Carta «Numquam antehac»
Carta nº 12. Sobre el apostolado de la opinión pública, como servicio a Dios y a los hombres por medio del trabajo en el mundo de la comunicación; también designada por el íncipit Numquam antehac, lleva la fecha del 30 de abril de 1946 y salió impresa el 22 de noviembre de 1966.
1a La libertad, don de Dios
Nunca los hombres han hablado tanto de libertad como ahora. Y es que el Señor, creándonos a su imagen y semejanza 1 en su infinita bondad y misericordia, dio al hombre como prueba maravillosa de amor –como privilegio podríamos decir, pensando en los demás seres creados–, este chispazo de la Sabiduría divina que es el entendimiento; una participación en su poder creador, a través del santo sacramento del matrimonio; y el tesoro de la libertad, que le hace responsable, consciente de sus actos, capaz de merecer u ofender, de perdonar o de guardar resentimiento, de odiar o de amar.
1b Característica del espíritu de la Obra
Este don precioso de la libertad, que tantas veces he exaltado porque es una característica esencial del espíritu de nuestra Obra –somos libérrimos–, me ha llevado a decir –basándome en aquellas palabras de la Escritura Santa: Dominus autem spiritus est; ubi autem Spiritus Domini, ibi libertas 2, que aplico al origen divino del Opus Dei y a la realidad de nuestra vida– que, para mí y para mis hijos, la razón más sobrenatural de la entrega y del Amor es esta: porque me da la gana, porque quiero, porque no hay nada en el mundo que me pueda separar de la caridad de Cristo 3. Y la caridad, el Amor, es Dios: Deus caritas est 4.
1c No en vano, vos enim –os repetiré con el Apóstol– in libertatem vocati estis 5, habéis sido llamados, a la Obra de Dios, para vivir y hacer vivir a los hombres esta misma libertad, qua libertate Christus nos liberavit 6, que consiguió para nosotros, a precio de sangre –con su vida, por su muerte– Cristo Jesús.
2a Ansia de libertad en los pueblos
Se siente palpitar, en algunos pueblos que acaban de salir de la tiranía, y en otros que han caído bajo el yugo despótico y materialista del comunismo, un deseo santo de libertad cristiana. Conviene que recemos, por esas naciones y por la humanidad entera, para que el Señor se digne librar a sus hijos, los hombres, de tan dura catástrofe; para que nunca más pueda contar la historia el hecho triste y absurdo de esa clase de esclavitud moderna, que dogmatiza en asuntos temporales, arrancando a la persona –con la violencia– sus derechos más inalienables y elementales.
2b La falsa libertad
Hay, de otra parte, en el ambiente general de los pueblos, un afán desmedido hacia una falsa libertad: todos reclaman la libertad, en todo parece que se puede conceder más. Se advierte la existencia de un deseo desordenado, porque más que libertad es desenfreno, pérdida del sentido cristiano de la vida.
2c La verdadera libertad
En nombre de una libertad que es ficticia –porque solo veritas liberabit vos 7, únicamente la verdadera libertad, basada en el conocimiento y en la práctica de la doctrina de Jesucristo, nos hará libres–, los individuos todos, los pueblos en masa, se sienten capaces de los mayores sacrificios, con la vana esperanza de lograr en este mundo una felicidad, que Dios ha prometido para la vida eterna.
2d No se dan cuenta, quienes torcidamente luchan por esta libertad, que están adorando, como pueblo descarriado de Dios –populus vero meus mutavit gloriam suam in idolum 8–, a los ídolos: porque, profiriendo discursos pomposos llenos de vanidad, atraen con el cebo de apetitos carnales de lujuria a los que, poco antes, habían huido de la compañía de los que profesan el error prometiéndoles libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción 9.
2e Porque consumen su existencia en aras de una idea social que tiene la libertad por cobertura de la maldad10, para someter a las gentes a la opresión más brutal; porque se autosugestionan y cierran sus oídos a la verdad, para aplicarlos a las fábulas: ad fabulas autem convertentur11. Así, tarde o temprano, al ver frustradas sus egoístas aspiraciones, una parte considerable de la humanidad se sumerge en un clima de descreimiento y escepticismo.
3a Solo la gracia de la libertad
Debemos, pues, alegrarnos los cristianos –nosotros, los llamados in libertatem gloriae filiorum Dei12–, sabiendo que, no sin algún designio de la divina Providencia, los tiempos modernos aparecen tan sensibles a los valores naturales de la libertad, que solo en la elevación al orden de la gracia encuentran su plena realización y su perfecto cumplimiento.
3b Responsabilidad apostólica
Aunque veamos tantas desviaciones, incluso aberraciones, en ese afán de libertad, eso no nos ha de apartar de los demás hombres: por el contrario, nos sentiremos más dispuestos a trabajar con toda el alma para que los individuos, los grupos sociales y la humanidad entera, descubran y busquen la verdadera libertad.
3c Solo Nuestro Señor puede darnos la verdadera libertad, porque vino praedicare captivis remissionem et caecis visum, dimittere confractos in remissionem13; a anunciar libertad a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a soltar las amarras de los que están oprimidos.
4a Factores del afán moderno por la libertad
Los medios de información
Muchos son, y de diversa índole, los factores que han contribuido a despertar, en esta época y en todas las gentes, esa especie de frenesí por la libertad. Unos, pasados, en cuya consideración no me quiero detener; otros, recientes, de nuestros días. Pensad en la estructuración actual de la sociedad: la tendencia, gradualmente creciente, a uniformar los estamentos sociales; la posibilidad de seguir, día a día, los acontecimientos más trascendentales de la humanidad; el ansia de lujo y diversión; en una palabra, la aparición –en proporciones alarmantes, por universales– de un fenómeno típico de nuestro tiempo: las fuentes de información y los nuevos métodos de comunicar las informaciones.
4b Rapidez y extensión de la información
No era imaginable, en otros tiempos, una rapidez tan vertiginosa en la transmisión y difusión de escritos, sonidos e imágenes; ni, por supuesto, una extensión tan universal y un influjo tan uniforme como el ejercido por estos medios; ni una complejidad tan grande de los procesos técnicos, industriales y comerciales, en las empresas de este género; ni, en fin, la trascendencia tan directa que tienen estas actividades en la instrucción y formación humana, moral, social y religiosa: de ahí su extraordinaria importancia.
4c Nunca se ha podido hacer una labor de propaganda tan abundante como la que ahora se realiza. Bastan pocos minutos, para que una noticia, verdadera o falsa, explote en millares de periódicos y revistas del mundo entero, en la radio, en los noticiarios cinematográficos, llegando inmediatamente a todos los rincones de la tierra.
5a Tres funciones de estos medios
Todos estos medios, además, suelen tener tres funciones distintas, aunque de ordinario –según su naturaleza, el fin y las diversas circunstancias– predomina una u otra, anulando casi por completo a las demás: informan sobre los acontecimientos de actualidad; expresan y comentan opiniones e ideas; y, de algún modo, distraen, descansan, divierten, por contener alicientes para el gusto estético, o la curiosidad, o la simple fantasía.
5b Por cada una de estas tres funciones, los instrumentos de comunicación colectiva proporcionan o prometen a los lectores, espectadores u oyentes, mayor libertad: con la información, el hombre busca conocer a fondo la situación –el medio– en el que tiene que vivir y trabajar, para evitar que circunstancias imprevistas o datos desconocidos le impidan dirigirse libremente hacia la consecución de los fines que se propone; con el conocimiento de las opiniones de las personas que le parecen autorizadas y veraces, pretende disponer de una guía para valorar la realidad en todos sus aspectos y dominarla mejor, superando las limitaciones impuestas por el ambiente pequeño en el que vive; con el esparcimiento, procura liberarse del peso de las preocupaciones y de la fatiga, para poder luego, más serenamente y con renovadas energías, reemprender su trabajo ordinario.
6a La función de informar
La información, muy especialmente, es una función de los medios de comunicación colectiva a la que todo el mundo, con razón, atribuye un enorme valor de libertad. La disponibilidad de fuentes de información es considerada como una de las necesidades más elementales, y su privación como un castigo inhumano, tanto que ni a los encarcelados ordinariamente se les impide recibir alguna publicación, aunque las seleccionen.
6b En el plano político, por otra parte, no se concibe hoy la posibilidad de una participación responsable de los ciudadanos en la vida social –que tiene una complejidad muy superior a la que el individuo puede abarcar con la visión directa–, sin la existencia de medios de información adecuados, que sigan de cerca los acontecimientos de interés general.
6c Vosotros, hijas e hijos míos, comprendéis perfectamente esa hambre, esa necesidad: no solo la sentís del mismo modo que todos vuestros conciudadanos –sois uno más, entre ellos–, sino que además os sale del alma, como parte del afán apostólico que os empuja a conocer, a estar metidos en las encrucijadas del mundo, en las situaciones y estructuras temporales, a las que pertenecemos por nuestra condición secular, y de las que debemos ser –es nuestra vocación divina– la sal y la luz.
7a La función de expresar opiniones
Pero también por lo que se refiere a las opiniones y a su mutuo influjo, es razonable que a los modernos medios de información se les atribuya tanta importancia para el progreso de la libertad humana; hasta tal punto que, precisamente por este aspecto, nació el llamado problema de la libertad de expresión.
7b Porque esos medios han venido a ser, en parte, como la voz de los ciudadanos frente a los poderes públicos, estén o no libremente elegidos y controlados por el pueblo. Y siendo tan poderoso hoy el Estado –que tiene la tendencia a entrometerse hasta en las manifestaciones de vida más personales y privadas–, nada más legítimo que ese deseo, que tienen los grupos intermedios y las personas particulares, de poder manifestar las propias opiniones y ejercer en la sociedad una fuerza que sirva para equilibrar la de los poderes públicos.
7c La intervención estatal
Es verdad que esa función –la que se suele llamar de opinión pública– ordinariamente la cumplen los medios de expresión de un modo más aparente que real, hasta el punto de que no pocas veces es el mismo Estado el que promueve o domina esos medios –de la misma manera que en muchos países ha llegado a dominar la enseñanza en todos sus grados y formas–, utilizándolos como un instrumento más para extender su poder.
