,58 ] brusquedades–, m10[1],31 f10,22 i10,26
30d «errores doctrinales del comunismo»: fue Pío XI (papa entre 1922 y 1939) quien condenó el comunismo (enc. Divini Redemptoris, 19 de marzo de 1937), aunque ya Pío IX y León XIII se habían pronunciado en contra. Como otras que han realizado los pontífices, no se trataba de condenas políticas, sino doctrinales, y por ese motivo las rechaza también san Josemaría. En todo lo demás, Escrivá afirma con fuerza la libertad del cristiano en cuanto a las opciones políticas, y llama a los sacerdotes del Opus Dei a defender esa legítima libertad, sin clericalismos ni falsos dogmas en cuestiones opinables.
31a por entero, v10,59 f10,23 i10,27 ] por entero m10[1],33
32b «capillitas»: grupos de gente muy adicta a una persona o a un ideal. Sobre esta problemática, de la que san Josemaría ponía en guardia ya desde los años treinta, ver el comentario al n.º 963 de Camino, OC,I/1. | intromisiones, cada v10,61 ] intromisiones, y cada m10[1],34 f10,24 i10,28 || su propia actuación: v10,61] sus propias actuaciones: m10[1],34 f10,24 i10,28 || ministerio, sin m10[2],34 f10,24 i10,28 ] ministerio sin v10,61
32c cumplen con su deber v10,62 f10,24 i10,29 ] cumplen su deber m10[1],35 || blando–, m10[2],35 f10,24 i10,29 ] blando– v10,62 || vuestros hermanos v10,62 ] nuestros hermanos m10[1],35 f10,24 i10,29
33a el estudio, m10[2],36 f10,26 i10,30 ] el estudio v10,63
33b hagan, también, m10[2],37 f10,26 i10,30 ] hagan también v10,63
34a predicación, orientando m10[2],38 f10,26 i10,31 ] predicación orientando v10,64 || –sin elaborarlos de nuevo– m10[2],38 f10,27 i10,31 ] sin elaborarlos de nuevo v10,64
34b dirigirnos a los que nos escuchan, v10,65 ] dirigiros a los que os escuchan, m10[1],38 f10,27 i10,31
34d Señor–, que sirva m10[2],39 f10,27 i10,31 ] Señor– que sirvan v10,65
36b menos aún, f10,28 i10,32 ] menos aun, m10[1],40 v10,67
36c «no escriben cartas a mujeres»: el Fundador estableció esta regla peculiar para los sacerdotes de la Obra, en su deseo de extremar la prudencia, la delicadeza con las personas y el respeto de su privacidad. Hoy día las modalidades de comunicación moderna y las mismas actividades profesionales de algunos sacerdotes crean otras tesituras que pueden ser discernidas con este mismo espíritu.
37d febrero de 1945 v10,68 f10,29 i10,32 ] febrero 1945 m10[1],42
nt34 Dicemus quod christianismus sit imitatioi10,10 | Dicemus quod christianismus sit imitatio v10,38 f10,(3) ] Christianismus est imitatiom10[1],45 | Confirma esta lección PG 46, 243.
nt46 Examinad diligentemente –decía San Pío X a los Obispos y a los Rectores de Seminarios– i10,16 | Examinad diligentemente –decía San Pío X a los Obispos y a los Rectores de Seminarios– f10,(3) ] Examinad diligentemente –decía San Pío X a los Obispos y a los Rectores de Seminarios– m10[1],46 | Decía Pío X a los Obispos y a los Rectores de Seminarios: Examinad diligentemente v10,45 || et si quos v10,45 i10,16 | et si quos f10,(3) ] y si quos m10[1],47 || 8-IX-1907 i10,16 f10,(4) | 8-IX-1907 v10,45 ] 7-IX-1907 m10[1],47 || p. 97. Romae). v10,45 ] p. 97). m10[1],47 f10,(4) i10,16
nt54 Ps. XCIX, 2. ] Ps. IC, 2. i10,20 | Ps. IC, 2. f10,(4) | Ps. XCIV, 2. v10,51 | Ps. C, 2. m10[1],48
nt56 Luc. XI, 9 | Luc. XI, 9. m10[1],48 | Luc. XI, 9. v10,51 ] Cfr. Luc. XI, 9. i10,20 | Cfr. Luc. XI, 9. f10,(4)
nt61 prandium, non recusati10,26 | prandium, non recusatm10[1],48 | prandium, non recusat f10,(4) ] prandium ire non recusat v10,58 PL 32,539 | Seguimos en este caso la versión de CSEL 54,439, mientras que v10 recoge la versión de PL 32,539.
