Carta «Divinus magister»
Carta nº 1 . Sobre la formación espiritual, profesional, humana y doctrinal-religiosa en el Opus Dei; también designada por el íncipit Divinus magister, lleva la fecha del 6 de mayo de 1945 y salió impresa en enero de 1966.
1a Cristo Maestro
El Maestro Divino, Cristo Jesús, hijas e hijos queridísimos, al venir a este mundo y convivir con los hombres 1, los iluminó con su vida y con su doctrina, inició con ellos un coloquio amoroso y los introdujo en la intimidad del Dios invisible: nadie jamás vio a Dios; nos lo ha dado a conocer el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre 2.
1b Cumplía así Jesús las antiguas profecías que habían vaticinado, para los tiempos mesiánicos, la institución de una escuela admirable, en la que todos los hombres serían adoctrinados por el mismo Dios: no tendrán ya que enseñarse ni exhortarse unos a otros, diciendo: conoced a Yavé 3; todos tus hijos serán adoctrinados por Yavé y gozarán de mucha paz 4.
1c Cuando, movidos por su gracia, aceptamos el mensaje de Jesucristo y seguimos de cerca a Aquel que es la Verdad 5, se nos abren las puertas de esa escuela, vedada a los sabios y prudentes según el mundo 6, y podemos escuchar con gozo agradecido aquellas palabras del Señor: nadie puede venir a mí si no es atraído por el Padre que me envió… Está escrito en los Profetas: y serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha a mi Padre y recibe su enseñanza viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre: tan solo Aquel que está en el seno de Dios ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí tiene vida eterna 7.
2a Pedagogía divina
Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, para hacer llegar a toda la humanidad su doctrina de vida y de salvación, procedió de modo –a la vez– humano y divino. ¡Cómo conmueve la condescendencia de Jesús, que tomó nuestra naturaleza sin reservas, con excepción del pecado, que no hizo presa en su vida inmaculada! 8.
2b Reunió en torno suyo un pequeño grupo de hombres rudos y, con paciencia infinita, los fue formando. Les fue revelando poco a poco –con pedagogía divina– los más altos misterios, al mismo tiempo que con ternura maternal y la energía de quien tiene autoridad, según hacía falta, iba puliendo y acrisolando sus espíritus toscos y poco sensibilizados para las realidades celestiales.
2c Muchas veces habéis sido conmigo espectadores asombrados –protagonistas– de esas escenas. Porque, desde el principio, os he enseñado, a vosotros que sois también apóstoles, elegidos con predilección por Jesús, a meteros en las páginas evangélicas y, a través de ellas, convivir fraternalmente con los primeros Doce. Por eso, el modo de actuar del Señor con los Apóstoles, durante aquella etapa de formación, os es familiar, y se ha grabado en vuestras almas con la fuerza con que arraigan los recuerdos más íntimos, hasta constituir en nosotros una segunda naturaleza.
3a Trato de Cristo con los Apóstoles
No necesito muchas palabras para evocaros el detalle con que Jesús desmenuzaba a los Doce el sentido más profundo de sus parábolas 9, el cuidado con que rectificaba la reacción demasiado humana con que acogían las primicias de su siembra apostólica10, la constancia con que repetía las mismas enseñanzas11, la fortaleza con que corregía sus ambiciones y su visión chata del Reino de Dios12, la delicadeza con que –para animarles– solicitaba su pequeña colaboración a la hora de realizar los grandes milagros13, o la ternura con que se preocupaba de su descanso14.
3b Vosotros, conmigo, lo habéis contemplado mientras despertaba la conciencia de los Apóstoles, para que supiesen apreciar la grandeza de su vocación, que muchos reyes y profetas hubiesen ambicionado15, y cuando paulatinamente –su flaqueza no hubiese consentido otra cosa– los iniciaba en el misterio de la Santa Cruz16. Vivimos en la Obra tan dentro del Evangelio que, como San Juan, podría decir cada uno de nosotros que ha oído, que ha visto con sus ojos, que ha palpado con sus manos al Verbo de la Vida17.
3c Cristo instituye un magisterio infalible
A los Apóstoles confió Jesús la misión de ser testigos de su Vida, de su Muerte y de su Resurrección y, confirmándolos por la efusión del Espíritu Santo, constituyó en su Iglesia un magisterio infalible, edificado sobre la roca firme de Pedro, cuya cátedra conserva inalterable la tradición apostólica18. La Iglesia, columna et firmamentum veritatis19, columna y fundamento de la verdad, prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de formación y enseñanza que Jesús entregó a los primeros Doce.
4a El Espíritu Santo, Maestro interior
El milagro de lo ordinario
El Señor, hijos míos, además de iluminar a los que creen en Él con las luces claras de la enseñanza oficial de la Iglesia, no cesa de ejercer la acción callada, suave y fuerte de su Espíritu, que ilustra las almas como Maestro interior. Yo os he dicho muchas veces que la Obra de Dios se ha basado en la doctrina firme de la fe, en el trabajo hecho oración y penitencia, y no en milagrerías; os he enseñado con firmeza que no deseéis nunca caminos interiores extraordinarios, porque la vocación nuestra nos lleva a buscar la unión con Dios –la contemplación– en la vida ordinaria y a través de ella. Soy enemigo de lo que se sale de la normalidad y, por eso, os he advertido que no se puede reputar milagroso lo que se puede explicar por una causa natural.
4b Pero también me habéis oído decir, con ocasión de hablaros de tantos aspectos del espíritu de nuestra Obra, que de ningún hombre había recibido esa doctrina: que me la había enseñado el Espíritu Santo. Es un deber para mí hablaros de este modo. No olvidéis, hijos míos, que lo que es para nosotros extraordinario, es ordinario para Dios, autor de las leyes que rigen el mundo físico y el mundo del espíritu.
4c No es milagro mayor que el sol se detenga un día en su carrera, que el milagro constante de que los astros describan habitual y regularmente el curso de sus órbitas. La providencia extraordinaria de Dios no es de naturaleza más admirable que la que llamamos providencia ordinaria.
4d En las páginas de la Sagrada Escritura, habéis encontrado con frecuencia estas palabras: ¡no temas!, ¡no temáis!20. Son palabras divinas de aliento. En el Testamento Viejo y en el Nuevo, Dios y los seres celestes las pronuncian, para levantar la miseria del hombre y disponerlo a un coloquio de iluminación y de amor, a la confianza en cosas aparentemente imposibles o difíciles, a las que no llega la fuerza de la criatura. Non est abbreviata manus Domini21: el poder infinito del Señor es el de siempre.
5a Ordinaria providencia extraordinaria
Dios continúa actuando sus misericordias y poniendo por obra la historia de sus mirabilia22, de sus obras admirables. Y sigue fijando sus ojos en instrumentos desproporcionados, que experimentan aquel mismo sagrado temor y sufren ante la acción del Espíritu Santo, que es espolón de acero exigente, porque hasta aquí lleva Dios, como Maestro, a las almas sin maestro: baja, si quieres subir; pierde, si quieres ganar; sufre, si quieres gozar; muere, si quieres vivir, dice el místico castellano.
5b Os puedo asegurar, hijos míos, que esas almas no ambicionan ni desean las manifestaciones de esa ordinaria providencia extraordinaria de Dios, y que tienen una profunda conciencia de no merecerlas: os vuelvo a repetir que sus sentimientos ante ellas son de temor, de miedo. Aunque después, el aliento del Señor –ne timeas!– les comunica una seguridad inquebrantable, las enciende en ímpetus de fidelidad y de entrega; les da luces claras, para cumplir su Voluntad amabilísima; y las enardece, para lanzarse a metas inaccesibles al alcance humano.
6a El Espíritu Santo en la Iglesia
Con ese magisterio interior de su Espíritu, el Señor fecunda y enriquece el seno de su Iglesia, sin cambiarla, garantizando la unidad de su doctrina; y la hace resplandecer con brillos nuevos, nuevos para nosotros los hombres, incapaces de captar en una sola mirada los insondables tesoros de Cristo23.
6b Novedad de la Obra
Por eso, podemos –y debemos– hablar de la novedad del mensaje que la Obra, inspirada por Dios, ha venido a traer al mundo. Con ella se han abierto los caminos divinos de la tierra y no se os oculta que el Señor de todos los tiempos, Rex saeculorum24, quiere hacer de nuestro trabajo un instrumento suyo, que trace un surco profundo en la historia del cristianismo y de la humanidad entera, a la que parece que Dios Nuestro Señor prepara –se aprecian tantos signos– para vivir uno de sus momentos más resolutivos.
7a Instrumento de Dios
Para cumplir esa Voluntad de nuestro Dios, me siento y me he sentido siempre urgido a transmitiros el mensaje que yo he recibido: tradidi enim vobis in primis quod et accepi25, con aquella convicción que manifestaba el Apóstol de ser un instrumento en manos del Señor: gratia autem Dei sum id quod sum26. Rezad por mí para que sea bueno y fiel y alegre.
7b Necesidad de una formación específica
Os decía que, desde el principio, procuré poner todos los medios que os proporcionaran la formación específica necesaria para cumplir los fines de la Obra. No podía ser una formación indiferenciada, sino peculiar, propia, claramente distinguida por sus características especiales: nadie echa el vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino nuevo romperá los odres y se derramará el vino y se perderán los odres: el vino nuevo se echa en odres nuevos27.
7c Pero también aquí se cumplieron las palabras evangélicas, porque no faltaron quienes, hechos al vino viejo, extrañaron el nuevo y decían: el vino viejo es mejor28. Incomprensión que indulgentemente debemos disculpar, pero sin perder de vista un momento que sería atentar contra el Espíritu –spiritum nolite extinguere29– ceder en nada de cuanto se refiere al camino que el Señor nos ha dado, y a la misión que de Él hemos recibido.
7d Con el fin de mantener despierta esa conciencia y de ser eficaces en la ejecución de lo que Dios nos pide, la Obra tiene que dar a sus hijos una formación específica: y hemos de vigilar, para que la extensión del trabajo no perjudique nunca la formación cuidadosa de todos vosotros, ni el recto gobierno.
8a Formación secular, laical
Nuestra formación, os diré, nada tiene que ver con la que reciben los religiosos, por la sencilla razón de que nosotros no somos religiosos. Vosotros y yo nos hemos dedicado al servicio del Señor y de todas las almas, con la condición expresa de no ser religiosos, y no existe autoridad alguna en la tierra que nos pueda obligar a serlo.
8bTened en cuenta, hijas e hijos míos, que ha de pasar tiempo antes de que algunas mentalidades comprendan que no venimos a atropellar lo que existe: valoramos, veneramos y amamos con toda el alma el estado religioso. Pero nosotros tenemos la misión de decir y hacer las cosas de otra manera: todo es compatible y puede y debe vivir a la vez.
8c Llamada universal a la santidad
No podéis olvidar que, hasta ahora, se ha venido diciendo, al menos con los hechos –muchas veces con la teoría también–, que la perfección de la vida cristiana se realizaba esencial y exclusivamente en el estado religioso, hasta el punto de que no han faltado quienes han dado el alerta, con insistencia, a los cristianos que viven en el mundo, acerca de los múltiples obstáculos que tienen, por su situación, aun para alcanzar la salvación eterna. Y los introducían en una atmósfera sofocante de temor, sin darse cuenta de que los había puesto en el mundo la providencia de Dios, Padre amorosísimo, cuyo deseo es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad30.
8d Perfección cristiana, no estado de perfección
Desde 1928, hemos recordado a todos los cristianos que la vocación a la santidad es universal, haciendo eco a las palabras de Jesús en el sermón del Monte: sed perfectos, como vuestro Padre del cielo es perfecto31. Pero esta es doctrina difícil de asimilar, para aquellos que han identificado la perfección cristiana con la vida propia del estado religioso: porque no aciertan a comprender –algunos no quieren comprender– que se pueda aceptar la invitación del Señor a seguirle de cerca –si quis vult post me venire…32–, sin la profesión oficial y pública –social– de ese seguimiento y, por tanto, sin adquirir un nuevo estado.
9a Yo os aseguro, hijos míos, que pierden el tiempo los que buscan, al fenómeno ascético y pastoral de nuestra vocación, semejanzas o parentescos con fenómenos que con anterioridad han tenido lugar en la vida de la Iglesia y, en concreto, quienes intentan comprendernos como un eslabón en la línea de la evolución histórica de los estados de perfección.
9b Porque el estado de perfección, por su misma naturaleza, saca de su sitio, de su condición in saeculo –en el mundo– a los que lo profesan, para que sean un testimonio oficial, un espectáculo ante el mundo y los hombres33; y es precisamente el afán por mantener la pureza de esa situación no ordinaria, segregada del mundo y extraña a él, la garantía que hace eficaz el admirable testimonio cristiano de los religiosos.
9c Pero sabéis muy bien –y lo practicáis gozosamente– que nosotros buscamos la perfección cristiana en el ejercicio de la propia profesión u oficio, en medio del mundo y cada uno en su propio estado.