8a Posibilidad de dar libertad
Pero eso no quita que los medios de comunicación colectiva sean intrínsecamente capaces de ofrecer a los hombres la posibilidad de hacer respetar su libertad frente a una máquina estatal, que tiende necesariamente a nivelarlos, a prescindir de su opinión personal y de sus gustos, porque quiere reducir al mínimo los imprevistos que puedan obstaculizar la labor planificadora.
8b Por otra parte, como la difusión de los métodos de comunicación colectiva depende de la aceptación que tengan en un determinado público, muchas veces –aun en contra de los mismos intereses e intenciones de quienes los manejan– no pueden dejar de reflejar los gustos, las exigencias, las aspiraciones y, en definitiva, las opiniones de los hombres que forman ese público.
8c Eficacia educadora
Hay además otra función de libertad humana que se suele atribuir a esos medios: la formación intelectual y moral, como parte de la lucha contra la ignorancia. No se exagera nada cuando se dice que los medios de comunicación colectiva constituyen hoy un canal –o incluso una fuente– de influjo educativo casi comparable con el de la familia y la escuela.
9a Influjo actual
Más aún: cuando la familia y la escuela no han sabido, o no han podido, cumplir su función específica, se ha producido el fenómeno de la aparición de masas ingentes, cuya única educación constante ha sido la que reciben por los periódicos, revistas, radio, y por algún libro de fácil lectura.
9b Daos cuenta, hijos míos, del extraordinario e insospechado poder que vienen a tener, de este modo, los que utilizan esos canales y conocen sus peculiares reglas didácticas, y de la inmensa responsabilidad que contraen frente a Dios y frente a los hombres.
9c Son educadores, hacen el papel –muchas veces oculto o impersonal– de maestros: a ellos se entregan, casi incondicionalmente, las inteligencias y hasta las conciencias de millones de hombres; la sociedad –con razón o sin ella– les reconoce una autoridad doctrinal, científica e incluso moral, que de ninguna manera esas personas hubieran llegado a tener de no existir esos instrumentos.
10a Por eso, por el gran bien y por el gran mal que pueden hacer consciente o inconscientemente, con interés particular rezo cada día por las personas que tienen como profesión ese servicio –servicio debería ser– de dar a conocer los sucesos, las doctrinas y las personas, en medio de tantas dificultades –como os diré– para llegar a la verdad objetiva, y para vencer tantos obstáculos que se oponen a su legítima vida económica, y quizás a su honestidad.
10b La función de divertir
Por último, también la función de divertir promete a los hombres que acuden a las fuentes de comunicación una mayor libertad de vida, una liberación del cansancio físico producido por un trabajo que suele ser duro, y lo es mucho más cuando se hace sin ilusión profesional o con poco amor de Dios.
10c Las fuerzas corporales se recuperan fácilmente con el descanso físico, dejando de actuar; pero las energías del alma necesitan además divertirse, aplicarse a otros objetos que atraigan su atención, y que de alguna manera produzcan agrado.
10d Ya sé que os vienen a la mente una infinidad de ejemplos que demuestran cómo precisamente por los espectáculos y la literatura de diversión –novelas, revistas gráficas, publicaciones humorísticas, etc.– se han llenado las costumbres de corrupción.
11a Servicio que pueden prestar estos medios
Tenéis razón, y no dejaré de haceros luego algunas consideraciones sobre este punto. Ahora, sin embargo, pensad más bien en el servicio que los medios de información colectiva pueden prestar a los hombres –leed almas–, para ayudarles a sobrellevar el peso de un trabajo que, por muy varias circunstancias, tiene en nuestros días unas exigencias y un ritmo que agotan y rinden.
11b La gente necesita distraerse: es un derecho de la persona humana, una necesidad real e ineludible, aunque muchas veces la veamos desorbitada, mezclada con deseos menos honestos, con la búsqueda del placer en sí mismo, con el afán de evasión de las responsabilidades que cada uno tiene en la vida.
11c A esa necesidad de la diversión proveyó el mismo Dios, dando a la naturaleza humana –además del sueño– miles de recursos, nobles y limpios, para la distracción individual, familiar y social: el arte, la música, el deporte, etc.
11d Los modernos medios de comunicación –prensa, radio– se han sumado a las formas tradicionales de diversión, y se han hecho vehículos de ellas: además, han venido a proporcionar a las gentes indiscriminadamente aquellos ratos de recreo y expansión que necesitan en las particulares circunstancias de su vida, en la sociedad actual: rápidos, fáciles de conseguir, relativamente baratos, variados y al alcance de su formación cultural.
12a Son realidades buenas en sí
Esto pone de manifiesto que las fuentes de información pueden y deben tener una naturaleza y unas funciones radicalmente positivas. A esos medios –como a las demás realidades creadas que forman las estructuras temporales–, se les puede aplicar lo que tantas veces os he enseñado: las cosas creadas, que los hombres cultivan desarrollando las virtualidades inherentes en la naturaleza, son todas buenas, si no se desvían maliciosamente del recto orden querido por Dios.
12b Es bueno, por tanto, que existan estos medios de comunicación: ellos mismos, en sí, son buenos, como también lo son las funciones que pueden ejercer; es bueno, concretamente, que los hombres pretendan dirigir esos medios a fin de alcanzar una mayor libertad, para dar la buena doctrina de Cristo, para propagar buenas soluciones a los problemas del mundo.
12c Las debemos dirigir a Dios
Por eso, hijos míos, en presencia de estas nuevas realidades, no podemos tener más que admiración y simpatía, junto con la ilusión de contribuir todos –aunque no sea siempre directamente en las profesiones de la información y de la opinión pública– a llevar a Dios, a devolver al Señor esa parcela de la creación.
13a Remediar los abusos
Devolver, os decía, porque la maldad de los enemigos de Dios, y la falta de responsabilidad de muchos cristianos, han producido el triste fenómeno que todos conocéis, y del que en todas partes la humanidad sufre las consecuencias: pienso en el mal uso, en el abuso que se suele hacer de casi toda la prensa de información y de opinión, de casi todos los espectáculos.
13b Os quiero hablar de ese engaño –lingua fallax non amat veritatem14– realmente doloroso que sufren los hombres y los pueblos cuando se ven privados de las más legítimas libertades, precisamente porque otros hombres sin conciencia se sirven con dolo del poder que tienen, al poseer o dirigir los medios de comunicación colectiva. Y lo más penoso es que se va estabilizando esta imposición: corrompen a los niños desde la escuela elemental, y alimentan con el mismo veneno a padres y a hijos.
13c Ejemplos de abusos
Aunque es desagradable tener que descender a detalles, me parece oportuno que contemplemos juntos ese panorama de atropellos, engaños y corrupción, para sentirnos más urgidos a la gran tarea apostólica de llevar a Dios estas actividades humanas, devolviéndoles su verdadero sentido, la función de servicio de la que os he hablado.
13d Somos para la muchedumbre, para la masa, y abomino de toda tiranía y violencia. Nos interesan las almas, una a una. Por eso tenemos que acudir en defensa de tantas conciencias oprimidas, para que vuelvan a respirar aire puro.
14a Masificación
El primer abuso que notamos, al mirar ese panorama, es que en muchos casos los instrumentos de comunicación pública tienen como efecto, no ya liberar a la persona del ambiente que le rodea proporcionándole un cambio de aire, sino al contrario: enrarecerlo, deformar su conciencia, hasta el punto de que –en muchas situaciones importantes de su vida– los hombres no reaccionan ya según su personal convicción, sino por las leyes mecánicas de la psicología colectiva: les han dado el razonamiento hecho, prefabricado.
14b No me detengo aquí en describir ese fenómeno de la masificación, que todos conocéis por experiencia directa, y que los sociólogos han analizado en todas sus facetas, descubriendo incluso un modo estereotipado y rutinario de quejarse de la masa, que revela precisamente hasta qué extremo es honda e inconsciente esa masificación.
14c Consecuencias de la masificación
Solo os quiero hacer reflexionar sobre las consecuencias desastrosas que ese fenómeno cierto produce, en lo que toca a la vida moral y religiosa de los pueblos. Porque esos mecanismos psicológicos colectivos, cuando llegan a sustituir toda actitud personal y responsable ante la existencia, apagan por completo cualquier forma de vida espiritual auténtica.
14d Necesidad del diálogo personal con Dios
Me habéis oído decir mil veces, hijos míos, que el alma ha de dirigirse necesariamente a Dios con un diálogo personal, sin escudarse en el anonimato, sin diluir su responsabilidad en la actuación de la masa irresponsable.
15a Toda la pedagogía divina de nuestra Madre la Iglesia –su doctrina y su liturgia– está encaminada precisamente a facilitar, a hacer posible al cristiano ese diálogo personal de fe, de amor, de adoración, de arrepentimiento, de petición; y aun cuando pone en labios de los fieles unas determinadas oraciones, la Iglesia quiere que cada uno se dirija a Dios personalmente, con corazón de hijo; por eso, cuando les invita a rezar juntos, alrededor del sacerdote, es para que vivan la unidad del Cuerpo Místico, pero sin dejar de tratar confiada y filialmente a Jesucristo.
15b Hecho este inciso –que pone de manifiesto que, también en nuestras relaciones con Dios, hemos de actuar con pleno sentido de nuestra responsabilidad personal–, volvamos al hilo de esta carta. Es evidente que los medios de comunicación colectiva podrían y deberían contrarrestar las lagunas existentes en la formación de las masas despersonalizadas, y en eso confía –al menos implícitamente– mucha gente.
15c Evasión y rebeldía
De hecho, sin embargo, la mayoría de esos medios está funcionando con un planteamiento radicalmente opuesto; por eso vemos a las muchedumbres tratando de encontrar, en las lecturas y en los espectáculos, algo que les permita evadirse de las que consideran convenciones sociales artificiosas y antinaturales, para conseguir un modo de vida que califican de más espontáneo, libre y personal: en el fondo, quieren huir de la ley de Cristo, y así acaban teniendo todos –jóvenes y hombres maduros, ricos y pobres– una misma actitud rebelde, anticonformista y masiva, hecha en serie, como un producto comercial, a pesar de que procuran por todos los medios ocultar esta realidad.
16a Anulación de la responsabilidad personal
El fin que se proponen, los que intentan acelerar con estas patrañas la masificación, no puede ser otro que anular la responsabilidad personal, para dominar y explotar a los demás: bien por intereses comerciales, o bien por intereses ideológicos; siempre, sin embargo, atentando al uso legítimo y necesario que los hombres han de hacer de la razón y de la libertad personal que les ha dado Dios.