nt62 11-VI-1905: v10,59 f10,(5) i10,26 ] 12-VI-1905: m10[1],49 || pp. 129-130. Romae). v10,59 ] pp. 129-130). m10[1],49 f10,(5) i10,26
nt71 Ps. LXVIII, 9. i10,29 | Ps. LXVIII, 9.v10,62 | Ps. LXVIII, 9. f10,(5) ] Ps. LXIX, 9. m10[1],49
nt76 Christi mens osque concordenti10,30 CSEL 54,427 | Christi mens osque concordent f10,(5) | Christi mens osque concordentm10[1],50 ] Christi os, mens manusque concordent v10,64 PL 32,533
Carta «Sacerdotes iam»
Contexto e historia
Teniendo en cuenta que los tiempos de composición de esta Carta coinciden con la anterior, que van seguidas en el orden establecido por san Josemaría, y que el tema central que tratan es el mismo –el sacerdocio en la Obra– cabría formular la hipótesis de que el autor trabajó casi al mismo tiempo en las dos. E incluso es posible –pero se trata de una mera conjetura– que originalmente pensara en un solo escrito acerca del sacerdocio en la Obra y que después decidiera dividirlo en dos Cartas: la primera, la 9, dedicada a los aspectos más históricos y canónicos del sacerdocio en el Opus Dei; y la segunda, fechada un año más tarde, destinada a explicar la peculiaridad de este ministerio, en servicio de la Iglesia.
No hay otros datos, excepto que salió de la imprenta con el gran paquete de Cartas de enero de 1966, y que Escrivá la sitúa unos meses después de la primera ordenación de sacerdotes de la Obra, que había tenido lugar en junio de 1944.
Fuentes y material previo
Las fuentes de esta Carta se conservan en AGP en una carpeta (serie A.3, 92-3), en la que hallamos el manuscrito mecanografiado original, que denominamos m10, escrito a doble espacio en cincuenta cuartillas de grueso gramaje. El formato, apaisado, es 21,5 x 16 cm. y las hojas conservan los agujeros de las grapas con que estuvieron unidas. Como es habitual, se notan de vez en cuando correcciones de la mano de san Josemaría, realizadas con varias plumas estilográficas.
El título aparece en la primera cuartilla, a mano: «Sacerdotes iam, 2-2-1945.» Las notas se encuentran en las últimas cuartillas, con las características habituales.
En el volumen III, la Carta n.º 10 va de página 27 a 68.
La versión f10 consta de treinta y cinco folios A4 mecanografiados, sin ninguna corrección autógrafa. En el encabezamiento del primer folio se lee, escrito por san Josemaría: «Para imprenta / 1-5-75 / M».
La impresión de 1985 (i10) tiene treinta y cuatro páginas (en formato 17 x 24 cm), y está encuadernada en la habitual cartulina amarilla rugosa. En el expediente de AGP se conservan dos ejemplares; uno de ellos (i10[2]) presenta una corrección en bolígrafo rojo del beato Álvaro del Portillo en p. 20, con toda seguridad para acordarse de incorporar, en la próxima impresión, una enmienda que san Josemaría había realizado en m10, y que por algún motivo no se había incluido en la versión de 1985.
Cuestiones de crítica textual
No se han encontrado particularidades dignas de mención: en el aparato crítico se explica el criterio seguido en algunas variantes que planteaban dudas.
Contenido
La Carta comienza tratando de la mentalidad laical, que, junto al alma sacerdotal, forman «el quicio y el fundamento de nuestra vocación divina» (§1).
El sacerdocio en la Obra –explica también– es un nuevo fenómeno pastoral, pues quienes se ordenan son «hombres jóvenes que ejercen una profesión universitaria, con la vida humanamente abierta para hacer libremente su voluntad, que van a servir, sin estipendio alguno, a todas las almas» (§3).
Sigue explicando la naturaleza de la vocación al sacerdocio en el Opus Dei, ilustrando la grandeza de la vocación cristiana a la santidad, que Dios dirige a todos, tanto laicos como sacerdotes, de modo que cada estado constituye un posible camino hacia la santidad (§§4-9).
Continúa con otros aspectos de la unidad de vocación de sacerdotes y laicos: de nuevo se refiere al alma sacerdotal y a la mentalidad laical (§§10-12) que son un antídoto contra el clericalismo o el afán de dominio (§§13-19).
Pasa después a una segunda parte, en la que comentará diversos aspectos del sacerdocio en el Opus Dei: alegría y espíritu de servicio (§§20-22); libertad personal para responder a esa llamada (§§23-24); ejercicio de ese ministerio: acompañamiento espiritual, sacramentos, predicación, servicio preferente al apostolado y a las personas del Opus Dei (§§25-28).
Prosigue tratando del tono sacerdotal en el trabajo ministerial, ofreciendo consejos sobre las relaciones sociales y la expresión de opiniones políticas, y sobre la apertura de corazón –sin discriminaciones– que debe llevar al sacerdote a tener comprensión con todos, siendo instrumentos de unidad (§§29-32). Termina dando otros consejos sobre la predicación (§§33-34) y el acompañamiento espiritual (§§35-37).
Notas de las introducciones al texto crítico anotado