10a Cada uno en su sitio
Seguimos a Jesucristo con una entrega que solo afecta a la conciencia de cada uno –sin resonancias públicas ni oficiales–, porque la vocación no nos saca de nuestro sitio, de aquella condición social que tenemos en el mundo. Ni ante la Iglesia ni ante el mundo hacemos otra profesión que la que hacen nuestros iguales, los fieles cristianos, cumpliendo todos los deberes de católicos responsables y ejercitando los deberes y los derechos de los ciudadanos corrientes.
10b Imitación de la vida oculta de Jesucristo
Imitamos la vida oculta de Jesucristo y, por eso, llevando dentro una gran luz, un fermento de fecunda novedad, sin rarezas –porque no estamos llamados al espectáculo– procuramos santificar la vida ordinaria: el trabajo, la amistad, la familia, los afanes nobles del mundo, la edificación de la sociedad temporal…
10c Santificar el deber de estado
¿Qué hacen los socios del Opus Dei?, podrán preguntar algunos, acostumbrados a que la acción apostólica constituya una actividad yuxtapuesta y extraordinaria –anormal–, en la vida corriente de un ciudadano católico. Y habría que responder: ¿Qué hacen? Cumplir su deber, ni más ni menos. Por esa razón pasan inadvertidos. Solo si hiciesen milagros o cometiesen un gran error serían notados.
10d Pero no os asombréis de que encontremos mentalidades que no capten esta sencillez diáfana: están –os he escrito otra vez– como impermeabilizadas. Parece que no les cabe, ni en la cabeza ni en el corazón, tanto heroísmo cristiano sin espectáculo. Tened paciencia y sed fieles: nuestra generosidad, aunque sea completa, es bien poca comparada con esa generosidad infinita y amorosa del Dios-Hombre, que se entrega al sacrificio por nuestra salvación, dando hasta la última gota de su sangre, hasta el último aliento de su vida. Por eso hemos de procurar también entregarnos sin cicaterías, pendientes del amor de Dios, aunque no falten las dificultades.
11a Acercamiento de los religiosos al mundo
En los últimos siglos, han ido apareciendo religiosos que, adoptando formas y estilos aparentemente seculares, actuando como si fuesen del mundo, han querido dar una mayor agilidad a sus actividades apostólicas, aunque no perdían por eso la intención ni el ánimo del estado religioso.
11b Actuaban así, urgidos unas veces por circunstancias externas –épocas de persecución, por ejemplo– y, otras veces, llevados por motivos tácticos de conseguir una mayor eficacia: un sistema que, en última instancia, parece que resulta siempre contrario a la naturalidad y a la autenticidad de la vida que se profesa.
11c El Opus Dei, punto de partida, no de llegada
Os repito que pierden el tiempo quienes buscan comprendernos como un término en la línea de los religiosos que progresivamente se secularizan, aproximándose –siempre desde fuera– al mundo. El Opus Dei no es un punto de llegada, sino de partida: es un camino, una marcha hacia la perfección. No somos religiosos disfrazados de seculares, porque nuestro espíritu aborrece de la comedia: no hay para mí mayor alegría que oír de mis hijos que caminan en la verdad34, puedo deciros con San Juan.
11d Son los laicos –en la Obra–, laicos auténticos, gente de la calle, ciudadanos verdaderos con toda la ilusión, no afectada o artificial, por los problemas y afanes de la sociedad de su tiempo, con la mentalidad característica de sus compañeros de profesión u oficio. Y los sacerdotes –sin perder nunca la mentalidad laical– somos también auténticos sacerdotes que nos sentimos, por vocación, sacerdotes seculares diocesanos en todas las diócesis, porque en todo lugar de la tierra tiramos del carro en la misma dirección que el obispo.
12a Sacerdotes y laicos
Ni los laicos en la Obra suplen funciones propias de los sacerdotes o son como su longa manus, para el apostolado, ni los sacerdotes suplantan a los laicos en su misión específica, insustituible, de santificar todas las actividades seculares, que elevan con su espíritu sobrenatural, siendo como una inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad.
12b Autenticidad de vida
Es claro, hijos míos, que en los hombres de nuestro tiempo se agudiza cada vez más, por fortuna, un instinto de sinceridad y de verdad que les conduce a buscar en los sacerdotes, sacerdotes auténticos; en los laicos, laicos auténticos y también en los religiosos, auténticos religiosos.
12c Zapatero, a tus zapatos, suele decirse: y lo dice, con su actitud, la sociedad actual que exige, para su vida y desarrollo, la especialización. Especialización quiso el Señor en su Iglesia, donde la unidad del apostolado no es uniformidad: en el jardín de la Iglesia de Cristo –os escribí en una Instrucción– siempre hubo, hay y habrá una variedad admirable de hermosas flores, distintas por el aroma, por el tamaño, por el dibujo y por el color.
12d Como mi preocupación de que no nos confundan con los religiosos tiene fundamento objetivo, no he tenido prisa por conseguir una aprobación in scriptis de la autoridad eclesiástica para nuestra Obra. Es preciso que nuestra estructura jurídica refleje con claridad los rasgos propios de nuestra vocación y espíritu.
12e Es necesario que las autoridades religiosas y civiles se den cuenta de que nuestro modo de ser y de trabajar es diferente de los que ya existen. Si no, perdería eficacia nuestra tarea apostólica. Apenas hemos salido del puerto, y no podemos permitir que confundan lo que está bien delineado y preciso: pretender equipararnos a los religiosos, equivaldría a destruir la Obra. Solo considerados tal como somos, gente de la calle, podemos servir a la Iglesia con la eficacia que Dios ha querido al llamarnos in libertatem gloriae filiorum Dei35.
13a Valor santificante del trabajo
Me he extendido exponiendo estos conceptos, que tantas veces os he repetido, porque, si nuestra formación es específica, lo es porque ha de capacitarnos y disponernos para vivir con fidelidad la vocación propia que hemos recibido. La Obra nos forma para responder al Señor, que nos ha llamado a la perfección cristiana en medio del mundo. Por eso, nuestra formación se orienta toda ella a hacernos descubrir el valor santificante y santificador del trabajo profesional.
13b Con perfección humana
El trabajo es, para nosotros –os lo escribiré tantas veces–, el eje, alrededor del que ha de girar todo nuestro empeño por alcanzar la perfección cristiana: de forma que, al buscar la perfección sobrenatural, necesariamente hemos de intentar trabajar con perfección humana, cada uno en la propia labor profesional. Por eso, no nos pueden entender los que no quieren luchar para no ser chapuceros.
13c No puede abandonarse el trabajo
Daos cuenta, hijas e hijos míos, de que si ha sido voluntad de Dios Nuestro Señor que le sirviésemos y nos santificásemos en el mundo, se sigue como consecuencia que no podamos abandonar el trabajo profesional, porque el trabajo es el vehículo a través del cual el hombre se inserta en la sociedad, el medio por el que se ensambla en el conjunto de las relaciones humanas, el instrumento que le asigna un sitio, un lugar en la convivencia de los hombres. El trabajo profesional y la existencia en el mundo son dos caras de la misma moneda, son dos realidades que se exigen mutuamente, sin que sea posible entender la una al margen de la otra.
13d Es razonable que los religiosos que –por vocación divina– se han segregado del mundo, renunciando a la construcción de la sociedad temporal, tengan una concepción del trabajo diversa de la que tiene el hombre de la calle. Y así, en sus espiritualidades, el trabajo es considerado como un estorbo –algo que hay que tolerar–, como el castigo del pecado, que da ocasión de purificación; como necesidad ineludible, para lograr el sustento; como medio ascético, que impide el ocio y ahuyenta las tentaciones. De ahí, que haya resultado siempre violenta la adaptación de las diversas ascéticas religiosas a las circunstancias de la gente del mundo, y a la condición secular de los laicos.
14a El trabajo, piedra angular de la vida interior y apostólica
La Obra, inspirada por Dios, ha venido a traer un espíritu específicamente laical, enseñando que el trabajo es piedra angular de la vida interior y apostólica: la materia que hay que santificar y el instrumento para la santificación propia y ajena.
14b El trabajo perfecciona la personalidad humana y desarrolla las exigencias de la naturaleza social del hombre, llamado a la convivencia con los demás y al servicio en el empeño común de edificar una sociedad justa y pacífica. Pero, en su economía salvadora, Dios ha querido elevar el trabajo a una dignidad más alta: por el trabajo, somete el cristiano la creación36 y la ordena a Cristo Jesús, centro en el que están destinadas a recapitularse todas las cosas37, porque el mundo no es malo ni ajeno a los intereses divinos.
14c El mundo es santificable y a nosotros nos toca santificarlo, purificándolo de las ocasiones de pecado con que los hombres lo afeamos, y ofreciéndolo a Dios como hostia espiritual, presentada y ofrecida con nuestro esfuerzo: omnia enim vestra sunt, vos autem Christi, Christus autem Dei38.
14d Cristo ha santificado lo humano
En rigor, no se puede decir que haya realidades profanas, una vez que el Verbo de Dios se ha dignado asumir una naturaleza humana íntegra y consagrar el mundo con su presencia y con el trabajo de sus manos, porque fue designio del Padre reconciliar consigo, pacificándolas por la sangre de su cruz, todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo39.
15a Amor al mundo
Por este motivo, hijos míos, porque Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito40, hemos de amar nosotros también el mundo y el trabajo, con el que contribuimos a su perfeccionamiento, y todas las responsabilidades que el trabajo lleva consigo.
15b Y debemos recibir una formación tal que suscite en nuestras almas, a la hora de acometer el trabajo profesional de cada uno, el instinto y la sana inquietud de conformar esa tarea a las exigencias de la conciencia cristiana, a los imperativos divinos que deben regir en la sociedad y en las actividades de los hombres; convencidos de que no solo no hay incompatibilidad entre el cristianismo y los problemas que surgen al hilo del progreso de la ciudad temporal, sino que –al revés– los verdaderos valores del hombre y su dignidad personal y social únicamente podrán salvaguardarse, integrados en la concepción cristiana de la vida.
15c Santificar la profesión
Esta es la razón de que os haya dicho muchas veces –y os lo continuaré escribiendo a la letra– que no basta con santificarse en la profesión y santificar a los demás con la profesión, sino que es preciso santificar la profesión, misión que habéis de llevar a cabo con personal responsabilidad, con libertad; y para la que necesitáis una formación específica, que ilumine constantemente vuestra conciencia con las luces del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia.
15d Así, sin comprometer a la Iglesia ni a la Obra, con una actuación libérrima y personalmente responsable, os sentiréis urgidos a meter el fermento cristiano en las estructuras y ambientes de vuestro trabajo, para colocar a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas.
16a La extensión del Reino de Dios, misión de todos
Negotiamini dum venio41. Mientras esperamos el retorno del Señor, que volverá a tomar posesión plena de su Reino, no podemos permanecer pasivos. La extensión del Reino de Dios no es solo tarea oficial de los miembros de la Iglesia que representan a Cristo, porque han recibido de Él los poderes sagrados. Vos autem estis corpus Christi42, vosotros también sois cuerpo de Cristo, misioneros con misión –sin llamaros misioneros–, que tenéis el mandato concreto de negociar hasta la venida del Señor, con vuestro trabajo responsable –vocacional–, del que Cristo os pedirá cuenta.
16b La vocación profesional, parte de la vocación divina
Vuestra vocación profesional, hijos míos, es parte de vuestra vocación divina, porque Dios Nuestro Señor quiere que santifiquéis la profesión, os santifiquéis en la profesión y santifiquéis a los demás con la profesión. Esta ha sido mi enseñanza desde 1928: en el primer reglamento de la Obra, recogí ya las palabras del Génesis donde se dice que el hombre ha sido creado ut operaretur43.
16c El trabajo, obligación grave
Cuando comencé la labor, decía constantemente a los chicos que trataba –sin hablarles, al principio, de vocación– que el trabajo era para ellos obligación grave, y que debían hacerse santos allí donde estaban, sin salir de su sitio, en su propia tarea y en su ambiente; y removía sus conciencias, acudiendo a la parábola evangélica de los talentos44. Hemos vuelto a dar al trabajo ordinario, hijos míos, el valor que le daban los primeros cristianos.
17a El trabajo: enfermedad endémica, incurable, progresiva
Os decía antes que no nos entienden y nos son hostiles los chapuceros, a quienes no cabe en la cabeza que la perfección cristiana exige perfección humana en el trabajo, en la vida corriente; y, por eso, comidos por el pecado de la poltronería, adoptan la actitud suicida de no trabajar ellos o de trabajar mal, tratando de que trabajen otros.
17b Esos holgazanes desgraciados no quieren apreciar la noble y buena pasión del trabajo: ¿con qué honradez se pone en su tumba descanse en paz, si en vida no hicieron nunca otra cosa más que descansar? Para los hijos de Dios, en su Opus Dei, el trabajo es una enfermedad endémica, incurable y progresiva, os enseño siempre: si no, no serían ellos mismos Opus Dei y habrían fracasado en su vocación. Me gusta recordaros aquellas palabras fuertes del Apóstol a los haraganes inquietos de Tesalónica: si quis non vult operari, nec manducet45; el que no trabaje, que no coma.