16b Poder tiránico del Estado
Quiero precisar, además, que ese atentado a la libertad personal es menos disculpable cuando los que utilizan de este modo los medios de comunicación colectiva son los poderes públicos: porque entonces, como antes os he dicho, se produce una forma de tiranía mucho más despótica, que nunca se hubiera podido soñar en tiempos pasados, ya que el Estado llega a determinar los gustos, los sentimientos, los ideales, el trabajo, el descanso y las diversiones de todos; y poco falta para que llegue a imponer a los casados cuántos hijos han de tener y cuándo.
16c Estados de opinión creados artificialmente
Pensad en lo que hemos visto y sufrido en estos últimos años: unas minorías extremistas, con una filosofía totalitaria que no reconoce más sujeto de derechos que el Estado –a su vez, el Estado es un partido y el partido son ellos–, han manejado a su antojo, desde el gobierno, a millones de hombres, creando artificialmente estados de opinión, según les interesaba en cada momento: ora de rebeldía y subversión, ora de legalidad y de mantenimiento del orden constituido; unas veces de exaltación nacionalista y bélica, otras de derrotismo y odios intestinos.
16d Hemos visto, y seguimos viendo, a pueblos enteros reaccionar con increíble docilidad a los estímulos de la propaganda de los regímenes, marxistas o no, aun cuando les pida las cosas más duras y antinaturales.
17a Difusión del error
Junto con ese influjo despersonalizador, muchos de los modernos modos de comunicación colectiva están haciendo otra labor negativa, que no es posible reflejar en estadísticas, pero que se nota por los efectos perniciosos que produce en las almas.
17b Me refiero a la labor de difusión del error, de falsas ideas sobre el hombre, el mundo y Dios, contrarias a la razón natural y a la Revelación divina. Ideas que, en su mayor parte, no son nuevas, porque ya el Apóstol San Pablo prevenía así a los Colosenses: videte ne quis vos decipiat per philosophiam et inanem fallaciam15; mirad que nadie os engañe con filosofías falaces y vanas.
17c No os extrañe que suceda esto: si los instrumentos de la comunicación colectiva hacen el papel –como os decía antes– de cátedras de ciencia, y si quienes los manejan son constituidos en maestros de doctrina y de costumbres, nada más lógico que de allí se difunda masivamente el error, porque a menudo esos seudomaestros, dotados de todos los medios, ignoran el daño que hacen, y si lo saben, carecen de sentido de responsabilidad.
17d Confusionismo
No digamos nada, cuando no se trata solo de ignorancia presuntuosa o de frivolidad, sino de un propósito diabólico –diabólico, porque es consciente– de sembrar la confusión, de apartar a las almas de la buena doctrina de la Iglesia y aun de la misma ley natural.
17e Es innegable –lo están recordando incesantemente los Romanos Pontífices desde hace más de un siglo– que existen muchas personas que se dedican deliberadamente a oscurecer las inteligencias, a enturbiar las conciencias. Se presentan como siempre se ha presentado el demonio: fingiendo. Aparecen, a veces, incluso con manifestaciones ficticias de respeto y comprensión, y hasta de piedad, escondiendo debajo el veneno mortal: porque homicida erat ab initio, et in veritate non stetit, quia non est veritas in eo16; son siempre homicidas y traicioneros, porque la verdad no está con ellos. Pero no hay novedad en esta farsa: se ve que el demonio está agotado y se repite. No obstante, hay que estar siempre vigilantes; esa es la labor más maléfica que puede hacerse a las almas: si alguien corrompe con la mala doctrina la fe por la que Cristo fue crucificado, ese debe ir al fuego inextinguible17.
18a Nosotros no juzgamos a nadie: no podemos saber lo que pasa en las conciencias de las gentes; pero sí podemos y debemos decir que esa actuación –a fructibus eorum congnoscetis eos18–, por sus consecuencias, es objetivamente mala y perniciosa.
18b Conspiración del silencio
Basta pensar en lo que se ha dado en llamar la conspiración del silencio: no dejan que se oiga la voz –annuntiabo veritatem tuam in ore meo19– de los que enseñan la verdad con la palabra; no permiten que se contemple el ejemplo de los que la predican con obras, porque esas obras dan testimonio de Jesucristo20; borran toda huella de buena doctrina, porque no la soportan, sanan doctrinam non sustinebunt21.
18c No se difunden las enseñanzas de la Iglesia
Ya veis, hijos de mi alma, que apenas se conoce cuál es la enseñanza de la Iglesia, en los temas que se debaten en la opinión pública: se habla, se discute, se ataca y se defiende cualquier posición, como si el Magisterio ordinario y solemne de la Iglesia no hubiese dicho nada o no estuviese dispuesto a intervenir. Hasta las más insistentes y enérgicas aclaraciones del Romano Pontífice pasan a menudo en silencio: incluso en países con mayoría católica, las grandes empresas de información no pocas veces practican esa política infame del silencio.
18d Verdad es –escribía San Pedro– que hubo también falsos profetas en el antiguo pueblo de Dios, así como se verán –los estamos viendo, y es un dolor atestiguarlo– entre vosotros maestros embusteros, que introducirán con disimulo sectas de perdición y renegarán del Señor que los rescató, acarreándose a sí mismos una pronta venganza. Y muchas gentes los seguirán en sus disoluciones, por cuya causa el camino de la verdad será infamado; y, usando de palabras fingidas, harán tráfico de vosotros por avaricia22.
19a La palabra de Dios tendrá libertad
Pero Dios no tolerará que a los que anuncian su palabra les sigan tapando la boca. Desde la cárcel romana donde estaba encerrado, clamaba San Pablo: estoy yo padeciendo hasta verme entre cadenas, como malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada23. El juicio que tiempo ha les amenaza –concluía San Pedro, en la citada Epístola–, va viniendo a grandes pasos y no está dormida la mano que debe perderlos24.
19b Responsabilidad de los cristianos
Lucharemos para combatir el error, procurando al mismo tiempo ganar esas almas para Cristo, haciéndonos todo para todos: factus sum infirmis infirmus, ut infirmos lucrifacerem; omnibus omnia factus sum, ut omnes facerem salvos25; híceme flaco con los flacos, para ganar a los flacos; híceme todo para todos, por salvarlos a todos.
19c Restablecer el orden quebrantado
Quiere el Señor que seamos nosotros, los cristianos –porque tenemos la responsabilidad sobrenatural de cooperar con el poder de Dios, ya que Él así lo ha dispuesto en su misericordia infinita–, quienes procuremos restablecer el orden quebrantado y devolver a las estructuras temporales, en todas las naciones, su función natural de instrumento para el progreso de la humanidad, y su función sobrenatural de medio para llegar a Dios, para la Redención: venit enim Filius hominis –y nosotros hemos de seguir los vestigios del Señor– salvare quod perierat26; Jesús vino para salvar a todos los hombres. Siendo Él la vida, la verdad y el camino27, quería enseñar el camino, la verdad y la vida a todos los hombres, en todos los tiempos.
20a Desconocimiento mutuo de los católicos
Efecto de esa política del silencio –otra culpa grave de los que así utilizan, y permiten que se utilicen, los medios de información– es también que los católicos suelen desconocer, casi por completo, no solo las enseñanzas del Magisterio, sino lo referente a la vida de sus hermanos en la fe de otras naciones, e incluso de las mismas naciones, pero de otros ambientes sociales.
20b No se conocen las persecuciones
Desconocen sus costumbres piadosas, sus actividades apostólicas, sus frutos al anunciar el Evangelio, sus luchas y dificultades, a veces las persecuciones a que se ven sometidos. Justamente esto llevó al Santo Padre Pío XI a hablar de conspiración, es decir, de una prueba manifiesta de mala voluntad: decimos conspiración, porque no puede explicarse de otro modo que una prensa tan ávida de poner en relieve aun los más menudos incidentes cotidianos, haya podido pasar en silencio, tanto tiempo, los horrores cometidos en Rusia, en México y también en gran parte de España…28.
20c Desde los años en que el Santo Padre Pío XI escribía estas palabras, esa situación se ha vuelto a reproducir constantemente, tanto que esa frase tendría hoy plena actualidad, con solo añadir a los nombres de aquellos países unos cuantos más de Europa, de América, de África y de Asia; es decir, de todos los sitios donde diversos fanatismos, y sobre todo el comunismo, persiguen –de modo sangriento o con apariencia de legalidad, pero siempre sistemáticamente– a los católicos, sean Pastores o fieles laicos.
21a Información a medias
Es verdad que cierta prensa –que practica un anticomunismo interesado: solo les preocupa el peligro de perder sus ventajas económicas– informa, de vez en cuando, también de algún aspecto de esa persecución. Pero, al mismo tiempo, calla habitualmente otros aspectos –la supresión de la libertad de enseñanza, la destrucción del vínculo matrimonial, la disolución de la familia, etc.–, que son igualmente vejatorios, pero que forman parte de la misma política anticristiana que ellos siguen de manera solapada.
21b Se pierde la unidad
Un efecto casi inmediato de esa barrera de silencio, que ciertos medios de información han levantado entre los católicos, ha sido la pérdida del sentido de la unión y de la fraternidad, que deberían estar por encima de cualquier diferencia de raza, de mentalidad, de costumbres, de régimen político y de nivel de vida.
21c Así ocurre con frecuencia que se ven católicos que sienten con mucha más fuerza la afinidad ideológica con otros hombres –aun enemigos de la Iglesia– que el mismo vínculo de la fe con sus hermanos católicos; y que, a la vez que disimulan las diferencias en lo esencial que les separan de personas de otras religiones, o sin religión ninguna, no saben aprovechar el denominador común que tienen con los demás católicos, para convivir con ellos y no exasperar las posibles y legítimas diferencias de opinión en lo contingente.
22a Falta de caridad
Peor aún es esa falta de unidad y de caridad –nacida de no conocerse, por no comunicar entre sí, por culpa precisamente de los medios de comunicación mal utilizados–, cuando entre los católicos prende ese virus marxista de la lucha de clases, que es lo que más se opone a la convivencia y a la paz social.
22b No ignoráis, hijas e hijos míos, el papel tan importante –decisivo– que juegan esos instrumentos de información y de formación de la opinión pública: son los responsables de que se cree el clima de odio entre personas de condición social distinta, a fuerza de exasperar los posibles conflictos, ignorar las soluciones cristianas existentes, interpretar en forma peyorativa situaciones y actuaciones de otros, inculcar esquemas mentales materialistas, etc.