17c Me viene a la memoria que, al terminar la guerra civil española, comentaban algunos gitanos –con su visión parcial– que, en aquellas circunstancias anormales, habían tenido ellos mismos que trabajar, porque todo el mundo se había visto obligado a hacerlo, hasta los guardias civiles y los señores sacerdotes. Causa tristeza pensar que pueda tener un lejano fundamento ese comentario, porque algunas gentes que alardean de católicas, y aun algunos eclesiásticos, den ocasión a que se identifique la perezosa inercia ante el trabajo, con su modo habitual de comportarse.
18a Valor del trabajo en la sociedad
Dar ejemplo de amor al trabajo
Hijos míos, la sociedad actual aprecia cada vez más a los hombres que trabajan, y a quienes –con constancia–, a fuerza de cosas pequeñas, llegan a hacer cosas grandes. Muchas veces, los hombres eminentes son un poco como nosotros los hemos hecho. Ha pasado ya –y no hay por qué lamentarlo– aquella estructura de la sociedad, en la que unos pocos destacaban, cabalgando sobre el trabajo de los demás. Sin embargo, no acaban de descubrir los hombres de hoy el valor santificante y santificador de su trabajo.
18b Es misión nuestra iluminar a todos con la doctrina y con el ejemplo, para que sepan elevar su esfuerzo al orden de la gracia: así os asombraréis, al intuir –porque se pueden ciertamente prever– los resultados sobrenaturales y humanos y la perenne actualidad de nuestro mensaje, que descubre la enorme riqueza espiritual que contiene el trabajo.
19a Formación continua
Porque es inútil que una doctrina sea maravillosa y salvadora, si no hay hombres capacitados que la lleven a la práctica: la Obra no cesa de proporcionarnos la formación específica, que nos dará cohesión y eficacia, para que no pueda repetirse aquella queja del Señor: mi pueblo es como rebaño que, por falta de custodia, se dispersó por mi tierra46. Nunca se considera acabada vuestra formación: durante toda vuestra vida, con una humildad maravillosa, necesitaréis perfeccionar vuestra preparación humana, espiritual, doctrinal religiosa, apostólica y profesional.
19b Aparte de otras razones, es esta una consecuencia de vuestra condición secular, que os exige vivir con agilidad, sin inmovilismos, el espíritu que el Señor nos ha dado. Ese espíritu, por su misma naturaleza, no está limitado por unas circunstancias determinadas de lugar y de tiempo, sino que responderá siempre a los más diversos cambios y situaciones que, a lo largo de los siglos, tengan lugar en la sociedad de los hombres. Y también esa formación intensa y constante, que el Opus Dei da a sus miembros, es una de las varias características que lo distinguen claramente de las comunes Asociaciones de fieles.
20a Formación en el trabajo
Sería artificial y contrario a nuestro modo de ser –además de imposible– que, para recibir la formación, nos apartásemos del mundo o hubiésemos de abandonar la ocupación civil, que ejercemos en la sociedad.
20b Sin el trabajo realizado en medio del mundo, no podemos santificarnos ni santificar. Por eso, no se os saca del mundo para formaros, sino que –en el modo y en el tiempo– la formación se coordina y se hace compatible con la ocupación secular que desempeñáis.
20c Esto se cumple también en el caso de la formación doctrinal religiosa que reciben los Numerarios, preparados todos para el sacerdocio, si, una vez reconocidas en ellos las señales de la vocación sacerdotal, libremente lo desean y son invitados al altar.
20d La finalidad que el derecho común persigue con el internado, para la formación de los futuros sacerdotes, es más de índole espiritual que científica: se trata de fomentar, con este medio, la vida de piedad y las virtudes sacerdotales de los candidatos a las órdenes sagradas. Pero el internado no puede aplicarse a los miembros de la Obra, que han de vivir y practicar precisamente en el mundo, desde el principio de su vocación, todas las virtudes sacerdotales.
21a Sin segregarnos de la vida corriente
Este mismo criterio seguimos en la formación de todas las personas que dan señales de vocación para la Obra. Sin embargo, nos parece muy bien que, en las diócesis, existan seminarios menores; y que los religiosos sostengan colegios apostólicos con el fin de educar a niños, separados de sus familias de sangre y del ambiente de la calle, de manera que prenda en ellos la vocación sacerdotal o religiosa.
21b Sin internados
Pero ese procedimiento sería para nosotros inútil y perjudicial, porque el internado proporcionaría una atmósfera deformadora para esas almas que, desde un principio, deben conocer y vivir las particularidades del mundo de su tiempo y –en medio de esas circunstancias peculiares– ejercitarse en la lucha ascética, para responder con fidelidad a la llamada del Señor.
21c En nuestra labor con la juventud, no creamos climas artificiales ni cohibimos la libertad de nadie: enseñamos a todos a administrar responsablemente su libertad. Y del mismo modo actuarán nuestros Supernumerarios con sus hijos, a los que procurarán educar en un ambiente abierto, limpio, de aire libre, haciendo de sus hogares luminosos y alegres un campo en el que, con la gracia de Dios, germinarán espontáneamente, sin violencias, muchas vocaciones para la Obra.
22a Vida de familia
Vivimos en la calle, y en la calle encontramos el silencio para tratar a Jesucristo; formamos a los miembros del Opus Dei, coordinando la preparación espiritual y el estudio científico de la religión, con las ocupaciones propias de la profesión intelectual o del oficio manual de cada uno. Son pocos los miembros del Opus Dei que viven en casas de la Obra, y los que viven en familia lo hacen en función de las necesidades internas que han de atender: gobierno, formación de otros socios, dirección de las obras corporativas, etc. Pero esas casas nuestras no son ni hospicios, ni colegios, ni cuarteles, ni oficinas, ni conventos: son hogares.
22b Nada tiene que ver la vida de familia con la vida de comunidad de los religiosos: la vida común canónica es un signo, un testimonio, del apartamiento del mundo que los religiosos profesan. Nuestra vida de familia no tiene un significado social más trascendente que el modo propio de vivir de las familias cristianas corrientes.
22c Los hogares del Opus Dei son acogedores y limpios, nunca lujosos, aunque procuramos que tengan aquel mínimo de bienestar que se necesita para servir a Dios, para practicar las virtudes cristianas, para estar en condiciones de trabajar y para que se desarrolle con dignidad y sin estridencias la personalidad humana. Nuestras casas tienen la sencillez del hogar de Nazaret, que fue testigo de la vida oculta de Jesús, y el calor –humano y divino– del hogar de Betania, que el Señor santificó, buscando en él la amistad verdadera, la intimidad y la comprensión47.
23a Un solo hogar
Todos los que pertenecemos al Opus Dei, hijos míos, formamos un solo hogar: la razón de que constituyamos una sola familia no se basa en la materialidad de convivir bajo un mismo techo. Como los primeros cristianos, somos cor unum et anima una48 y nadie en la Obra podrá sentir jamás la amargura de la indiferencia.
23b No puedo dejar de levantar el alma agradecida al Señor, de quien procede toda paternidad, toda familia, en los cielos y en la tierra49, por haberme dado esta paternidad espiritual, que, con su gracia, he asumido con la plena conciencia de estar sobre la tierra solo para realizarla. Por eso, os quiero con corazón de padre y de madre.
23c Cariño del Padre a todos sus hijos
Hace años, cuando en la Obra éramos menos, temí alguna vez que, al crecer el número de mis hijos, no sería posible querer a todos con aquel mismo cariño intenso –sobrenatural y humano–, pero os aseguro que el Señor ha dilatado mi corazón y que puedo dirigirme a vosotros con aquellas palabras del Apóstol: os nostrum patet ad vos… cor nostrum dilatatum est50; el amor hace que mi boca se abra tan francamente, y que se haga grande mi corazón: porque os quiero, a cada uno de vosotros, como si fueseis mi único hijo. Dios es testigo de cómo os amo a todos en las entrañas de Cristo Jesús51.
24 Primeros cristianos
Os vengo señalando, hijas e hijos míos, los rasgos característicos de la formación, que precisáis para seguir vuestro camino, tan semejante al modo de ser de los primeros cristianos. Como los ascetas y las vírgenes, que se entregaban a Dios en los primeros siglos, necesitaban de una gracia de Dios especial para vivir su vida dedicada al Señor en medio del mundo, así vosotros necesitáis de la misma gracia especial y, además –no somos iluminados–, de una formación específica. Y os he hecho notar cómo el eje alrededor del que gira esa formación y el factor por el que está matizada es el trabajo, lugar de encuentro de nuestra vida interior y de nuestro apostolado.
25a El punto de mira sobrenatural
En su aspecto espiritual o ascético, la formación que nos da la Obra tiende a crear en nuestras almas una disposición habitual, como un instinto, que nos conduce a mantener siempre –a no perder– el punto de mira sobrenatural en todas las actividades. No vivimos una doble vida, sino una unidad de vida, sencilla y fuerte, en la que se funden y compenetran todas nuestras acciones.
25b Contemplación
Cuando respondemos generosamente a este espíritu, adquirimos una segunda naturaleza: sin darnos cuenta, estamos todo el día pendientes del Señor y nos sentimos impulsados a meter a Dios en todas las cosas, que, sin Él, nos resultan insípidas. Llega un momento, en el que nos es imposible distinguir dónde acaba la oración y dónde comienza el trabajo, porque nuestro trabajo es también oración, contemplación, vida mística verdadera de unión con Dios –sin rarezas–: endiosamiento.
25c Piedad
Una persona piadosa, con el espíritu de la Obra, con piedad sin beatería, procura cumplir su deber: la devoción sincera lleva al trabajo, al cumplimiento gustoso –aunque cueste– del deber de cada día. Por eso somos contemplativos, porque hay una íntima unión entre esa realidad sobrenatural interior y las manifestaciones externas del quehacer humano.
25d El trabajo profesional, las relaciones humanas de amistad y de convivencia, los afanes por lograr –codo a codo con nuestros conciudadanos– el bien y el progreso de la sociedad son, en los socios de la Obra, frutos naturales, consecuencia lógica, de esa savia de Cristo que es la vida de nuestra alma: son trabajo de Cristo, Opus Dei, operatio Dei.
26a Transformar todo en materia de santificación y apostolado
Con esa piedad sencilla, sobria y viril, perfectamente asimilada, connatural, purificamos todas las cosas y, sin violentar su naturaleza, las transformamos en auténtica materia de santificación y de apostolado. Muchas veces os recuerdo la leyenda del rey Midas, que convertía en oro todo cuanto tocaba. De manera semejante, con una labor exclusivamente espiritual –sirviendo al mundo y sin convertir la labor en instrumento de poder humano– santificamos desde dentro, con el trabajo de nuestra inteligencia y de nuestras manos, todas las realidades y actividades de la tierra.
26b Si nos faltase la piedad, si no estuviésemos de continuo pendientes de Dios, no bastarían el talento ni la ciencia ni el esfuerzo, porque el Señor nos dejaría y, entonces, se desacertaría hasta en lo que es corriente: si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si no guarda el Señor la ciudad, en vano vigilan sus centinelas. En vano madrugaréis y os acostaréis tarde y comeréis el pan del dolor52.
27a Alma sacerdotal
Todos vosotros, hijas e hijos míos, tenéis alma sacerdotal, arraigada en los caracteres sacramentales del bautismo y de la confirmación. Alma sacerdotal, que no solo ponéis en acto cuando participáis en el culto litúrgico –y sobre todo en el sacrificio eucarístico, raíz y centro de nuestra vida interior–, sino en todas las actividades de vuestra vida.
27b Mentalidad laical
Con mentalidad plenamente laical, ejercitáis ese espíritu sacerdotal, al ofrecer a Dios el trabajo, el descanso, la alegría y las contrariedades de la jornada, el holocausto de vuestros cuerpos rendidos por el esfuerzo del servicio constante. Todo eso es hostia viva, santa, grata a Dios: ese es vuestro culto racional53. Grabad en vosotros las palabras de San Pedro: vosotros como piedras vivas sois edificados en casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por Jesucristo54.
27c Trato con el Espíritu Santo
Sed piadosos: no dejéis de mantener un trato continuo con el Gran Desconocido y con el Gran Solitario. Así llamo al Espíritu Santo y al Cristo humillado y oculto de nuestros sagrarios. A través de la Santa Humanidad de Cristo encontraréis al Paráclito, que es el fruto de su Cruz, y llegaréis hasta el Padre: toda nuestra vida, en la que lo divino y lo humano están tan íntimamente unidos, será un diálogo permanente con la Trinidad Beatísima. Y tened siempre una tierna devoción a María Santísima, cuyos cuidados maternales no faltaron nunca en la historia y en la vida de nuestra Obra.
28a Devoción a Nuestra Señora
Rezar
Tened en cuenta que si los cristianos no son más eficaces, es porque rezan pocos: y los que rezamos, rezamos poco. Debéis consagrar día y noche todos los esfuerzos a unir el alma y el espíritu a Dios, nuestro Padre, por la oración, por la contemplación con un amor no interrumpido: metidos en Dios los sentidos, la imaginación, las potencias del alma, no tendréis problemas personales y, endiosados, podréis decir: vivo autem iam non ego, vivit vero in me Christus55; no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí. Sentiréis entonces un hambre, una sed de Dios que nunca se sacian: y experimentaréis en vuestra vida la verdad de aquellas palabras: los que me coman quedarán con hambre de mí, y los que me beban quedarán de mí sedientos56.
28b Lucha ascética
Siempre cum gaudio et pace57, como el buen artista y el buen amante, no estamos satisfechos nunca por lo que en la vida espiritual hemos llegado a lograr con la gracia de Dios: la conquista espiritual, porque es Amor, ha de ser un ansia de Infinito: gustad y ved qué bueno es el Señor58.
28c Eficacia de las Normas
Conozco vuestro buen espíritu y veo cómo lucháis, para hacer carne vuestra, experiencia viva, la formación espiritual que os da la Obra. Sé cómo, sostenidos por nuestras Normas, tratáis de encontrar esa intimidad con Dios, que es fruto de la confluencia de su gracia y del esfuerzo personal. Y sé también que tenéis experiencia de cómo las Normas, cuando se cumplen con amor –y pueden cumplirse en todos los ambientes–, os sacan de todos los peligros, os lanzan al ataque y os aguijonean, para que no os aburgueséis interiormente.
29a La Sagrada Escritura y la Liturgia, fuentes de la piedad
No olvidéis que siempre os he enseñado a encontrar la fuente de vuestra piedad en la Escritura Santa y en la oración oficial de la Iglesia, en la Sagrada Liturgia, al tiempo que he reprobado –y repruebo– las devociones particulares de cada uno hechas en común.
29b ¡Cuántos se han escandalizado al observar la sencillez de nuestros oratorios, la sobriedad del culto, la energía con que hemos intentado volver a la simplicidad primitiva de la liturgia, rompiendo con barroquismos y ñoñerías, que habían invadido la casa y el altar de Dios! Pero estoy seguro de que así agradamos a Dios –facilitamos a tantas almas que se acerquen a Él–, aunque muchas veces no agrademos a los hombres.
30a Humildad propia de quien vive en el mundo
Precisamente porque habéis de vivir este ascetismo, vuestra piedad, en el mundo –sobrie et iuste et pie vivamus in hoc saeculo59– y sin rarezas, debéis cultivar una humildad verdadera. No olvidéis que hay muchos que visten su soberbia con ropajes de humildad.
30b Es posible que una ascética propia de religiosos deba manifestar con signos externos, de algún modo espectaculares, la virtud de la humildad. El camino de la Obra es diametralmente opuesto. Al ser el trabajo el eje de nuestra santidad, deberemos conseguir un prestigio profesional; y, cada uno en su puesto y condición social, se verá rodeado de la dignidad y el buen nombre que corresponden a sus méritos, ganados en lid honesta con sus colegas, con sus compañeros de oficio o profesión.
30c Nuestra humildad no consiste en mostrarnos tímidos, apocados o faltos de audacia en ese campo noble de los afanes humanos. Con espíritu sobrenatural, con deseo de servicio –con espíritu cristiano de servicio–, hemos de procurar estar entre los primeros, en el grupo de nuestros iguales.
31a La humildad no es indecisión
Algunos, con mentalidad poco laical, entienden la humildad como falta de aplomo, como indecisión que impide actuar, como dejación de derechos –a veces de los derechos de la verdad y de la justicia–, con el fin de no disgustarse con nadie y resultar amables a todos. Por eso, habrá quienes no comprendan nuestra práctica de la humildad profunda –verdadera–, y aun la llamarán orgullo. Se ha deformado mucho el concepto cristiano de esta virtud, tal vez por intentar aplicar a su ejercicio, en medio de la calle, moldes de naturaleza conventual, que no pueden ir bien a los cristianos que han de vivir, por vocación, en las encrucijadas del mundo.
31b La humildad, que la Obra exige, es algo muy interior, algo que deriva directamente del coloquio contemplativo que mantenemos con el Señor sine intermissione60. Es el hondo sentimiento de que Dios Nuestro Padre es quien hace todas las cosas, con estos pobres instrumentos que somos cada uno de nosotros –servi inutiles sumus61–, que juega con cada uno de nosotros como con unos niños: ludens in orbe terrarum et deliciae meae esse cum filiis hominum62.
31c La humildad lleva al trato con Dios
Cuando procuramos ser humildes, sentimos que la energía poderosa del Señor actúa, apoyada en nuestra flaqueza; y que nunca somos más fuertes que cuando solamente podemos contar con Dios. Entonces comprobamos que no bastan los años ni la experiencia para acertar, porque en ese caso los viejos serían genios: es el Señor quien nos hace más sabios que los maestros y más prudentes que los ancianos63.
31d El alma humilde se da cuenta de que sus días están en las manos de Dios, in manibus tuis sortes meae64 y, cuando va a la oración, sin un punto de soberbia, no hace labor de comediante, porque sabe que sus equivocaciones, sus pecados, no se esconden a la mirada divina.
32a Conocimiento propio
La humildad lleva, a cada alma, a no desanimarse ante sus propios yerros. Dios nuestro Padre sabe bien de qué barro estamos hechos65 y, aunque el vaso de barro se resquebraje o se quiebre alguna vez, si hay humildad, se recompone con unas lañas que le dan más gracia; y en las que, sin duda, se complace el Señor. Las flaquezas de los hombres, hijos míos, dan a Nuestro Dios ocasión para lucirse, para manifestar su omnipotencia, disculpando, perdonando: mirifica misericordias tuas, qui salvos facis sperantes in te66; Dios mío, haz que se manifieste tu infinita misericordia, salvando a los que esperan en ti.
32b El conocimiento propio es condición de la humildad verdadera. Cuando aceptemos que es difícil –por ejemplo– tener un temperamento que no permita la adulación, y procuremos recibir serenamente y agradecer la reacción que nuestros hechos externos y objetivos producen en los demás, estaremos en disposición de comprender a los otros; en disposición de no juzgar con crítica negativa, porque podremos decir con San Pablo: ni aun a mí mismo me juzgo. Cierto que de nada me arguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado; quien me juzga es el Señor67.
33a El denominador común
La vida interior contemplativa, el espíritu y la doctrina en que nos forma la Obra son parte del denominador común que debe caracterizar a todos los hijos de Dios en el Opus Dei, denominador común que, aplicando términos cuantitativos, diremos que es pequeño, aunque da una maravillosa eficacia a toda la labor, sobrenaturalizándola siempre.
33b Numerador amplísimo
Libertad y responsabilidad
La Obra cuida, al mismo tiempo, de que tengamos un numerador amplísimo, sin orillas, conforme siempre a las peculiaridades distintas de cada uno de sus miembros, de la geografía y del tiempo. La formación que nos proporciona el Opus Dei –y toda la labor de la Obra es dar formación, en una inmensa catequesis– tiende a hacer personas que respondan de sus acciones –que actúen con libertad y con personal responsabilidad–, en las diversas situaciones del mundo y de las estructuras terrenas, sirviendo a la Iglesia –sin comprometerla– y a todas las almas sin excepción.
33c El estímulo más fuerte que tenéis para actuar es el sentido sobrenatural y humano de responsabilidad en que os habéis formado. La mayoría de mis hijos viven y actúan, muchas veces físicamente, lejos de sus Directores –aunque nunca les falta la atención espiritual necesaria, ni la continua formación–, y me consta que, por esa razón, se esfuerzan en ser más fieles a nuestro espíritu en sus actividades, que si sintiesen más próximo un control inmediato. Ahora entenderéis por qué os he repetido con frecuencia que, para cada uno de nosotros, el motivo más sobrenatural es porque me da la gana.
34a Total libertad en lo temporal
Además, en todo lo temporal, gozáis de una libertad absoluta: la misma de que disfrutan vuestros conciudadanos católicos. De manera que la preparación espiritual, que os da la Obra, solo se manifiesta –en vuestras relaciones profesionales, sociales, económicas, políticas, etc.– por el empeño que ponéis para practicar, por encima de todo apasionamiento humano, el mandato supremo de la caridad; en la ponderación con que dais a conocer vuestros puntos de vista, estudiando los problemas, sin discusiones apasionadas; en el respeto a la completa libertad de opiniones que existe en todos esos campos de la actividad humana; y en la comprensión –en la transigencia– con que tratáis a las personas que defienden ideas contrarias, aunque seáis intransigentes con las ideas, cuando son opuestas a las enseñanzas del dogma o de la moral de la Iglesia.
34b Sois, hijos míos, libérrimos: gozáis –como todos los demás ciudadanos católicos, repito– de una absoluta y plena libertad en las cuestiones sociales, políticas, profesionales, dentro de los límites de la fe y de la moral y de las normas que, para todos los católicos, señale alguna vez la Jerarquía eclesiástica. A mí no me molesta nada que os agrade a vosotros, si es limpio: in libertatem vocati estis68: habéis sido llamados por Dios al Opus Dei, conservando vuestra legítima libertad.
34c Al defender nuestra libertad personal, defendemos en primer término la libertad de los otros hombres. Sería una presunción intolerable pensar que, en cosas que no son de fe, en cuestiones opinables, solo una determinada opinión tiene la verdad.
35a Pluralismo en la sociedad temporal y en la Iglesia
Nos interesa la pluralidad en la sociedad temporal y en la Iglesia. Lo contrario no podría conducir más que a la tiranía, a no hacer ni dejar hacer. Aborrezco la tiranía: necesito oír juntos todos los instrumentos, todas las voces. Una voz o un instrumento aislados, sin armónicos, no pueden dar idea de la belleza de conjunto, de la sinfonía.
35b La Obra nunca podrá daros consignas en lo temporal, porque busca únicamente fines espirituales y es extraña a los intereses temporales; pero remueve y espolea vuestra pasividad, para que no os dejéis confundir por inercia en una masa informe ni faltéis a vuestra conciencia cristiana, que os obliga a no absteneros ante el mal, en el cumplimiento de vuestros deberes cívicos, sino a actuar de forma positiva para que se haga el bien. Así, el espíritu sobrenatural de la Obra convierte lo amorfo en dinamismo y en actividad, y despierta las fuerzas que dormitan, para ponerlas al servicio de los derechos de Cristo en la sociedad.
35c El Opus Dei no nos uniforma: nos quiere libérrimos y diversos. Pero nos quiere ciudadanos católicos responsables y consecuentes, de forma que el cerebro y el corazón de cada uno de nosotros no vayan dispares, cada uno por su lado, sino concordes y firmes, para hacer en todo momento lo que se ve con claridad que hay que hacer, sin dejarse arrastrar –por falta de personalidad y de lealtad a la conciencia– por tendencias o modas pasajeras: para que no seamos ya niños que fluctúan y se dejan llevar de todo viento de doctrina por la falsedad de los hombres, que para engañar, emplean astutamente los artificios del error69.
36a Formación doctrinal
Unión con el Romano Pontífice
Con el fin de asegurar esa firmeza de criterio, la Obra nos proporciona una intensa y constante formación doctrinal religiosa: de esta manera se mantienen siempre vivas las ideas claras indeclinables, que nos guían en la acción y definen el área amplísima de las cuestiones dejadas por Dios a la discusión libre de los hombres. Esa unidad con la Cátedra de Pedro, en la doctrina de Cristo y en el magisterio de la Iglesia, es salvaguardia de la universalidad, y es seguridad ante el peligro de pulverizarse, de atomizarse.
36b Estudio científico de las verdades religiosas
Necesitáis estudiar y formaros sólidamente, de modo científico, en las verdades religiosas, porque no hay términos medios: o fe sencilla o cultura de verdad. La cultura ignorante es la enemiga mayor de la fe. Los cultos ignorantes son peores que aquel Fray Gerundio, personaje de la literatura clásica, que cerró los libros y se dio a predicar, a la verborrea vacía; porque él, al fin y al cabo, cerró los libros: pero estos nunca los han abierto.
36c Entre esos cultos ignorantes surgen los iluminados, los que, orgullosos de sus cuatro ideas –por llamarles de algún modo– que les parecen axiomáticas, y son vulgaridades, tienen la pretensión de hacer el mundo mejor en veinte días; sin darse cuenta de que las ideas, aunque sean excelentes, no se realizan por el simple hecho de pensarlas: hay que llevarlas luego a la práctica con sacrificio, con paciencia y venciendo siempre mil obstáculos.
36d Un santo sacerdote secular español del siglo XVI, el Beato Juan de Ávila, recordaba al Superior de unos religiosos, nacidos por entonces en España y hombres de apostolado activo, que deseaba que hubiese entre ellos letrados eminentes, y que no se contentasen con, en oyendo un curso de Teología, cortar el hilo de las letras70. Consejo que conserva siempre su validez, para que no se diga que se cree y se combate mucho y, en consecuencia, se razona poco.
37a Ideas claras sobre las cuestiones fundamentales
Debéis tener muy claras las ideas sobre las cuestiones mínimas fundamentales, porque solo así podéis defender los derechos de Cristo y de la Iglesia en vuestras actividades en medio del mundo: la santidad del matrimonio, la enseñanza cristiana, la justicia social, el respeto a la propiedad privada, los derechos a tener hijos y a educarlos, el derecho al trabajo, a la ayuda en la enfermedad y en la vejez, al descanso, a las diversiones, etc., sin olvidar que la Iglesia condena, hoy como ayer, el materialismo teórico o práctico, concretamente del marxismo, porque rechaza a Dios y su plan de amor sobre los hombres, porque persigue a los cristianos y no respeta derechos esenciales de la persona humana.