22c Pensad, por otra parte, cuánto contribuye el silencio con que se suelen encubrir los éxitos profesionales de muchos católicos –artistas, escritores, políticos, científicos, etc.– a la divulgación del mito de que una vida cristiana coherente e íntegra no es compatible con una presencia libre, responsable y eficaz en todas las tareas humanas.
23a Corrupción de las costumbres
Tampoco puedo dejar de hacer alusión a otro abuso actual, gravísimo, de los medios de comunicación colectiva, especialmente de los que están destinados directamente a la diversión. Ya hemos tocado antes el tema: se trata de la prensa y de los espectáculos que difunden masivamente ideas morales erróneas –et sermo eorum ut cancer serpit29, para la sociedad tienen el mismo efecto mortífero que el cáncer– o presentan ejemplos corruptores, consiguiendo en ambos casos una progresiva destrucción de las buenas costumbres, cuando no impiden de raíz que estas buenas costumbres se desarrollen.
23b Falsos maestros de moral
Estáis viendo cómo se produce este fenómeno: falsos maestros de moral van socavando directa o indirectamente el principio de autoridad –en la Iglesia, en la familia, en la escuela–, o la validez de los preceptos de la ley natural y de la ley divina, preparando así el terreno para el abandono de toda norma objetiva, y difundiendo una mentalidad basada en los falsos presupuestos del relativismo, del historicismo y del inmanentismo. Y no hay casi modo de contrarrestar esta ola destructora, porque determinados públicos solo beben en estas fuentes pestilentes.
23c Prevenir a las almas
Hijos míos, con nuestra labor apostólica hemos de prevenir a todas las almas –mejor todavía si logramos vacunarlas–, contra el peligro de contaminación de estas aguas, recordándoles las palabras con que el Señor nos aconsejaba la vigilancia constante: attendite a falsis prophetis, qui veniunt ad vos in vestimentis ovium, intrinsecus autem sunt lupi rapaces30; estad alerta, para combatir esta peste, estos falsos profetas, que se acercan a vosotros con piel de oveja, y por dentro son lobos rapaces.
24a Labor diabólica
No exagero, si califico esta labor como diabólica. Aunque muchos no quieren oír hablar de él, hemos de saber que el demonio actúa –diariamente pedimos la intercesión del Arcángel San Miguel, en las preces finales de la misa contra nequitiam et insidias diaboli–, que maneja como instrumentos a muchas personas ignorantes, presuntuosas e irresponsables, que no se dan cuenta del mal que hacen; y también a muchas personas que obran con dolo –a la expansión comunista le viene muy bien la destrucción del orden moral en las naciones cristianas–, utilizando como pretexto cualquier tema de información o de discusión: tanto el arte como la política, la vida matrimonial como la planificación de la economía nacional.
24b Armas que emplean
Las armas son muy variadas, como múltiples son los vehículos por los que la enfermedad se transmite; muchas veces, la más mortal es la que parece más inofensiva: por eso utilizan también la risa, que nada tiene que ver con la alegría sana y santa de los hijos de Dios.
24c Pero con la ironía con ribetes de intelectualidad barata, o con la burla grosera y soez, se han ido ridiculizando las cosas más dignas de aprecio y veneración: el matrimonio, la procreación y educación de los hijos, el ministerio sacerdotal y la vida religiosa.
24d Pseudo-ciencia
Con teorías pseudocientíficas, ensimisman a los incautos, tratando de convencerles de que la ciencia moderna ha superado los antiguos principios, las normas tradicionales. Por eso, hay que hacer que resuene de nuevo en el mundo la voz de Pablo: vendrá tiempo en el que los hombres no podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extremada de oír cosas que lisonjeen sus pasiones, recurrirán a una caterva de doctores propios para satisfacer sus desordenados deseos, y cerrarán sus oídos a la verdad, y los aplicarán a las fábulas31.
25a No es raro, por tanto, que se organicen debates públicos previamente amañados, en los que a menudo procuran que intervenga, prestándose ingenuamente al juego, algún sacerdote o religioso, cuyo parecer –si ha tenido la valentía de exponer la buena doctrina– quedará perdido en la confusión general de los otros disparatados argumentos.
25b Se socavan los principios cristianos
De esta y de mil otras maneras distintas se va destruyendo el sentido de la obediencia a la autoridad y al magisterio de la Jerarquía eclesiástica; la santidad del matrimonio –la indisolubilidad del vínculo, la fidelidad conyugal, la aceptación generosa de los hijos: bonum sacramenti, bonum fidei et bonum prolis–; el respeto de la libertad de las conciencias, de la propia vida y de la ajena, de la propiedad privada, etc.
25c En definitiva, es el camino abierto para todos los excesos –para todas las ofensas de Dios– apuntados por la triple concupiscencia que menciona San Juan: concupiscentia carnis est, et concupiscentia oculorum et superbia vitae32; concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida.
25d La repetición de falsedades acaba convenciendo
No digo que esas falsas ideas arraiguen enseguida: como es natural, hay una cierta resistencia, en las personas que han recibido un mínimo de instrucción religiosa y viven en ambientes sanos, ante las proposiciones que van en contra de la ley de Dios; inicialmente pueden tal vez reaccionar con desagrado, tratando de rechazar los primeros intentos de contaminación.
25e Pero, si se permite que esas propagandas sigan tranquilamente su curso, al final habrán vencido esa posible resistencia, porque la repetición constante da lugar a la costumbre, rompiendo todos los moldes: gutta cavat lapidem saepe cadendo, la gota agujerea la piedra a fuerza de caer, reza un conocido adagio latino.
25f Lo que chocaba la primera vez que se leía u oía, la segunda llama menos la atención, no parece tan absurdo. Así, progresivamente, llega un día en el que el sentido moral está prácticamente embotado, incapaz de reaccionar, anulado por completo. Es la consabida técnica –psicológica– de los anuncios, que se utiliza en muchas más ocasiones que en la publicidad propiamente dicha, o en la propaganda tradicional.
26a Mal ejemplo
Junto con ese magisterio moral, viene la corrupción casi irresistible del ejemplo, que llega a influir ocultamente, donde las ideas abstractas encuentran quizá una resistencia más decidida. Pensad con qué falta de criterio se eligen en general los argumentos que se llevan al cine, al teatro, a la novela; pensad en los personajes que suelen estar de moda y llenan las páginas de las revistas gráficas; pensad en esos protagonistas que, sucesiva pero incesantemente, acaparan el primer plano de la actualidad periodística: os daréis cuenta de que son el prototipo –no todos, sí la mayor parte– de la vida frívola y hedonística, del libertinaje, de la despreocupación por los problemas ajenos, de éxitos alcanzados por medios ilícitos, etc.
26b Calumnias
Considerad por último, hijas e hijos míos, qué abuso tan lamentable cometen también los que aprovechan los medios de difusión de las noticias para propalar calumnias –falsedades que quitan la honra, el prestigio profesional, la posibilidad de trabajar–, queriendo combatir así a los que creen enemigos suyos.
26c Ataques de parte de católicos
No hablo de los ataques de los que quieren ser enemigos de Dios y de la Iglesia: es comprensible que estos en su afán loco y diabólico de combatir al Señor, pretendan atarnos las manos, impedirnos trabajar, porque saben nuestro empeño sincero y total por extender el reinado de Jesucristo en toda la tierra.
26d Lo que en cambio es incomprensible –todo pecado es incomprensible: es un mysterium iniquitatis, pero este de modo especial– es el ataque premeditado, injusto, pertinaz, de otros católicos, e incluso de personas consagradas a Dios, que deberían ver con alegría nuestra tarea –la labor de otros católicos– en el campo de las almas.
26e Messis quidem multa, operarii autem pauci33, ha dicho el Señor, Dominus messis; no obstante, hay obreros que no quieren que vengan otros a trabajar y, para impedir que el dueño de la mies los contrate, emplean todos los medios, sin excluir ese medio ruin, totalmente opuesto a la caridad y a la justicia natural misma, que es la calumnia.
27a Tenemos derecho a ser respetados
Nunca hemos pretendido que todos nos quieran y nos tengan simpatía –omnis enim qui male agit, odit lucem34, quien obra mal, aborrece la luz–, ni tampoco que todos nos comprendan perfectamente, porque hay quien no ha recibido esta gracia: et tenebrae eam non comprehenderunt35.
27b Lamentamos esta penosa realidad, contra la que estamos dispuestos a luchar con todas nuestras fuerzas, ut cognoscant te, sicut et nos cognovimus36, para que se percaten de que nuestro único fin es servir a Dios; pero, mientras el Señor permite que duren estas circunstancias, tenemos también el derecho de que se nos respete, de que no se propaguen mentiras, de que nos dejen trabajar por Cristo.
27c Tenemos el derecho de exigir que se nos trate como unos católicos deben tratar a sus hermanos católicos. Tenemos derecho –y, según los casos, deber– de quejarnos y de protestar enérgicamente, exigiendo que se nos devuelva la honra que han intentado sustraernos.
27d Callar
Hasta ahora, sin embargo, os he pedido, hijos míos, que calléis, que llevéis conmigo en silencio esa prueba de predilección –non est discipulus super magistrum37: lo mismo hizo el Señor, Iesus autem tacebat38–, por la que Dios ha querido hacer pasar a su Obra.
28a Mis hijos han sabido callar heroicamente, con una sonrisa en los labios, disculpando, perdonando, reparando esas ofensas a Dios con mayor dedicación personal y mayor alegría en su servicio.
28b El momento de hablar
Vendrá el momento de hablar –tempus tacendi, et tempus loquendi39– y, entonces, después de tantos años de callar heroicamente, todos tendréis el deber de hablar heroicamente: constitui custodes, tota die et tota nocte; in perpetuum non tacebunt40, pregonaréis la verdad sobre la Obra de Dios, nuestra Madre, a los cuatro vientos, siempre con caridad, con humildad y con comprensión.