37b Hoy especialmente, hijos míos, cuando surgen errores, que parecen nuevos y son viejos, condenados ya muchas veces por la Iglesia, debéis tener firme vuestro criterio y, sin dogmatismos –no hay más dogmas que los de la Iglesia–, sentiros responsables ante Dios y ante la historia de forjar cristianamente este tiempo, sin cesiones ni conformismos que me parecen una bellaquería.
37c Haec est victoria quae vincit mundum, fides nostra71: la fe de Cristo engendra seguridad; y tenemos la misión de llevar la claridad a la inteligencia y la paz al corazón de los hombres, sacándolos del ambiente de duda, de relativismo, de incertidumbre, en el que no es difícil encontrarse. Hemos de enseñarles que un católico puede tener la doctrina clara, tener fe… y ser frágil. Es diabólica la tentación de justificar nuestras pasiones, tratando de acomodar a ellas la fe: no hay manera de justificar lo injustificable. Con comprensión, hemos de impedir que tiren todo por la borda, mostrándoles qué es lo que deben seguir practicando, a pesar de su fragilidad.
38a Dar doctrina
Con don de lenguas, con amabilidad, sin apologías ni énfasis que previenen en contra al interlocutor o al lector, con claridad, con sentido positivo y sabiendo aprovechar lo aprovechable de las opiniones ajenas, no dejéis de dar doctrina.
38b Queda claro, por tanto, que el hecho de pertenecer a la Obra robustece nuestra fe y, al mismo tiempo, no nos hace tener un pensamiento político corporativo determinado, ni un punto de vista concreto en cuestiones sociales, económicas, etc. En todo lo temporal, vuelvo a decirlo, sois libérrimos.
39a La formación en la Obra se funda en la confianza
Como una consecuencia de ese espíritu de libertad, la formación –y el gobierno– en la Obra se funda en la confianza: los Directores no os llevan en andadores, ni tienen una vigilancia recelosa sobre vosotros. Nada se logra con un gobierno fundado en la desconfianza. En cambio, es fecundo mandar y formar con respeto a las almas, desarrollando en ellas la verdadera y santa libertad de los hijos de Dios, enseñándoles a administrar la propia libertad. Formar y gobernar es amar.
39b Libertad
La formación de la Obra hace brotar la libertad espiritual, de manera que la norma se haga vida en cada uno, y las obras exteriores sean reflejo de un espíritu y no fruto de coacción: que por la ley nadie se justifica ante Dios es cosa patente, porque el justo vive de la fe72. Por eso os he repetido muchas veces que nuestra obediencia es obediencia de seres vivos: a los cadáveres yo los entierro.
39c Obediencia inteligente
Al obedecer, hay que escuchar, porque no somos instrumentos inertes ni pasivos, sin responsabilidad ni pensamiento. Y luego, con originalidad, con iniciativa, con espontaneidad, poner todas las energías de la inteligencia y de la voluntad en lo que se nos manda, para ejecutar todo lo que se manda y solo lo que se manda. Otra cosa sería anárquica. La obediencia en la Obra favorece el desarrollo de todos vuestros valores individuales y hace que, sin perder vuestra personalidad, viváis, crezcáis y adquiráis una mayor madurez, siendo la misma persona a los dos años que a los ochenta y dos.
40a Finalidad apostólica de nuestra formación
Toda nuestra preparación espiritual y humana, hijas e hijos míos, tiene una finalidad apostólica. No hay compartimentos estancos en nuestra vida, ni podemos distinguir –insisto– dónde acaba la oración ni dónde empieza el trabajo, ni dónde se encuentran los límites del apostolado. Porque el apostolado es Amor de Dios que se desborda, dándose a los hombres; y la vida interior contemplativa es clamor de almas; y el trabajo, un esfuerzo sostenido de abnegación, de caridad, de obediencia, de comprensión, de paciencia y de servicio a los demás.
40b Apostolado y vida interior
El afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior. Sentimos el peso de las almas, cuando amamos al Señor. No me deja de interesar ninguna criatura, hijas e hijos míos: deseo llevarlas todas a Dios. ¡Me duelen las almas! A veces, no entiendo cómo me aguantan el corazón y la cabeza. Este es el espíritu nuestro: sentir el lamento de tantos corazones áridos, que parecen decirnos hominem non habeo73, no tengo quien me dé una mano y me acerque a la luz y al calor de Cristo.
40c No es posible disociar en Cristo su ser de Dios-Hombre y su función de Redentor. El Verbo se hizo carne para salvar a los hombres, para hacerlos con Él una sola cosa: esa es la razón de su venida al mundo. Somos nosotros otros Cristos, llamados a corredimir, y tampoco se puede seccionar nuestra vida de hijos de Dios en su Obra, separándola de nuestro celo apostólico.
41a Apostolado connatural al cristiano
El apostolado, para nosotros, es connatural: no es algo añadido, yuxtapuesto, externo a nuestra actividad secular. Santificamos a los demás con el ejercicio de nuestra profesión, a través de la ordinaria convivencia con nuestros iguales, de la amistad, de las relaciones profesionales y sociales.
41b Esto es lo que causa, en algunos, admiración: porque, hasta ahora, el apostolado se concebía como una acción diferente –distinguida– de las acciones normales de la vida corriente: métodos, organizaciones, propagandas, que se incrustaban en las obligaciones familiares y profesionales del cristiano –en ocasiones, impidiéndole cumplirlas con perfección– y que constituían un mundo aparte, sin fundirse ni entretejerse con el resto de su existencia.
41c Hacer, de la profesión, apostolado
Nosotros venimos a decir que el cristiano –que vive en el mundo– realiza su apostolado con su vida toda, corriente y ordinaria, cuando mete el fermento de Cristo en los ambientes y estructuras en que se mueve; cuando, con la palabra y el ejemplo –con el testimonio– enciende una luz en el alma de sus amigos, de sus compañeros de profesión y oficio, de sus vecinos; cuando santifica su hogar y no ciega las fuentes de la vida, colaborando generosamente con el Señor, para que haya en la tierra nuevos hijos de Dios. No hacemos profesión de apostolado, sino que hacemos apostolado de la profesión.
42a Apostolado con todas las almas
Somos para la masa, hijos míos, para la multitud. No hay alma a la que no queramos amar y ayudar, haciéndonos todo para todos: omnibus omnia factus sum74. No podemos vivir de espaldas a ninguna inquietud, a ninguna necesidad de los hombres.
42b Don de lenguas
Todos tienen derecho a ser iluminados acerca de su fin, y hemos de poner los medios para que el que no pueda arder, no se aparte al menos del calor y de la luz. Por eso, he pedido para vosotros el don de lenguas, para que sepáis hablar a cada uno en su lenguaje, haciéndoos cargo de sus circunstancias personales, estableciendo un diálogo de claridad: muchas veces convendrá hablar de manera menos académica, pero más asequible, siendo siervos de todos para ganarlos a todos75.
42c Acción del Espíritu Santo
No se pueden ofrecer fórmulas prefabricadas, ni métodos o reglamentos rígidos, para acercar las almas a Cristo. El encuentro de Dios con cada hombre es inefable e irrepetible, y nosotros debemos colaborar con el Señor para hallar –en cada caso– la palabra y el modo oportunos, siendo dóciles y no intentando poner raíles a la acción siempre original del Espíritu Santo.
42d Pienso que el Señor, cuando curó en sábado al hombre de la mano seca, miró con ira –circumspiciens eos cum ira, dice el evangelista– a los fariseos que le espiaban, contristatus super caecitate cordis eorum76, entristecido por la dureza de sus corazones, monopolizadores de reglamentos.
42e Don de lenguas: para que podáis atender a la muchedumbre. ¿No os conmueve contemplar a Jesús, rodeado siempre por las gentes, que se precipitaban para tocar sus vestidos, que le seguían oprimiéndole sin cesar, hasta el punto de no dejarle ni siquiera tiempo de comer? No tenía el Señor donde posar su cabeza, pero tenía amigos queridos y de confianza, felices de acogerlo en su casa, dichosos de poner a su disposición cuanto necesitara. ¡Hasta los fariseos le invitaban a su mesa!
42f Virtudes humanas
También vosotros sentiréis el calor de tantas gentes que os buscan y os seguirán buscando –sois otros Cristos–, si sois muy divinos y muy humanos; si, con la gracia de Dios, practicáis las virtudes humanas, que tantas veces faltan en quienes hacen alarde de las sobrenaturales y, por eso, con frecuencia se les viene toda la labor abajo.
42g Cultivad el arte de ser amables, la cortesía en el trato, la ausencia de toda forma de arrogancia, el carácter generoso. No seáis nunca un modelo glacial, que se puede admirar, pero no se puede amar. Gracia de Dios y buen humor: una sonrisa, sincera, limpia y abierta, aunque a veces no pueda esconder tantas amarguras humanas.
43a Participación en los problemas humanos
La vocación a la Obra no nos permite aislarnos de los problemas de nuestros contemporáneos, de sus preocupaciones, de sus inquietudes, de sus formas de cultura y de expresión. La formación que recibimos impide que jamás seamos un quiste. Por eso, no tendremos nunca que hacer un esfuerzo para ponernos al día: estamos siempre al día, porque la naturaleza misma del camino de santidad en el mundo, que hemos emprendido, nos prohíbe quedarnos retrasados.
43b Estamos siempre al día
Esos retrasos solo se pueden dar en quienes viven al margen de la sociedad, en su mundo cerrado y pequeño de cuatro paredes. De vez en cuando se asoman al mundo de los hombres de la calle y entonces, llevados muchas veces por un cierto complejo de inferioridad, inician una carrera –que resulta con frecuencia chocante y hasta ridícula– para intentar engancharse al proceso de la humanidad que marcha sin detenerse. Es fenómeno que solo cabe en quienes tienen mentalidad clerical. Pero mis hijas y mis hijos –todos nosotros– somos ese mundo de hombres de la calle, esa humanidad que avanza, siempre en evolución externa y con una interioridad constante, que no modificarán las épocas ni las civilizaciones.
44a La formación se traduce en obras
Para terminar, hijas e hijos míos, quiero deciros que toda nuestra formación debe cuajar en obras. Nuestro espíritu ha de ser sangre y vida, savia de toda la planta, para que el árbol dé frutos divinos. Se ha puesto de relieve muchas veces el peligro de las obras sin vida interior que las anime, pero se debería también subrayar el peligro de una vida interior –si es que puede existir– sin obras.
44b Obras son amores y no buenas razones: no puedo recordar sin emoción este cariñoso reproche –loquela divina– que el Señor grabó con claridad y a fuego en el alma de un pobre sacerdote, mientras distribuía la Sagrada Comunión, hace años, a unas religiosas y decía sin ruido de palabras a Jesús, hablando con el corazón: te amo más que éstas.
44c ¡Hay que moverse, hijos míos, hay que hacer! Con valor, con energía, y con alegría de vivir, porque el amor echa lejos de sí el temor77, con audacia, sin timideces. Mi madre solía decirme , siendo yo niño, y lo he recordado tantas veces: la vergüenza, para pecar. Tenéis que huir tanto de la actitud del intrépido que todo lo ve fácil, porque cree que le sobran energías, como del encogimiento del tímido, que todo lo ve con dificultad insuperable, porque cree que no tiene fuerzas.
44d Pero no olvidéis que, si se quiere, todo sale: Deus non denegat gratiam; Dios no niega su ayuda, al que hace lo que puede.
45a No faltarán dificultades
No os dejéis intimidar por la incomprensión. Los eternos censores de toda obra buena, que se hallan en todas partes, estad seguros de que tampoco nos faltarán. Cuando se trabaja –por Amor de Jesucristo– en servicio de los demás, aunque se hagan cosas excelentes, siempre surge la crítica. Solamente cuando no se hace nada, las críticas dejan en paz. Murmuraciones y maledicencias de envidiosos, las habrá siempre. Sería tan ingenuamente tonto querer suprimirlas, como impresionarnos por ellas y no actuar por miedo al qué dirán.
45b Dada la pobre condición humana –aunque los hombres sean virtuosos y aun santos–, es difícil que, al realizar una labor buena, no haya voces, incomprensiones, malas interpretaciones, celotipias. Nunca suele faltar gente, con tanta ignorancia o con tanta malicia, que no toma nada a bien: en estos casos, basta que nos comportemos honestamente, y después dejar que digan.
45c Por otra parte, debéis tener en cuenta que los héroes y los santos siempre han estorbado, son incómodos: los personajes que no se discuten, que recogen solamente atolondradas manifestaciones de asentimiento, en definitiva no suponen nada. Las almas que verdaderamente signifiquen algo, no pueden evitar un buen número de denigradores y de enemigos.
45d Los que trabajan se crean enemigos, aunque ellos no lo sean de nadie: es la envidia. En cambio, los cucos, los vividores, los que no hacen nada, los inofensivos, individuos vulgares e insensatos…, llegan plácidamente a gobernar, en no pocas ocasiones: y se nota.
45e No faltarán la gracia de Dios y la protección de Santa María
Alguna cosa hemos sufrido en tantos momentos, cuando más necesidad teníamos de oraciones y de afecto que de crítica. Pero nunca nos ha faltado la gracia de Dios y la protección de su Madre bendita y Madre nuestra, Santa María, para comprender que es providencia paternal del Señor que encontremos esa resistencia que nos hace madurar. En mi tierra, pinchan la primera florada de higos, que se llenan así de dulzura y sazonan antes. Dios Nuestro Señor, para hacernos más eficaces, nos ha bendecido con la Cruz.
45f Hijos míos, velad y permaneced firmes en la fe, comportaos virilmente y llenaos de fortaleza. Que todas vuestras cosas sean hechas en caridad. La gracia del Señor sea con todos vosotros. Mi cariño con todos vosotros en Cristo Jesús78.
45g Os bendice de todo corazón vuestro Padre.
45h Madrid, 6 de mayo de 1945
Notas
1 Cfr. Jn 1, 14; Ba 3, 38.
2 Deum nemo vidit unquam: Unigenitus Filius, qui est in sinu Patris, ipse enarravit (Jn 1, 18).
3 Et non docebit ultra vir proximum suum et vir fratrem suum, dicens: cognosce Dominum; omnes enim cognoscent me, a minimo eorum usque ad maximum, ait Dominus; quia propitiabor iniquitati eorum, et peccati eorum non memorabor amplius (Jr 31, 34) 3.
4 Universos filios tuos doctos a Domino, et multitudinem pacis filiis tuis (Is 54, 13).
5 Cfr. Jn 14, 6.
6 Cfr. Mt 11, 25-27; 1Co 1, 26-29.
7 Nemo potest venire ad me, nisi Pater, qui misit me, traxerit eum; et ego resuscitabo eum in novissimo die. Est scriptum in prophetis: et erunt omnes docibiles Dei. Omnis qui audivit a Patre, et didicit, venit ad me. Non quia Patrem vidit quisquam, nisi is, qui est a Deo, hic vidit Patrem. Amen, amen dico vobis: qui credit in me, habet vitam aeternam (Jn 6, 44-47).
8 Cfr. Hb 4, 15; Jn 8, 46 8.
9 Cfr. Mt 13, 9-23; 36-43.
10 Cfr. Lc 10, 20 10.
11 Cfr. Mt 6, 9-13; 7, 7-11; Lc 11, 1-13.
12 Cfr. Mt 16, 21-23; 20, 20-28; Lc 22, 24-28.
13 Cfr. Jn 6, 5-10.
14 Cfr. Mc 6, 31.
15 Cfr. Lc 10, 24 15.
16 Cfr. Mt 16, 21-28; Mt 17, 21-22; Mt 20, 17-19 16.
17 Cfr. 1Jn 1, 1.
18 Ad hanc enim ecclesiam, propter potiorem principalitatem, necesse est omnem convenire ecclesiam, hoc est, eos qui sunt undique fideles, in qua semper ab his, qui sunt undique conservata est ea quae est ab apostolis traditio (S. Irenaeus, Adversus Haereses, 1, III, c. 3, 2) 18.
19 Si autem tardavero, ut scias quomodo oporteat te in domo Dei conversari, quae est Ecclesia Dei vivi, columna et fìrmamentum veritatis(1Tm 3, 15).
20 Cfr. Gn 15, 1; Is 41, 10; Lc 1, 30.
21 Is 59, 1.
22 Tu es, Deus, qui facis mirabilia (Sal 77, 15).
23 Mihi omnium sanctorum minimo data est gratia haec, in gentibus evangelizare investigabiles divitias Christi (Ef 3, 8).
24 Cfr. 1Tm 1, 17; Ef 3, 11; Hb 1, 2.
25 Tradidi enim vobis in primis quod et accepi: quoniam Christus mortuus est pro peccatis nostris secundum Scripturas (1Co 15, 3). Cfr. 1Co 11, 23.
26 Gratia autem Dei sum id quod sum, et gratia eius in me vacua non fuit, sed abundantius illis omnibus laboravi: non ego autem, sed gratia Dei mecum(1Co 15, 10).
27 Et nemo mittit vinum novum in utres veteres: alioquin rumpet vinum novum utres, et ipsum effundetur, et utres peribunt: sed vinum novum in utres novos mittendun est, et utraque conservantur (Lc 5, 37 y 38).
28 Et nemo bibens vetus, statim vult novum, dicit enim: vetus melius est (Lc 5, 39).
29 1Ts 5, 19 29.
30 Qui omnes homines vult salvos fieri, et ad agnitionem veritatis venire (1Tm 2, 4).
31 Estote ergo vos perfecti, sicut et Pater vester caelestis perfectus est (Mt 5, 48).
32 Tunc Iesus dixit discipulis suis: si quis vult post me venire, abneget semetipsum, et tollat crucem suam, et sequatur me (Mt 16, 24). Et qui non accipit crucem suam, et sequitur me, non est me dignus (Mt 10, 38).
33 Cfr. 1Co 4, 9.
34 Maiorem horum non habeo gratiam, quam ut audiam filios meos in veritate ambulare (3Jn 1, 4).
35 Rm 8, 21.
36 Cfr. Gn 1, 28.
37 Cfr. Ef 1, 10.
38 Cfr. 1Co 3, 22 y 23 38.
39 Et per eum reconciliare omnia in ipsum, pacificans per sanguinem crucis eius, sive quae in terris, sive quae in caelis sunt (Col 1, 20).
40 Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret (Jn 3, 16) 40.
41 Luc. 19, 13.
42 1Co 12, 27.
43 Gn 2, 15.
44 Sicut enim homo peregre proficiscens, vocavit servos suos, et tradidit illis bona sua. Et uni dedit quinque talenta, alii autem duo, alii vero unum, unicuique secundum propriam virtutem, et profectus est statim. Abiit autem qui quinque talenta acceperat, et operatus est in eis, et lucratus est alia quinque. Similiter et qui duo acceperat, lucratus est alia duo. Qui autem unum acceperat, abiens fodit in terram, et abscondit pecuniam domini sui. Post multum vero temporis venit dominus servorum illorum, et posuit rationem cum eis. Et accedens qui quinque talenta acceperat, obtulit alia quinque talenta, dicens: domine, quinque talenta tradidisti mihi, ecce alia quinque superlucratus sum. Ait illi dominus eius: euge serve bone, et fidelis, quia super pauca fuisti fìdelis, super multa te constituam, intra in gaudium domini tui. Accessit autem et qui duo talenta acceperat, et ait: domine duo talenta tradidisti mihi, ecce alia duo lucratus sum. Ait illi dominus eius: euge serve bone, et fidelis, quia super pauca fuisti fidelis, super multa te constituam, intra in gaudium domini tui. Accedens autem et qui unum talentum acceperat, ait: domine, scio quia homo durus es, metis ubi non seminasti, et congregas ubi non sparsisti: et timens abii, et abscondi talentum tuum in terra: ecce habes quod tuum est. Respondens autem dominus eius, dixit ei: serve male, et piger, sciebas quia meto ubi non semino, et congrego ubi non sparsi: oportuit ergo te committere pecuniam meam nummulariis, et veniens ego recepissem utique quod meum est cum usura. Tollite itaque ab eo talentum, et date ei qui habet decem talenta: omni enim habenti dabitur, et abundabit: ei autem qui non habet, et quod videtur habere, auferetur ab eo. Et inutilem servum eiicite in tenebras exteriores: illic erit fletus, et stridor dentium (Mt 25, 14-30) 44.
45 2Ts 3, 10.
46 Cfr. Ez 34, 5 46.
47 Cfr. Lc 10, 38-42; Jn 11, 5; Jn 12, 1 y 2.
48 Hch 4, 32.
49 Ex quo omnis paternitas in caelis et in terra nominatur, ut det vobis secundum divitias gloriae suae, virtute corroborari per Spiritum eius in interiorem hominem (Ef 3, 15) 49.
50 2Co 6, 11.
51 Testis enim mihi est Deus, quomodo cupiam omnes vos in visceribus Iesu Christi (Flp 1, 8).
52 Nisi Dominus aedificaverit domum, in vanum laboraverunt qui aedificant eam. Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam. Vanum est vobis ante lucem surgere. Surgite postquam sederitis, qui manducatis panem doloris (Sal 127, 1 y 2) 52.
53 Hostiam viventem, sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum (Rm 12, 1) 53.
54 Tanquam lapides vivi superaedificamini, domus spiritualis, sacerdotium sanctum, offerre spirituales hostias, acceptabiles Deo per Iesum Christum (1P 2, 5) 54.
55 Ga 2, 20.
56 Si 24, 29.
57 Deus autem spei repleat vos omni gaudio, et pace in credendo (Rm 15, 13) 57.
58 Gustate, et videte quoniam suavis est Domius (Sal 34, 9) 58.
59 Tt 2, 12.
60 1Ts 5, 17.
61 Lc 17, 10.
62 Pr 8, 31.
63 Super omnes docentes me intellexi, quia testimonia tua meditatio mea est. Super senes intellexi, quia mandata tua quaesivi (Sal 119, 99 y 100).
64 Sal 31, 16.
65 Quoniam ipse cognovit figmentum nostrum; recordatus est quoniam pulvis sumus (Sal 103, 14).
66 Sal 17, 7.
67 Sed neque meipsum iudico. Nihil enim mihi conscius sum, sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me, Dominus est (1Co 4, 3 y 4) 67.
68 Ga 5, 13.
69 Ut iam non simus parvuli fluctuantes, et circumferamur omni vento doctrinae in nequitia hominum, in astutia ad circumventionem erroris (Ef 4, 14).
70 Nueva edición de las obras del Beato Juan de Ávila, Madrid 1901, 2ª ed., tomo I, p. 673.
71 1Jn 5, 4.
72 Quoniam autem in lege nemo iustificatur apud Deum, manifestum est: quia iustus ex fide vivit (Ga 3, 11) 72.
73 Jn 5, 7.
74 1Co 9, 22.
75 Cfr. 1Co 9, 19 75.
76 Mc 3, 5.
77 Cfr. 1Jn 4, 18.
78 Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini.Omnia vestra in caritate fiant (1Co 16, 13 y 14). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (1Co 16, 23 y 24) 78.
Aparato crítico
1b todos tus hijos seránm11[2],1 | todos tus hijos serán f11,1 i11,3 ] todos tus hijos (Sión) serán v11,73
2c actuar del Señor m11[2],3 i11[2],4 ] actuar el Señor v11,75 f11,2 i11,4 || más íntimos, m11[2],3 f11,2 i11,5 ] más íntimos v11,75
3a milagros[13], v11,76 ] milagros[13] m11[1],3 f11,3 i11,5
3b ambicionado[15], m11[1],3 v11,76 ] ambicionado[15] f11,3 i11,5
3c et firmamentum veritatisVg v11,77 ] et fundamentum veritatism11[1],4 | et fundamentum veritatis f11,3 i11,6
4d abbreviatav11,78 f11,4 i11,7 ] abreviatam11[1],5-6
6a insondables tesoros i11,8 | insondables tesoros f11,4 | insondables tesorosm11[2],8 ] investigables tesoros v11,79
7d no perjudique nunca m11[2],8 f11,6 i11,9 ] no dañe nunca v11,81
8b ha de pasar tiempo ] habrá de pasar tiempo f11,6 i11,10 | ha de pasar el tiempo v11,82 | habrá de pasar el tiempo m11[2],9 | Nos parece que la opción preferible sería la de «pasar tiempo», como se lee en f11 e i11, contra la versión «pasar el tiempo», que aparece en m11 y v11. San Josemaría quiere decir que es preciso que transcurran los años, para que se superen determinados estereotipos, mientras que la segunda versión, siendo correcta, resulta menos precisa, pues «pasar el tiempo» puede confundirse con estar ocioso y entretenido (según el DRAE). Respecto al uso del futuro o del presente, el discernimiento resulta algo más difícil. En m11 san Josemaría anota de su puño y letra «habrá de», tachando al mismo tiempo «tendrá que», que estaba en el original mecanografiado. La versión de v11, que parece posterior a este añadido, modifica el tiempo verbal, poniéndolo en presente, lo cual nos parece oportuno, por el contexto. El problema del que habla san Josemaría no pertenece al futuro, sino al presente: hoy, ahora, es necesario esperar, para que se supere esa situación. Pero tampoco esta versión es del todo perfecta, porque v11 usa «pasar el tiempo». Por eso, el editor propone una versión propia, que reúne parte de v11 y de f11 e i11: «ha de pasar tiempo».
8c esencial y exclusivamente en m11[2],9 f11,7 i11,10 ] esencialmente en v11,82 || el alerta, m11[2],9 f11,7 i11,10 ] el alerta v11,82
8d venire…[32]–, sin m11[2],10 | venire…”[32]–, sin f11,7 venire…[32]–, sin i11,11 ] venire…[32]– sin v11,82
9a buscan, al m11[2],10 f11,7 i11,11 ] buscan al v11,83
10a oficiales–, m11[2],11 f11,8 i11,11 ] oficiales– v11,84
10d las dificultades. m11[2],12 | las dificultades. v11,85 i11,12 ] dificultades”. f11,9 |Desechamos, en este caso, la versión de f11 porque el «las» se encuentra escrito a mano en m11[1] y en la Carta n.º 3, de donde procede la cita.