28c Rezar y estar alegres
Rezad y estad alegres, aunque sufráis. Ya sé que duele. Como el Señor, también nosotros podemos exclamar, con el corazón lleno de dolor: si inimicus meus maledixisset mihi, sustinuissem utique. Et si is qui oderat me super me magna locutus fuisset, abscondissem me forsitan ab eo. Tu vero homo unanimis, dux meus et notus meus, qui simul mecum dulces capiebas cibos, in domo Dei ambulavimus cum consensu41; si fuera un enemigo quien me afrenta, eso lo soportaría. Si el que se insolenta contra mí fuera uno de los que me aborrecen, me ocultaría de él. Pero la incomprensión y la calumnia del que se dice o debería ser amigo, es mucho más dura de sobrellevar.
29a Los que repiten las calumnias
Además, junto con la gente que difunde las calumnias por malicia, no faltan quienes las dicen en buena fe y se dedican a repetirlas, haciéndolas llegar a donde menos cabría pensar: unas veces las repiten porque no tienen, o no saben que tienen, los medios para averiguar la verdad por sí mismos, pero entonces deberían tener la prudencia de callar, o de no dar las cosas como seguras; otras veces sencillamente porque encuentran más cómodo repetir bobamente lo que acaban de oír o leer, pensando que basta con decir –no suelen hacerlo– de quién lo han oído o dónde lo han leído, para descargarse de toda responsabilidad.
29b Así, por sucesivas repeticiones que van amplificando la mentira cada vez más, llega a formarse periódicamente una oleada de cieno; por lo cual, con frecuencia he tenido que clamar al Señor, con el salmista: redime me a calumniis hominum, ut custodiam mandata tua42; líbrame, Señor, de las opresiones de los hombres, para que pueda sacar adelante tu Obra.
29c Omnia in bonum
No puedo negaros, hijos míos, que a lo largo de estos años ha habido ocasiones en las que me ha resultado difícil entender –y no me ha sido difícil vivir, con la ayuda del Señor– aquel omnia in bonum43 de que nos habla San Pablo, que es la actitud llena de fe y de amor del que se sabe hijo de Dios, porque –con su gracia– he confiado siempre en Él, repitiéndole: Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo?44; el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Era –lo sigue siendo, y quiero que lo sea también para mis hijos– una necesidad, en medio de nuestra flaqueza, recurrir a la fortaleza de Dios, Salvador del mundo.
30a Serenidad
Si actuamos así, en ningún momento nos faltará la serenidad, porque cum audieritis proelia et seditiones, nolite terreri: oportet primum haec fieri, sed nondum statim finis45: no os asustéis cuando oigáis el ruido de esos ataques y de esas insidias; nos dice el Señor que oportet primum haec fieri, que conviene que esas cosas pasen en los comienzos: conviene para nuestra santidad personal y para la santidad de toda la labor.
30b Por lo demás, esas calumnias son solo unas pocas pinceladas obscuras en el cuadro luminoso de la opinión pública sobre la Obra de Dios; así resaltan más los tonos claros, espléndidos, de tantos testimonios de aprecio, de comprensión y de cariño, que es lógico que reciba una Obra que es de Dios, y que trabajará en todo el mundo para servir eficazmente a la santificación de todas las almas.
31a Resumen: trascendencia de los medios de comunicación
Hasta aquí, hijas e hijos míos, hemos contemplado el panorama de esos medios de formación –o de deformación– y de información, que representan un aspecto característico y tan importante de las estructuras de la vida moderna. Habéis visto la trascendencia del papel que estos instrumentos de opinión están llamados a desempeñar, y cuántas esperanzas ponen en ellos los hombres de nuestro tiempo.
31b Los abusos
A la vez –no sin gran dolor, porque se trata de ofensas a Dios, en perjuicio de tantas almas– lamentamos los abusos que se cometen con estos medios: degradación, tiranía, difusión del error, corrupción, calumnia, odio.
31c Cómo se explican
Os podréis preguntar cómo es posible que unas cosas queridas por Dios, para el bien de los individuos y de la sociedad, tan evidentemente ordenadas por su misma naturaleza hacia este fin, estén tan torcidamente empleadas que casi no producen más que mal. Hijas e hijos míos, es en el Evangelio, como siempre, donde vamos a encontrar la respuesta, la claridad para explicarnos lo que ha pasado.
31d Parábola de la cizaña
Mirad lo que nos dice la Sabiduría divina, con la parábola del trigo y de la cizaña: simile factum est regnum caelorum homini qui seminavit bonum semen in agro suo; cum autem dormirent homines, venit inimicus eius, et superseminavit zizania in medio tritici, et abiit46, el reino de los cielos es semejante a un hombre, que sembró buena simiente en su campo; pero, al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo, y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue.
31e Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha sembrado la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha dispuesto una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres –los cristianos especialmente– se han dormido, y han dejado que viniera el enemigo: cum autem dormirent homines, venit inimicus.
32a Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué hay cizaña en su campo, la explicación es clarísima: inimicus homo hoc fecit47, ¡ha sido el enemigo! Nosotros, los que debíamos estar vigilantes, para que las cosas buenas puestas por Dios en el mundo se desarrollaran en servicio de la verdad y del bien, los cristianos nos hemos dormido –¡mala cosa ese sueño!–, mientras el enemigo y todos los que le sirven se movían sin cesar. Ya veis cómo ha crecido la cizaña: ¡qué siembra tan abundante y en todas partes!…
32b Tres olas sobre el mundo
Contemplad en el mundo esa mancha roja del marxismo, que se extiende rápida, que lo arrasa todo, que quiere destruir en el hombre hasta el más elemental sentido sobrenatural. Donde no está esa mancha, hace todos los días un avance otra ola muy grande de sensualidad, de –perdonadme– de imbecilidad, porque los hombres tienden a vivir como bestias.
32c Y aún se ve otro color –una ola negra– que avanza y avanza, con descaro especialmente en los países latinos, de una manera más solapada en otras naciones: es el ambiente anticlerical, el anticlericalismo malo, que quiere relegar a Dios y a la Iglesia al fondo de la conciencia. Aunque no es eso. Vamos a decirlo de otra manera más clara: quiere como encerrar a Dios y a la Iglesia dentro de los límites de la vida privada, sin que el hecho de tener la fe y la moral del cristiano se manifieste en la vida pública. No exagero: estos tres peligros son constantes, evidentes, agresivos.
33a Se sirven de los medios de información
Marxistas
Es indudable que hacen muchos progresos, que ganan mucho terreno, porque se han hecho con los centros vitales de los complejos sistemas actuales de información y de propaganda, de la cultura popular y de los espectáculos. Aun en países no comunistas, y también donde no hay partidos marxistas fuertes, cuántos periódicos y revistas, cuántas editoriales y certámenes literarios, cuántos directores y críticos de cine, cuántas compañías de teatro son declaradamente marxistas o están en manos de marxistas.
33b Laicistas
Y donde no son marxistas, fácilmente encontramos a personas con mentalidad laicista que, con los medios abundantes de que disponen, siguen a la letra el lento proceso anticristiano que describía el Papa Pío XI: se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes: se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las religiones falsas, y rebajada indecorosamente al nivel de éstas… Y se avanzó más: hubo algunos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos48.
33c Esta progresiva eliminación del sentido cristiano de la existencia, que el Papa describe tal y como se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos siglos, la van realizando los laicistas –con sus soluciones materialistas de la vida– que son literatos, periodistas, directores de cine o de teatro, etc.
34a Laicismo práctico
A veces este laicismo no es programático, sino simplemente vital, práctico: personas que no se proponen atacar a la Iglesia, porque sencillamente se despreocupan de ella y del mismo Dios. Solo les interesa que las leyes morales del cristianismo no interfieran con sus intereses comerciales, no limiten sus ganancias.
34b Corruptores
Persiguen el lucro como un fin en sí, prescindiendo de toda valoración moral de los medios; y en eso coinciden con los que –por otras razones– contribuyen a fomentar el hedonismo, el materialismo, la corrupción, la deshonestidad, la ola de paganismo.
34c A esta gente, la sociedad –si estuviese rectamente ordenada– debería considerarla a la par de todos los otros hombres miserables, que explotan las pasiones humanas para enriquecerse, y –olvidándose de aquel vae homini illi, per quem scandalum venit49– hacen negocio con la curiosidad morbosa de los adolescentes y con los vicios de la gente adulta. Pero, de momento, su situación les da una intolerable inmunidad, no solo frente a las leyes penales, sino también de cara a la reprobación social que merecen.
35a Responsabilidad del público
De todas formas, la responsabilidad por la difusión de prensa y espectáculos que corrompen, no es exclusiva de quienes los organizan y de los que hacen propaganda de ellos con los anuncios, las recensiones y reseñas favorables, etc.
35b Buena parte de la responsabilidad recae también en las personas que forman el público: porque esas personas, con su aplauso, con el precio que pagan, con su falta de reacción, las mantienen en vida: si no fuera así, se hundirían.
35c Oíd lo que se les decía a los cristianos de hace dieciséis siglos: en efecto, si nadie fuera a ver esas cosas, tampoco habría nadie que las representara. Pero como los actores ven que dejáis el trabajo y el oficio y hasta lo que con ello ganáis, todo en una palabra, por pasar el tiempo en el teatro, sienten que se acrecienta su fervor, y redoblan su empeño en el arte.
35d
Y no es que yo quiera, al decir eso, eximirlos a ellos de culpa; lo que sí quiero es que vosotros caigáis en la cuenta de que el principio y raíz de ese escándalo lo ponéis vosotros mismos; vosotros, los que gastáis el día entero en el teatro, los que hacéis objeto de irrisión el santo matrimonio…50.
35e Exactamente lo mismo que –aplicado a la novela, a las revistas, al cine, a la radio– podría repetirse a los cristianos de hoy. Más aún: hay publicaciones sectarias, inmorales, calumniosas, difamadoras –que no van dirigidas al gran público, sino a determinados sectores, y tienen por tanto un número reducido de lectores–, que si tantos católicos e incluso sacerdotes y religiosos dejaran de leerlas –las compran solo movidos por una curiosidad, por lo menos, tonta o por sugestión–, automáticamente se vendrían abajo. Es decir, que en buena parte son ellos quienes las mantienen en vida.
36a Responsabilidad del Estado
Pensad también en la labor tan poco eficaz que suelen hacer por todas partes los poderes civiles –aun cuando haya católicos ejerciendo la autoridad–, en lo que se refiere al control o a la prohibición de esos medios corruptores.
36b No se dan cuenta de que debería ser un interés y una responsabilidad suya principalísima poner barreras a esa ola de disolución, que desintegra la familia –célula viva del tejido social–, que fomenta la delincuencia de menores y de adultos, que aparta al pueblo del trabajo ordenado y productivo.