11b parece que resulta siempre m11[2],13 i11,13 ] resulta siempre v11,85
12c unidad del apostolado m11[1],14 f11,10 i11,14 ] unidad de apostolado v11,87
12d preocupación de que m11[3],15 i11[2],14 ] preocupación para que v11,87 | preocupación por que f11,11 i11,14
12e puerto, y no v11,87 ] puerto y no m11[1],15 f11,12 i11,14
13b por alcanzar la perfección m11[2],16 f11,11 i11,15 ] por la busca de la perfección v11,88 || hemos de intentar trabajar con perfección humana, m11[2],16 i11,15 ] tenemos que buscar la perfección humana, v11,88
13d del trabajo diversa m11[2],17 f11,12 i11,15 ] del trabajo, diversa v11,89
14b una sociedad justa v11,90 ] una comunidad justa m11[1],17 f11,13 i11,16 |Preferimos «sociedad» porque nos parece más adecuada al contexto, pues es un vocablo con un alcance más amplio y universal que «comunidad».
14c lo afeamos, y v11,90 ] lo afeamos y m11[1],18 f11,13 i11,16
15b social únicamente m11[2],19 f11,14 i11,17 ] social, únicamente v11,91
16a Señor, con v11,92 ] Señor con m11[1],20 f11,14 i11,18 || –vocacional–, del m11[2],20 f11,14 i11,18 ] –vocacional– del v11,92
16c grave, y f11,15 i11,18 ] grave y m11[1],20 v11,93
18a constancia–, a m11[2],22 f11,16 i11,20 ] constancia– a v11,95
20d trata de fomentar, con este medio, la vida de piedad y las virtudes sacerdotales de los v11,95 ] se trata de dar, con este medio, vida de piedad y virtudes sacerdotales a los m11[1],24 f11,17 i11,22
21c actuarán nuestros m11[2],25 f11,18 i11,22 ] actúan nuestros v11,95 || procurarán educar m11[2],25 f11,18 i11,22 ] procuran educar v11,95 || germinarán espontáneamente, m11[2],25 f11,18 i11,22 ] germinan espontáneamente, v11,95
23a familia no m11[2],27 f11,19 i11,24 ] familia, no v11,99
23b Señor, de i11,24 | Señor, de m11[1],27 | Señor, “de f11,19 ] Señor de v11,99 || procede toda paternidad, toda familia, ] procede toda familia m11[1],27 | procede toda paternidad, toda familia, v11,99 | procede toda familia f11,19 | procede toda familia i11,24 |La traducción exacta de Ef 3,15 no incluye «toda familia», sino simplemente «toda paternidad». Por eso, proponemos una versión en la que «toda familia» aparece en redonda, como una aposición del autor, no como parte del texto bíblico, que queda en cursiva.
24 modo de ser v11,100 ] modo de vivir m11[1],28 f11,20 i11,24 || –no somos iluminados–, m11[1],28 f11,20 i11,25 ] –no somos carismáticos–, v11,100 || está matizada m11[2],28 f11,20 i11,25 ] viene matizada toda ella v11,100-101 | En m11 san Josemaría escribe a mano «iluminados» tachando la palabra mecanografiada «iluminitas». Quería corregir un error, porque ese vocablo no existe en castellano. Sí existe «iluminista», que es sinónimo de «iluminado o alumbrado», es decir, perteneciente a una corriente herética del siglo XVI que se caracterizaba, entre otras cosas, por confiar solo en la ayuda de Dios, rechazando temerariamente las obras y los sacramentos, y también la formación teológica. La misma corrección se encuentra más adelante, cuando tacha «iluministas», esta vez bien escrito, para escribir «iluminados». Además, para quien vive en Italia desde hace muchos años, como sucedía a san Josemaría, «iluminista» puede fácilmente confundirse con la misma palabra italiana, que significa, en cambio, «ilustrado», es decir, perteneciente al siglo de las luces o de la ilustración. En cualquier caso, está claro que la intención de san Josemaría aquí es rechazar la postura de quienes confían solo en la gracia de Dios y descuidan la propia formación, como hacían los iluminados o alumbrados. Por alguna razón, la versión de v11 empleó «carismático» en vez de «iluminado». Esta lección nos parece peor que «iluminado», ya que los carismáticos no se caracterizan por prescindir del estudio o de la formación doctrina-religiosa o espiritual, cosa que sí pasaba con los iluminados o alumbrados del s. XVI. Además, cabe el riesgo de parecer una crítica al fenómeno de la renovación carismática, que surgió precisamente en 1967 en ámbito católico y al que san Josemaría seguramente no podía aludir, porque todavía era poco conocido en 1967-68, cuando se realizó la versión de v11. Por otro lado, sabemos que la devoción al Espíritu Santo y a sus carismas creció mucho en esos años en la vida de Escrivá, llevándole a publicar la homilía El Gran Desconocido en 1969 y a consagrar el Opus Dei al Espíritu Santo en 1971. Decididamente, «no somos iluminados» parece la expresión más precisa y adecuada para significar que, junto a la «gracia especial», necesaria para vivir una «vida dedicada al Señor en medio del mundo», no se puede rechazar «una formación específica» que también es fundamental.
25d en los socios de la Obra, m11[1],30 f11,21 i11,25 ] en los miembros de la Obra, v11,102 | Otra incidencia en la que es preciso efectuar un discernimiento. Con toda probabilidad, la versión de v11 («miembros») es posterior a la de m11[1], de la que proviene también i11 («socios»). Sin embargo, nos parece que hablar de socios se acerca más al pensamiento del autor en esos años, en los que deseaba distanciarse de la figura del instituto secular, subrayando la distinción con la vida consagrada. Cfr. Conversaciones, OC,I/3, pp. 106-107.
30b profesional; y, v11,106 ] profesional y, m11[1],34 f11,24 i11,29
31a justicia–, con m11[2],35 f11,25 i11,29 ] justicia– con v11,106
31c más sabios que los maestros y más prudentes que los ancianos[63]. v11,107 ] más prudentes que los maestros y más sabios que los ancianos[63]. m11[1],36 f11,25 i11,29 |Nos parece que la versión del volumen mejora la redacción.
32b recibir serenamente y agradecer v11,107 ] recibir y agradecer m11[1],37 f11,26 i11,31 || que de nada m11[1],37 v11,108 i11,31 ] que nada f11,26
33b La Obra cuida, al mismo tiempo, de que tengamos f11,26 i11,31 ] La Obra cuida, al mismo tiempo, que tengamos m11[1],37 v11,109 || que nos proporciona el Opus Dei –y toda la labor de la Obra es dar formación, en una inmensa catequesis– f11,26 i11,32 ] que nos proporciona –y toda la labor de la Obra es dar formación, en una inmensa catequesis– m11[2],37 | que nos da –y toda la labor de la Obra es formación, una inmensa catequesis– v11,109 | Preferimos en este caso la lección de f11 e i11 porque mejora el texto. El «de», añadido a «que tengamos», refuerza el complemento indirecto y el sentido intransitivo del verbo; en la segunda incidencia, con el añadido «el Opus Dei» concreta mejor el sujeto de «proporciona».
33c actividades, que v11,110 ] actividades que m11[1],38 f11,27 i11,32
34a Obra, solo m11[1],38 f11,27 i11,32 ] Obra solo v11,110
35b confundir por inercia en una masa informe, ni v11,111 ] confundir inertemente en una masa informe ni m11[1],40 f11,28 i11,33
36a unidad con la Cátedra v11,112 ] unidad de la Cátedra m11[1],41 f11,29 i11,34 || salvaguardia m11[3],41 ] salvaguarda v11,111 f11,29 i11,34
36c surgen los iluminados, m11[2],41 f11,29 i11,34 ] surgen los carismáticos, v11,113 || les parecen axiomáticas f11,29 ] les parecen panaceas axiomáticas m11[1],41 v11,113 i11,34 | Preferimos la versión de f11 que suprime «panaceas»; se evita así la redundancia e imprecisión de la frase. En efecto, «axiomáticas» no va bien con «panaceas», que significa «remedios universales», a los que resulta un poco forzado aplicar el adjetivo de «axiomáticas», que quiere decir «incontrovertible, evidente» (cfr. DRAE, lemas «panacea» y «axiomático, ca»).
36d en oyendo m11[1],42 v11,113 i11,35 ] oyendo f11,30
37a propiedad privada, los v11,114 ] propiedad privada; los m11[1],42 f11,30 i11,35 || derechos esenciales m11[2],43 f11,30 i11,35 ] derechos fundamentales v11,114
37b condenados ya muchas v11,114 ] condenados muchas m11[1],43 f11,30 i11,35
37c seguridad; y m11[2],43 f11,30 i11,36 ] seguridad y v11,114
39a enseñándoles a administrar v11,115 ] enseñándolas a administrar m11[1],44 f11,31 i11,37
39b cada uno, y v11,116 ] cada uno y m11[1],45 f11,31 i11,37
40a servicio a los demás. m11[1],46 v11,117 i11,38 ] servicio a las almas. f11,32 |Lectura que presenta algunas dudas. La lección «a los demás» aparece en todas las fuentes, menos en f11, que presenta «a las almas». El «servicio a los demás» concuerda mejor con el contexto, que es el trabajo, una de cuyas características es precisamente el espíritu de servicio. Por otro lado, «servicio a las almas» concuerda con el apostolado, del que también habla –aunque con un punto y seguido de separación– en el mismo párrafo y los siguientes. Para evitar la repetición de «almas» que aparece en el mismo párrafo y dos veces en el siguiente, y por el peso que tienen las demás fuentes y el contexto, en este caso también preferimos no seguir la lección de f11.
43a la formación que v11,120 ] formación, que m11[2],50 f11,35 i11,41
45b y aun santos–, f11,37 i11,42 ] y aun santos– m11[1],52 v11,123 || o con tanta malicia m11[1],52 v11,123 i11,42 ] con tanta malicia f11,37 | Las dos variantes son posibles, pero la repetición de «con» en el párrafo otorga paralelismo y énfasis («con tanta ignorancia» / «con tanta malicia»), que nos parece preferible, habida cuenta también de la unanimidad con que aparece en tres de cuatro fuentes.
45d e insensatos…, f11,38 i11,43 ] e insensatos… m11[1],53 v11,123
45f y llenaos de fortaleza. m11[1],54 v11,124 i11,43 ] y llenos de fortaleza f11,38 |También aquí estamos ante una duda. La versión de f11 traduce «confortamini» como «y llenos», que nos parece más deficiente que la lección propuesta por las demás fuentes: «y llenaos de fortaleza».