36c Es que hay un falso concepto de la libertad, que suele paralizar a esos gobernantes: el concepto de una libertad desvinculada por completo de la verdad y del bien objetivos y, por tanto, de la responsabilidad ante los demás. Es un ambiente de relativismo y de subjetivismo, que se ha difundido en todas las esferas, y los poderes públicos no se atreven muchas veces a determinar siquiera cuáles son los límites de la honestidad.
36d En cuanto hay unos pocos que se dedican subrepticiamente a poner en discusión un punto de moral, la autoridad pública se cree en la obligación de bajar aún más el nivel, no ya de las normas morales objetivas –que de esas casi ni se habla–, sino incluso del sentido moral común.
37a Responsabilidad de los católicos
Cum autem dormirent homines… Este sueño malo, de la irresponsabilidad de los que deberían vigilar, ha permitido que el enemigo sembrara tanta cizaña. Especialmente responsables son los católicos laicos, a quienes compete más directamente lo temporal, las cosas de la tierra, las estructuras humanas.
37b Allí debían estar presentes y activos, y no dejar que dominaran los que no conocen a Dios o le combaten. La situación actual –la que os acabo de dibujar– es la señal de un tremendo fracaso de los laicos en la tarea de la consecratio mundi. Es el pecado de la poltronería, del absentismo suicida.
37c Su ausencia actual
Decidme cuántos grandes periódicos –de esos que tienen millones de lectores, y hacen y deshacen la opinión pública mundial– conocéis vosotros, que estén llevados por católicos practicantes: no hay ninguno. En cambio, esa prensa está dirigida por protestantes, por judíos, por masones o por marxistas practicantes.
37d Pensad en las cuatro o cinco grandes agencias internacionales de noticias, que monopolizan actualmente la información diaria de todo el mundo: apenas hay gente católica, que influya allí. Pensad en las grandes productoras de películas, en las distribuidoras internacionales, en las agencias publicitarias, en las cadenas de salas cinematográficas…, y veréis que tampoco allí están presentes los católicos.
38a Los enemigos de Dios tienen los puestos clave
En todas partes se han dejado preceder los católicos. Si los enemigos de Dios no han ocupado todos los puestos, no es porque hayan encontrado en algún sitio a los católicos trabajando ya con eficacia, sino porque no les estorba en lo más mínimo que haya otros en posiciones periféricas. Ellos han concentrado el esfuerzo en conquistar los puntos neurálgicos, y desde allí lo controlan todo, dejando que los demás se muevan solo lo imprescindible para dar una apariencia de variedad, para disimular el monopolio.
38b La situación ha llegado a tal extremo que, en muchos sitios, parece ya humanamente imposible no contar con ellos, y menos actuar al margen de ellos o en contra. Un ejemplo: un diario o una emisora no pueden dar noticias del extranjero, sin ser clientes de las grandes agencias radiotelegráficas.
38c Cualquier otro recurso les situaría inmediatamente en condiciones de inferioridad, por los costes de gestión y por el volumen y por la falta de actualidad de las noticias, respecto a los otros periódicos o emisoras de radio. Del mismo modo, tampoco es posible, para una productora cinematográfica, llegar a los mercados más interesantes, sin aceptar las condiciones técnicas y de contenido que le vienen impuestas por las empresas que tienen la exclusiva de la distribución.
39a Su ventaja técnica
Por lo demás, hijos míos, hay que reconocer que la razón del éxito y del predominio, casi absoluto, de los instrumentos de comunicación llevados por los no católicos no está solo en el hecho de que han llegado antes: está también en que ordinariamente son mejores, desde el punto de vista técnico, y en que –aunque finjan rencillas– se ayudan unos a otros.
39b Lo comprendéis perfectamente: con comedias que conservan todavía un regusto a colegio de niños; con películas pías que tergiversan y ridiculizan el Antiguo y el Nuevo Testamento; con aventuras ingenuas, repletas de tópicos…, no se puede competir con el teatro, con el cine y con la novela que hoy predominan.
39c Hay que trabajar con altura profesional
Es verdad que al público se le puede atraer con alicientes que no puede utilizar una persona honesta, un cristiano responsable: en eso hay que admitir, sin lugar a dudas, que los corruptores tienen una labor más cómoda. Pero no es menos cierto que, si muchos católicos trabajaran en ese terreno, con un conocimiento apropiado de sus exigencias específicas, encontrarían el modo de atraer a la gente con cosas honestas.
39d Lo que no se puede hacer, con esperanza de éxito, es ir a esa competencia sin haber estudiado y vivido de cerca la psicología de cada público; sin tener un dominio real de la técnica de cada medio de comunicación; sin haber aprendido a expresarse eficazmente –¡el don de lenguas!– con el lenguaje peculiar de la noticia, del reportaje, de la novela, de la imagen, de la escena cinematográfica, de la acción teatral.
40a Las empresas oficialmente católicas
Al hablaros de empresas para la opinión pública dirigidas por católicos, me estoy refiriendo sobre todo a los seglares que actúan oficialmente como católicos, en organizaciones que se dedican a ayudar a la Jerarquía en sus iniciativas de apostolado, auxiliados y aun dirigidos por sacerdotes, que les asisten –que les gobiernan– en nombre del Ordinario.
40b Peligros
Conocéis estas organizaciones: sabéis el bien que hacen y cuántas bendiciones han recibido –merecidamente– de la misma Jerarquía; pero no ignoráis el peligro que pueden presentar. Porque nadie da lo que no tiene: y si el clero se entromete en actividades que de suyo exigen una mentalidad genuinamente laical, el riesgo del clericalismo –en el sentido peyorativo de la palabra– es inminente.
40c Otra consecuencia, no menos lamentable, es la tendencia a formar grupo, a encerrarse en un círculo católico, sin fuerza de penetración, sin posibilidad de llegar a la muchedumbre de las almas: los temas son monótonos y el lenguaje estereotipado. No se abordan los problemas palpitantes, actuales, con sentido cristiano de la vida. Se editan libros que no interesan al gran público; las revistas no se encuentran en los quioscos, sino solo en el atrio de las iglesias; las obras de teatro son pueriles.
40d No es esta la solución
En una palabra, hijos míos, esta no puede ser la solución para los problemas que plantea el mundo de la opinión pública. Como esas personas hablan otro idioma, si pretenden dar doctrina, esa doctrina no llega a la gente que vive en el mundo, porque tiene otros esquemas mentales. Cuando no es así –cuando esas personas adoptan postizamente el modo de hablar de la gente de la calle–, se pasan de raya, y el pueblo, con razón, se escandaliza o les pierde el respeto.
41a Necesidad de trabajar con mentalidad laical
En resumen, el motivo de la ineficacia de tantas iniciativas católicas no está en la falta de buena voluntad –esos laicos clericales, y todas las personas de las que os he hablado, tienen muy buena voluntad y, no pocos, espíritu de sacrificio–, ni en la carencia de medios económicos, ya que a veces se han hecho inversiones de capital muy cuantiosas, sino en la carencia de mentalidad laical y de competencia profesional.
41b Competencia profesional
Por eso se da, en grado superlativo, el dilettantismo, la improvisación, el intentar competir con empresas poderosas sin contar con personal especializado y experto; todo, fruto de un falso y cómodo providencialismo, es en definitiva una falta de visión laical al plantearse y querer resolver estos problemas.
41c Super populum tuum malignaverunt consilium51, han tendido, Señor, asechanzas a tu pueblo. Por eso, los enemigos de Dios, hábiles y organizados, no han encontrado obstáculos serios en su progresiva penetración en las estructuras temporales, especialmente con el uso masivo de los medios de comunicación de la palabra oral, escrita y gráfica.
42a Optimismo: no añorar el pasado
No he deseado en ningún momento, hijas e hijos míos queridísimos, presentaros un panorama desolador, sin esperanza. Ni quiero quejarme de estos tiempos modernos, en los que vivimos por providencia de Dios, y que amamos, porque son el campo de nuestra personal santificación.
42b No podemos tener nostalgias ingenuas y estériles: el mundo no ha estado nunca mejor. Desde siempre, desde la cuna de la Iglesia, cuando aún vivían los Apóstoles, tuvieron ya lugar las persecuciones, comenzaron las herejías, se propaló la mentira y se desencadenó el odio.
42c Visión objetiva del mal
Pero os quiero hacer considerar que el mal ha prosperado. Dentro de todo este campo de Dios, que es la tierra, que es heredad de Cristo, hay cizaña: no solo cizaña, ¡abundancia de cizaña! Os lo quiero hacer considerar, para que no os dejéis engañar nunca por ese mito del progreso perenne e irreversible –entendedme: el progreso, rectamente ordenado, es bueno, y Dios lo quiere–, de ese progreso que ciega los ojos de tanta gente, porque a veces no percibe que la humanidad, en algunos de sus pasos, vuelve atrás y pierde lo que antes había conquistado.
42d Que mis hijos abran bien los ojos, que tengan el alma y la inteligencia despiertas. Solo una conciencia cauterizada, solo la insensibilidad producida por la rutina, solo el atolondramiento frívolo pueden permitir que se contemple el mundo sin ver allí el mal, la ofensa a Dios, el daño a veces irreparable para las almas. Hemos de ser optimistas, pero con un optimismo que nace de la fe en el poder omnipotente de Dios –Dios no pierde batallas–, con un optimismo que no procede de la atolondrada satisfacción humana, de una complacencia necia y presuntuosa.
43a Su origen es la ignorancia
Al mismo tiempo, hijas e hijos míos, he querido que vierais cuál es el origen de tantos males, para comprender, con más claridad quizá, lo que siempre os he repetido: el mayor enemigo que tiene Dios en el mundo es la ignorancia; por tanto, nuestro deber es dar doctrina siempre, en todas partes y con todos los medios.
43b Afán de dar doctrina
Ejemplo de Cristo
Tengamos compasión de ese pueblo hambriento de doctrina, de verdad, de libertad. Hoc enim sentite in vobis, quod et in Christo Iesu52: debéis tener los mismos sentimientos que había en el corazón de Jesucristo. El Señor, al ver la muchedumbre que le seguía, dijo: misereor super turbam, quia ecce iam triduo sustinent me nec habent quod manducent53; me da compasión esta multitud de gentes, porque hace ya tres días que está conmigo, y no tienen qué comer.
43c Tres días, hijos míos, remueven las entrañas misericordiosas de Cristo. Hemos de cumplir –llenos de celo apostólico, con las almas del mundo entero– esa gran obra de caridad de darles el pan de buen trigo, el pan de la doctrina que Jesús multiplicará en nuestras manos, si somos fieles y obedecemos.
43d Mirad lo que nos dice el Señor por boca del Profeta Isaías: entonces brillará tu luz como la aurora, y se dejará ver pronto tu salud, e irá delante de ti la justicia, y detrás de ti la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor te oirá; le invocarás, y Él dirá: heme aquí. Cuando quites de ti la opresión, el gesto amenazador y el hablar altanero; cuando des de tu pan al hambriento y sacies el alma del indigente, brillará tu luz en la obscuridad, y tus tinieblas serán como mediodía.
43e El Señor será siempre tu pastor, y en el desierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos. Serás como huerto regado, como fuente de aguas vivas, que no se agotan jamás54. Es maravillosa, hijos míos, esa promesa del Señor: una fuente de agua limpia, de redención, que nunca cesará de manar.
44a Parábola del Sembrador
Exiit qui seminat seminare semen suum55: salió el sembrador a echar la semilla. Son palabras del evangelio de San Lucas, de esa parábola maravillosa repleta de enseñanzas, llena de actualidad. Salió el sembrador –como ha salido esta Madre nuestra la Obra, que el Señor ha querido promover en estos tiempos– a sembrar, a desparramar la semilla en todas las encrucijadas de la tierra –esa es nuestra labor–, para que se acomode a todas las circunstancias de lugares y de épocas, para que arraigue, para que germine y dé fruto la palabra de Dios.
44b Quiero hacer a Jesús, antes de hablaros de esta siembra, una petición que le hacían los discípulos con frecuencia, una petición que es razonable que yo le haga, como aquellos que le seguían tan de cerca y tenían tantos deseos de asimilar el alimento, la doctrina: edissere nobis parabolam56, explícanos la parábola. Jesús, mete en estos hijos míos y en estas hijas mías que me leen, y en mí, una claridad que nunca falte en la vida nuestra, para que la podamos dar a los demás. Explícanos bien, bien, este hecho concreto de trabajar por tu gloria, sembrando la semilla tuya por todos los ambientes a través de esos instrumentos de difusión de las ideas y de los hechos que ocurren en el universo.
44c Todo lo que hacemos en el Opus Dei es dar doctrina, la doctrina de Jesucristo; pero como Él –que coepit facere et docere57–, primero hemos de dar el testimonio del ejemplo, porque no podemos tener una doble vida. No podemos enseñar lo que no practicamos; por lo menos, hemos de enseñar lo que luchamos por practicar.
45a Ejemplo y palabra
Apostolado del ejemplo: del ejemplo constante, humilde, perseverante, con un sacrificio que es, en frase de la Escritura Santa, cazar las raposas que se comen la viña58, cumplir el deber pequeño de cada instante, en el ejercicio de nuestra labor profesional y social. Después, la palabra: la palabra oral y la palabra escrita. Este es el apostolado de la opinión pública, con toda la variedad de formas que más adelante os diré.
45b Queremos llevar la gente a Cristo. Queremos que le amen las criaturas todas de la tierra. Pero, quomodo ergo invocabunt in quem non crediderunt?59, ¿cómo van a rezar si no creen en Él? Aut quomodo credent ei quem non audierunt?60, ¿y cómo van a creer en Él, si no han oído hablar de Él? Quomodo autem audient sine praedicante?61, ¿cómo van a oír, si no hay quien les diga nada?
45c Es nuestra misión, os decía, dar doctrina; extender esta luz de Dios, hacer esta guerra maravillosa de paz y de amor; llevarla a todos los hombres, sin excepción de razas, ni de lenguas, ni de circunstancias sociales: quam speciosi pedes evangelizantium pacem, evangelizantium bona62; ¡qué feliz es la llegada de los que anuncian el evangelio de la paz, de los que anuncian los verdaderos bienes!
45d Así se solucionan los grandes problemas
Tened la seguridad de que, a medida que este apostolado se vaya extendiendo, llevando la buena doctrina por todos los cauces que ofrecen hoy las estructuras de la sociedad, se verán solucionados los grandes problemas de la opinión pública, como consecuencia del espíritu cristiano que irá empapando todas estas actividades. Se llevará a cabo una cruzada de virilidad y de pureza, que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. Se llenarán de caridad las relaciones entre los hombres, y se aplacarán los odios, las luchas fratricidas, las divisiones.
46a Confianza
No os dé miedo, por tanto, la situación actual, ni penséis que no tiene remedio. No os asusten las olas embravecidas por la tempestad en el océano del mundo. No tengáis deseos de huir, porque ese mundo es nuestro: es obra de Dios y nos lo ha dado por heredad. Recitamos y meditamos todas las semanas el salmo de la realeza de Jesucristo, y dice el Señor: Filius meus es tu, ego hodie genui te. Postula a me, et dabo tibi gentes hereditatem tuam, et possessionem tuam terminos terrae63. Nosotros, hijos de Dios, hermanos de Jesucristo, participamos de su heredad, que es el mundo entero: si autem filii, et haeredes: haeredes quidem Dei, cohaeredes autem Christi64: porque si somos hijos, somos herederos: herederos de Dios, coherederos con Cristo.
46b Sin miedo a las dificultades
Con esta fe, podemos trabajar tranquilos, sin tener miedo a las dificultades: inter medium montium pertransibunt aquae!65; las aguas –aguas vivas, gracia de Cristo– pasarán a través de los montes. Cuanto más mal encontremos, más sentido de responsabilidad; cuantos más inconvenientes, más afán de superación, más esfuerzo para roturar el campo y extirpar las malas hierbas que sofocan la buena semilla.
46c El defecto del abstencionismo
Ciertamente todos los cristianos, y en especial los que nos hemos dedicado personalmente al servicio del Señor, no podemos olvidar que regnum meum non est de hoc mundo66, el reino de Jesucristo no es de este mundo; por eso, es posible que tantas veces parezca que triunfa aquí el enemigo de Dios. Pero este pensamiento no nos ha de llevar a la inercia, al abstencionismo, a ese sueño malo que comentaba antes: no nos ha de retraer, refugiándonos en la inhibición, sino al contrario, nos ha de impulsar a trabajar más y a hacer el propósito firme de no adormecernos.
46d Poner al Señor en la cumbre de todas las actividades humanas
El Señor quiere que se le ponga de nuevo en la cumbre de todas las actividades humanas: de nosotros especialmente espera este servicio, esta cooperación, para hacer que sean en la tierra más abundantes aún los frutos de la Redención, que es la única y verdadera libertad para el hombre. Estamos trabajando con esa esperanza y con esa responsabilidad.
47a Notas de nuestro apostolado de la doctrina
Quiero apuntaros ahora algunas notas características de ese apostolado nuestro de la doctrina, a través de los medios de información y de formación de la opinión pública.
47b Labor profesional
La primera nota es que ese apostolado –como todos los que ejercemos en la Obra– ha de ser una labor apostólica de tipo profesional; es decir, una labor que se hace desde la propia profesión, con una dedicación profesional seria, auténtica, sin la cual no puede haber, en el Opus Dei, verdadera entrega al servicio de Dios.
47c Perfección humana
Ha de ser una labor hecha a conciencia, con profundidad –porque repugnan a nuestro espíritu las chapucerías–, con la perfección también humana que cada uno pueda alcanzar, cuidando los detalles: así santificaréis esa profesión, se santificarán mis hijos y podremos santificar a los demás –hacer el apostolado de la opinión pública– con el ejercicio del propio trabajo profesional.
48a Labores no oficialmente católicas
De ordinario, esta labor no ha de ser oficialmente católica. Entendéis perfectamente el porqué: me habéis oído decir muchas veces que habitualmente no veo ninguna necesidad –al menos ahora, en algunos países– de que exista prensa católica; mucha gente, incluso entre católicos, no la lee, y el déficit –que inevitablemente suele tener– lo debe enjugar la Iglesia.
48b Periodistas católicos
Lo que hace falta son periodistas católicos, que trabajen como unos buenos profesionales, con libertad y responsabilidad personal. Si los demás católicos quieren cooperar en su apostolado –como sería de desear–, lo que deben hacer es ayudarles a que puedan ganarse la vida honradamente con ese servicio a la sociedad y a la Iglesia, para que no se encuentren en la disyuntiva de trabajar para los enemigos de Dios –comprometiendo su alma– o de no poder trabajar para nadie.
48c A veces, a estos periodistas católicos, se les pide –o se les impone como deber de conciencia– ayudar a la prensa católica con prestaciones profesionales gratuitas. No se dan cuenta, los que así actúan, de que esta gente debe vivir de su profesión, debe poder ganar con su trabajo el pan para su familia. Todo el tiempo, que se les quita –que se les roba– para esas actividades católicas, es tiempo perdido para la labor seria y constante que es lo que realmente interesa, y con la que realmente pueden competir con los demás profesionales que persiguen fines torcidos.
48d No se trata nunca –ya lo habéis comprendido– de crear sociedades de mutuo apoyo, ni de favorecer a nadie, ni de fabricar ídolos, falseando la selección natural de méritos y capacidades; sino de todo lo contrario: de oponerse a esos monopolios injustos de origen oculto, que impiden a las personas honradas e independientes –en particular, si son católicos– el libre ejercicio de su profesión.
49a Utilizar todos los instrumentos
El apostolado de la opinión pública lo hemos de ejercer a través de todos los medios posibles. Es una clara necesidad apostólica la de trabajar en las más variadas actividades dirigidas a la información y formación de la opinión pública –revistas, diarios, agencias de noticias, emisoras de radio, casas editoriales, librerías, productoras y distribuidoras cinematográficas, etc.–, para realizar desde allí una eficaz tarea doctrinal en servicio de las almas.
49b Omnis quicumque confessus fuerit me coram hominibus, et Filius hominis confitebitur illum coram angelis Dei67; cualquiera que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios. Hemos de confesar a Dios, llenando el mundo –como suelo repetiros a menudo– de papel impreso, porque es un modo de manifestar esa pasión dominante de mis hijos: dar doctrina.