nt3 a minimo eorum usquem11[1],55 | a minimo eorum usque v11,73 i11,3 Vg ] a minimo usque f11,1)
nt8 Cfr. Hebr. IV, 15; ] Cfr. Hebr. IV, 14; m11[1],56 | Cfr. Hebr. IV, 14; f11,1) | Cfr. Hebr. IV, 14; f11,1) i11,4 | Cfr. Hebr. IV, 14 y 15; v11,74
nt10 Cfr. Luc. X, 20. ] Cfr. Luc. XVII, 20. m11[1],56 | Cfr. Luc. XVII, 20. v11,75 i11,5 | Cfr. Luc. XVII, 20.f11,1)
nt15 Cfr. Luc. X, 24. v11,76 ] Cfr. Luc. X, 34. m11[1],56 | Cfr. Luc. X, 34. f11,1) | Cfr. Luc. X, 34. i11,5
nt16 Cfr. Matth. XVI, 21-28; XVII, 21-22; XX, 17-19. ] Cfr. Matth. XVI, 21-28; XVII, 21-27; XX, 17-34. m11[1],56 | Cfr. Matth. XVI, 21-28; XVII, 21-27; XX, 17-34. v11,76 | Cfr. Matth. XVI, 21-28; XVII, 21-27; XX, 17-34. f11,1) | Cfr. Matth. XVI, 21-28; XVII, 21-27; XX, 17-34. i11,5
nt18 (S. Irenaeus, Adversus Haereses, 1, III, c. 3, 2). ] (S. Irenaeus, Adversus Haereses, 1, III, c. 3, 2). v11,77 | (S. Irenaeus, Adv. haer. 3, 3, 2). i11,5 | (S. Irenaeus, Adv. haer. 3, 3, 2). m11[1],56 | (S. Irenaeus, Adv. haer. 3, 3, 2). f11,2)
nt29 I Thes. V, 19. ] I Thes. V, 19. v11,81 | Spiritum nolite extinguere (I Thes. V, 19). m11[1],58 | Spiritum nolite extinguere (I Thes. V, 19). i11,9 | Spiritum nolite extinguere (I Thes. V, 19). f11,2)
nt38 Cfr. I Cor. III, 22 y 23. ] (I Cor. III, 22 y 23). m[2]12,58 | Omnia enim vestra sunt, sive Paulus, sive Apollo, sive Cephas, sive mundus, sive vita, sive mors, sive praesentia, sive futura: omnia enim vestra sunt… (I Cor. III, 22 y 23). v11,90 | Omnia enim vestra sunt, sive Paulus, sive Apollo, sive Cephas, sive mundus, sive vita, sive mors, sive praesentia, sive futura: omnia enim vestra sunt (I Cor. III, 22 y 23). i11[2],16 | Omnia enim vestra sunt, sive Paulus, sive Apollo, sive Cephas, sive mundus, sive vita, sive mors, sive praesentia, sive futura: omnia enim vestra sunt (I Cor. III, 22). i11,16 | Omnia enim vestra sunt, sive Paulus, sive Apollo, sive Cephas, sive mundus, sive vita, sive mors, sive praesentia, sive futura: omnia enim vestra sunt (I Cor. III, 22). f11,3)
nt40 Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret (Ioann. III, 16). | Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret (Ioann. III, 16). v11,93 ] Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret: ut omnis qui credit in eum, non pereat, sed habeat vitam aeternam (Ioann. III, 16). m11[1],59 | Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret: ut omnis qui credit in eum, non pereat, sed habeat vitam aeternam (Ioann. III, 16). i11,19 | Sic enim Deus dilexit mundum, ut Filium suum unigenitum daret: ut omnis qui credit in eum, non pereat, sed habeat vitam aeternam (Ioann. III, 16). f11,3)
nt44 Abiit autem qui quinquei11,19 | Abiit autem qui quinque v11,93 f11,3) ] Abiit qui quinquem11[1],59 || habet, et quod videtur i11,19 | habet, et quod videtur v11,93 f11,4) ] habet, quod videturm11[1],60
nt46 Cfr. Ezech. XXXIV, 5. i11,21 | Cfr. Ezech. XXXIV, 5. m11[2],61 | Cfr. Ezech. XXXIV, 5. f11,4) ] Et salvabit eos Dominus Deus eorum in die illa, ut gregem populi suoi, quia lapides sancti elevabuntur super terram eius (Zach. IX, 16). v11,95-96
nt49 (Ephes. III, 15). ] (Ephes. III, 15 y 16). i11,24 | (Ephes.III, 15 y 16). m11[1],61 | (Ephes. III, 15 y 16). v11,95-96 | (Ephes. III, 15 y 16). f11,4)
nt52 Nisi Dominus aedificaverit domum, in vanum laboraverunt qui aedificant eam. Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam. Vanum est vobis ante lucem surgere. Surgite postquam sederitis, qui manducatis panem doloris (Ps. CXXVI, 1 y 2). | Nisi Dominus aedificaverit domum, in vanum laboraverunt qui aedificant eam. Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam. Vanum est vobis ante lucem surgere. Surgite postquam sederitis, qui manducatis panem doloris (Ps. CXXVI, 1 y 2). v11,102 ] Ps. CXXVI, 1 y 2. m11[1],61 | Ps. CXXVI, 1 y 2. i11,26 | Ps. CXXVI, 1 y 2. f11,5)
nt53 Hostiam viventem, sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum (Rom. XII, 1). | Hostiam viventem, sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum (Rom. XII, 1). v11,103 ] Rom. XII, 1. m11[1],61 | Rom. XII, 1. i11,27 | Rom. XII, 1. f11,5
nt54 Tanquam lapides vivi superaedificamini, domus spiritualis, sacerdotium sanctum, offerre spirituales hostias, acceptabiles Deo per Iesum Christum (I Petr. II, 5). | Tanquam lapides vivi superaedificamini, domus spiritualis, sacerdotium sanctum, offerre spirituales hostias, acceptabiles Deo per Iesum Christum (I Petr. II, 5). v11,103 ] I Petr. II, 5. m11[1],61 | I Petr. II, 5. i11,27 | I Petr. II, 5. f11,5
nt57 Deus autem spei repleat vos omni gaudio, et pace in credendo (Rom. XV, 13). i11,28 | Deus autem spei repleat vos omni gaudio, et pace in credendo (Rom. XV, 13). f11,5) ] Cfr. Rom. XV, 13. v11,104 | Etenim Christus non sibi placuit, sed sicut scriptum est: improperia improperantium tibi cediderunt super me (Rom. XV, 13). m11[1],61
nt58 Gustate, et videte quoniam suavis est Domius (Ps. XXXIII, 9). | Gustate, et videte quoniam suavis est Domius (Ps. XXXIII, 9). v11,104 ] Ps. XXXIII, 9. m11[1],62 | Ps. XXXIII, 9. i11,28 | Ps. XXXIII, 9. f11,5)
nt67 Sed neque meipsum iudico. Nihil enim mihi conscius sum, sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me, Dominus est (I Cor. IV, 3 y 4). i11[2],31 ] Neque meipsum iudico. Nihil enim mihi conscius sum: sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me, Dominus est (I Cor. IV, 3 y 4). v11,109 | Sed neque meipsum iudico. Nihil enim mihi conscius sum, sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me, Dominus est (I Cor. 3 y 4). i11,31 | Sed neque meipsum iudico. Nihil enim mihi conscius sum, sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me, Dominus est (I Cor. 3 y 4). f11 | Qui loquitur lingua, semetipsum aedificat: qui autem prophetat, Ecclesiam Dei aedificat (I Cor. IV, 14). m11[1],62
nt72 Quoniam autem in lege nemo iustificatur apud Deum, manifestum est: quia iustus ex fide vivit (Galat. III, 11). | Quoniam autem in lege nemo iustificatur apud Deum, manifestum est: quia iustus ex fide vivit (Galat. III, 11). v11,116 ] Galat. III, 11. m11[1],63 | Galat. III, 11. i11,37 | Galat. III, 11. f11,6)
nt75 Cfr. I Cor. IX, 19. v11,119 i11,39 | Cfr. I Cor. IX, 19. f11,6) ] I Cor. IX, 19. m11[1],63
nt78 Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini. Omnia vestra in caritate fiant (I Cor. XVI, 13 y 14). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (I Cor. XVI, 23 y 24). | Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini. Omnia vestra in caritate fiant (I Cor. XVI, 13 y 14). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (I Cor. XVI, 23 y 24). v10,124 ] Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini (I Cor. XVI, 13). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (I Cor. XVI, 23 y 24). m11[1],63 | Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini (I Cor. XVI, 13). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (I Cor. XVI, 23 y 24). i11,43 | Vigilate, state in fide, viriliter agite, et confortamini (I Cor. XVI, 13). Gratia Domini nostri Iesu Christi vobiscum. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu. Amen (I Cor. XVI, 23 y 24). f11,6)
Carta «Divinus magister»
Contexto e historia
La cronología de la composición de esta Carta es casi desconocida, pero forma parte del grupo que san Josemaría escribió o terminó después de haber pedido a sus hijas e hijos que le enviaran temas «de nuestra espiritualidad y de nuestra labor apostólica, y problemas determinados que os parezcan de mayor importancia» sobre los que él podría redactar nuevos documentos, aprovechando «mucho material escrito» que tenía recogido 1. Esto sucedía en junio de 1965 y en diciembre de ese mismo año, estaban ya saliendo de la imprenta esta y otras Cartas, que se distribuyeron en enero de 1966.
Todo hace suponer que tenía ya el tema bien trabajado y que contó con la ayuda de secretarios que le prepararon una primera versión del material necesario.
En todo caso, el Fundador sitúa idealmente este documento en un momento de la que llamaba batalla de la formación 2, es decir, cuando muchos miembros célibes estaban pidiendo la admisión en la Obra, a mitad de los años cuarenta, y era urgente formarles bien en el espíritu del Opus Dei. De ahí saldrían los que serían protagonistas de la expansión, quienes transmitirían a las generaciones futuras el genuino legado del Fundador, aquellos que, con el tiempo, serían responsables de la formación de los demás, o en el caso de los varones, recibirían la ordenación sacerdotal y tomarían a su cargo los cuidados pastorales de las personas del Opus Dei.
Era oportuno, por lo tanto, situar un documento dedicado a la formación espiritual, profesional, humana y doctrinal-religiosa en medio de la batalla de la formación. En realidad, esta batalla no había terminado –ni quizá acabará nunca–, y a mediados de los años sesenta debía de ser una necesidad sentida en la Obra, porque san Josemaría juzgó oportuno dedicarle un texto como este.
Podría también existir otro motivo. En 1965, el Fundador contaba con un numeroso plantel de miembros, tanto laicos como sacerdotes, que habían asimilado el espíritu de la Obra, y que lo transmitían a otros con fidelidad. En la Ciudad eterna funcionaban a pleno régimen los dos Colegios Romanos, dedicados a la formación más intensa y profunda de hombres y de mujeres, y en muchos países había también Centros de estudios para diversos tipos de miembros. Una Carta de estas características resultaba muy útil en ese contexto.
No dice en ella nada nuevo, pero recoge de modo bastante completo un aspecto central en la misión del Opus Dei como es el formar y sostener a sus miembros para que busquen la santidad en el trabajo y en sus condiciones normales de la vida.
En los años sesenta, el Fundador está escribiendo varios millares de páginas de sus Cartas para preservar el genuino espíritu de la Obra, creando un corpus de doctrina que garantice una correcta interpretación teológica sobre el estatus eclesial del Opus Dei y de sus miembros. Era cada vez más evidente que la figura jurídica del Instituto Secular no tutelaba frente a posibles interpretaciones erróneas acerca de la genuina naturaleza de algunos elementos del espíritu, como la secularidad de los miembros o la inserción de la Obra en la misión de la Iglesia.
De ahí, a nuestro juicio, que el Fundador haya pensado en una Carta que tratase de un tema tan importante y central en la misión de la Obra, como la formación de sus miembros.
Fuentes y material previo
En AGP se conserva una carpeta (serie A.3, 92-4), que contiene el manuscrito original (m11), mecanografiado a doble espacio en 63 cuartillas de grueso gramaje, con el habitual formato apaisado de 21,5 x 16 cm., que estuvieron grapados en dos cuadernillos. El número de correcciones autógrafas de san Josemaría es parecido a los demás manuscritos: unas 2-3 por página, en general de pocas palabras, que precisan algún concepto, evitan repeticiones o corrigen errores. También aquí se nota que fueron realizadas en momentos separados, pues se percibe un diverso trazo y color de tinta en las anotaciones, fruto del uso de plumas estilográficas diversas.
El título aparece en las primeras cuartillas de los dos cuadernillos: «Divinus Magister, 6-5-1945.» Las notas se encuentran al final del manuscrito, como en los precedentes casos.
En el volumen III, la carta n.º 11 se encuentra entre las páginas 71 y 124.
Los folios mecanografiados (f11) suman cuarenta y cuatro hojas y no presentan ninguna enmienda autógrafa. En la primera página, san Josemaría escribió a mano, en bolígrafo rojo: «Se puede imprimir / 3-4-74 / M».
La impresión de 1985 (i11) tiene 43 páginas (en formato 17 x 24 cm), con la habitual encuadernación en rústica. En el expediente de AGP se conservan dos ejemplares; uno de ellos (i10[2]) conserva cuatro pequeñas correcciones en bolígrafo rojo, que podrían ser del beato Álvaro del Portillo o de su sucesor Javier Echevarría (en pp. 4, 14, 16 y 31). Se trata de erratas que se pensaba corregir en futuras reimpresiones.
Cuestiones de crítica textual
No hay cuestiones de gran relevancia. En el aparato crítico comentamos en nota varias decisiones que han requerido un mayor esfuerzo de discernimiento, para armonizar pequeñas variantes.
Contenido
La Carta comienza recordando cómo Jesucristo formó a sus Apóstoles (§§1-3). Hoy día, es el Espíritu Santo quien principalmente forma a los cristianos, como Maestro interior (§§4-7). En el Opus Dei hay una formación específica, laical, diferente de los estados de perfección, que lleva a buscar la santidad en medio del mundo (§§8-12).
La formación específica en la Obra capacita para vivir con fidelidad la propia vocación, concretamente la santificación del trabajo, porque la vocación profesional es parte de la vocación divina (§§13-18).
Esa formación es continua y cubre diversos aspectos: humano, espiritual, doctrinal religioso, apostólico y profesional (§§19-21). A continuación, explica la función de la peculiar vida de familia del Opus Dei en esa formación (§§22-23).
La formación espiritual lleva a la contemplación, a la piedad, a la humildad (§§24-32). Tiende a hacer personas libres, capaces de actuar con responsabilidad (§§33-35)
La formación doctrinal religiosa apunta a la fidelidad al magisterio de la Iglesia y requiere un estudio serio (§§36-38). Toda la formación se funda en la confianza (§39).
A continuación aborda la formación apostólica (§§40-43), que lleva a sentir el peso de las almas que están lejos de Cristo y a saber que el cristiano «realiza su apostolado con su vida toda, corriente y ordinaria, cuando mete el fermento de Cristo en los ambientes y estructuras en que se mueve; cuando, con la palabra y el ejemplo –con el testimonio– enciende una luz en el alma de sus amigos, de sus compañeros de profesión y oficio, de sus vecinos; cuando santifica su hogar y no ciega las fuentes de la vida» (§41c).
La Carta termina recordando que la formación tiene que cuajar en obras, sin temer las críticas o la oposición (§§44-45).
Notas de las introducciones al texto crítico anotado
1 Nota 78/65, del 13 de junio de 1965, AGP, serie E.1.3, 244-4.
2 Cfr. Actas del primer Congreso General de la Sección de mujeres del Opus Dei, 11 de octubre de 1951, en AGP, serie D.1, 457-2-8, en Francesc CASTELLS I PUIG – José Luis GONZÁLEZ GULLÓN, «El I Congreso general del Opus Dei, 1951», SetD 15 (2021), p. 53.