49c Presencia en todas las tareas importantes
Por tanto, es indispensable la presencia apostólica vuestra, hijas e hijos míos, en las tareas humanas directamente relacionadas con la vida y la gestión de las empresas de prensa, cine y radio, distribución de libros y publicidad: desde las profesiones técnicas –tipógrafos, linotipistas, técnicos de la luz y del sonido, etc.–, hasta las económicas –agentes de venta, accionistas, gerentes– y las artísticas e intelectuales: directores, guionistas, redactores, colaboradores, novelistas o actores.
50a No despreciar las de menor relieve
Empezar por algo
Conviene considerar la posibilidad de trabajar no solo en la prensa que tiene mayor difusión en el país, sino también en publicaciones y emisoras provinciales y locales, que muchas veces llevan una vida lánguida por falta de personal especializado. No olvidéis, además, que lo mejor es enemigo de lo bueno; y, en este caso, es mejor empezar por algo que no esperar oportunidades extraordinarias.
50b Si consideráis la situación actual de estos medios de información en el mundo, llegaréis conmigo a la conclusión de que no es difícil, si se ponen todos los medios sobrenaturales y humanos, que esas publicaciones –por su nueva orientación, contenido, presentación, etc.– tengan personalidad propia y respondan a las exigencias del momento, de forma que pueda decirse con verdad que vienen a llenar un hueco.
50c Sin embargo, la urgencia de comenzar una labor apostólica en los instrumentos de comunicación no debe entenderse nunca –no sería nuestro espíritu– como una llamada a la precipitación, sino como necesidad de impulsar estas tareas, para hacer realidad aquel coram omnibus viventibus confitemini ei68, para llevar la doctrina del Señor a todas las inteligencias, y el sentido cristiano de la vida a todos los ambientes.
51a Conveniencia de que muchas personas de Casa se preparen profesionalmente
Conviene que haya un número cada vez mayor de hijas y de hijos míos bien preparados, que desarrollen su actividad profesional en este campo de la información; por eso, hay que promover entre personas de la Obra la vocación, para que los que tengan afición y aptitudes personales sigan estudios técnicos de periodismo, de cine, de radio, etc.; estos hijos, como los demás socios, sus hermanos –cada uno en la labor concreta del trabajo que le sea propio–, adquirirán, junto a la preparación profesional, una adecuada formación doctrinal y apostólica.
51b Desde el primer momento, han de tener conciencia cierta de que es en ese trabajo donde se tienen que santificar, y que, por tanto, deben hacerlo con seriedad, no como amateurs, sino como auténticos profesionales, dedicándose a esa tarea no tangencialmente, sino de una manera frontal y directa. Lo contrario sería una pérdida de eficacia apostólica, de tiempo y de dinero.
51c Precisamente porque en la Obra nos santificamos por medio del trabajo profesional, estas labores habrán de estar humanamente bien hechas, con la perfección que cada uno y en cada caso pueda lograr: y está claro que, si han de ser verdaderos profesionales, han de ser laicos. Los sacerdotes –cuando podamos hacerlo– escribiremos de ciencias sagradas y de problemas pastorales, de ordinario.
52a Amistad con otros profesionales
Apostolado con ellos
Procurad también, como una manifestación más de este apostolado, que se trate –haciendo amistad– a los periodistas más importantes, así como a las personalidades más representativas de la vida pública, cultural, etc., del país, para que se haga con esas personas una honda labor de San Gabriel, a la vez que les damos a conocer –loquimini veritatem, unusquisque cum proximo suo69– la verdadera naturaleza de nuestra Obra, rectificando las posibles informaciones erróneas.
52b De esta manera, a todos se les enseñará a valorar, en lo humano y en lo sobrenatural, la importancia de su quehacer profesional, y se les ayudará eficazmente a cumplir con los deberes propios de su oficio; no serán pocos los que recibirán la gracia de la vocación, y la mayor parte –también los que queden solo como amigos– serán instrumentos valiosos, que colaborarán en este eficaz apostolado de la opinión pública.
53a Labores corporativas de enseñanza
También, en ciertos casos, la labor de apostolado en el campo de la opinión pública puede tener el carácter de labor corporativa: es el caso, por ejemplo, de las escuelas de periodismo que puedan dirigir los socios como miembros de la Obra. Y lo mismo habría que decir de los clubs de periodismo, de cine, de teatro, etc., que pueda haber en nuestras residencias de estudiantes, como una de tantas actividades culturales que procuramos fomentar en torno a la obra de San Rafael.
53b La mayor parte de la labor es personal, en muy diversas tareas
Queda claro, pues, que nuestras obras corporativas –las residencias universitarias, los centros culturales, las casas de retiros y convivencias, etc.– podrán y deberán organizar reuniones, ciclos de conferencias, convivencias de profesionales de estos medios de información, y cuantas actividades tiendan a orientar con sentido cristiano esta labor.
54a Pero la mayor parte de la tarea apostólica directa, en el campo de los medios de comunicación colectiva, la deben desarrollar las obras del apostolado de la opinión pública, es decir, las empresas editoriales y de librerías, las de prensa, radio, cine, etc., en las que trabajen alguno o algunos de los miembros de la Obra, junto con muchas más personas que no pertenecen al Opus Dei.
54b No serán propiedad de la Obra
Estas empresas son labores que de hecho formarán parte del apostolado de la Obra, aunque no sean de nuestra propiedad: cosa imposible, por el volumen y el valor económico que alcanzarán; y, si fuera posible, tampoco convendría. Interesa solo la organización interna y la coordinación del apostolado personal de los socios del Opus Dei y de sus amigos; formarán parte –decía– del apostolado de la Obra, porque cuidaremos de su eficacia, para dar el criterio de la Iglesia y, en general, la doctrina que contribuye a la salvación de las almas.
55a Su carácter personal y libre
Fijaos en lo que os he dicho: no he afirmado que esas sean de por sí labores del Opus Dei, sino que su actividad –en lo que tenga de puramente apostólico– está injertada en la labor apostólica de la Obra, a través de la actuación personal y profesional –libre y responsable– de sus miembros.
55b La Obra no se hace responsable de esas actividades
Es decir: la Obra no garantiza la marcha de esos periódicos, revistas, emisoras, etc. Ni son empresas que puedan jamás considerarse como órganos de expresión del Opus Dei. La Obra no tiene, no ha necesitado nunca, no necesita, ni necesitará jamás órganos propios de expresión.
55c Cuando los socios del Opus Dei trabajen en la realización de una publicación, o desarrollen otra actividad relacionada con los medios de formación de la opinión pública, harán siempre una labor profesional y personal, de ciudadanos corrientes.
55d Su criterio no es el de la Obra
El hecho de la presencia de socios de la Obra contribuye solo a garantizar la eficacia apostólica de estas actividades, pero no impone una línea ideológica –que no existe– propia de la Obra. Por tanto, el criterio que se siga en esas labores no puede representar un criterio del Opus Dei, sino el de las personas que las dirigen, que realizan su quehacer profesional con plena libertad y con la consiguiente responsabilidad propia, absoluta y exclusiva de cada uno.
55e Por eso, los que dirijan una de estas labores, deben tener bien claro que sus relaciones con la Jerarquía y con las diversas organizaciones confesionales deberán estar reguladas por su condición de católicos, por el carácter de la labor concreta de que se trate, por las condiciones sociales y culturales del país, etc., sin que –como sucede en toda su actividad profesional– suponga modificación ninguna el hecho de su vinculación a la Obra.
56a Son labores privadas
Aclararán –cuando convenga– la verdadera naturaleza de la labor, haciendo ver que estas tareas son actividades profesionales y privadas –insisto, porque importa mucho esta puntualización– de algunos miembros de la Obra, realizadas conjuntamente con otros profesionales de ese mismo ramo, ajenos al Opus Dei.
56b No representan ni a la Obra ni a la Iglesia
No son en modo alguno órganos de expresión de la Obra, ni de la Iglesia: en consecuencia, la situación de esas publicaciones, editoriales, etc., en las que trabajan algunos miembros de la Obra será, con respecto a las leyes civiles o eclesiásticas, exactamente la misma que la de cualquier otra publicación, editorial, etc., del país, que esté dirigida por un grupo de ciudadanos libremente asociados entre sí.
56c La finalidad ideológica, que se mantenga en la gestión de esas empresas, no representa –no puede representar jamás– una norma de la Obra, porque en cada caso es la que decida de común acuerdo el comité de redacción, el consejo de administración o de edición: el organismo competente. En el desempeño de esta actividad profesional –de esta y de cualquier otra: podemos y debemos desempeñar todas las tareas honestas–, los miembros del Opus Dei, lo repetiré siempre, gozan de una absoluta libertad de criterio y de actuación, sin imposición que no venga de su conciencia.
57a Contenido apostólico
Para que todas estas actividades respondan a las características que exige su naturaleza, no basta la preparación profesional, no basta la perfección técnica, no basta que las cosas estén bien hechas; es necesario que nuestro espíritu apostólico lo empape todo.
57b Han de tener siempre un preciso fin apostólico: no solo indirecto –proporcionar, en un plazo más o menos corto, ayuda para el sostenimiento o ampliación de otros apostolados–, sino también y principalmente directo: dar soluciones cristianas sobre problemas, hechos, situaciones, etc., de la vida pública nacional o internacional; sobre los de una clase social, o los de una determinada actividad o profesión; o secundar el parecer de la Jerarquía eclesiástica sobre temas de actualidad.
57c A ese fin apostólico debe corresponder después, de hecho, la orientación constante y el contenido doctrinal de la labor. La doctrina convendrá darla de muy distinta forma, según el tipo de actividad de que se trate y el público a quien se dirija, pero no puede faltar nunca. Si faltase, ya no estarían haciendo Opus Dei los hijos míos que allí trabajaran: sería solo gastar esfuerzos en cooperar en un instrumento inútil, porque no respondería a su fin esencial.
58a Apostolado personal con los colaboradores
La acción apostólica de estas labores atraerá a muchas almas, dispuestas a ofrecer con generosidad su colaboración profesional o económica. Se darán cuenta de que es un servicio de urgente necesidad para la Iglesia, una gran labor formadora de conciencias, una maravillosa obra de caridad espiritual.
58b No faltarán tampoco estudiantes –los mejores estudiantes: los que sienten y defienden nobles ideales humanos– que se reunirán alrededor de las revistas universitarias, que hemos de promover desde nuestras Residencias, sin que puedan considerarse por eso como publicaciones oficiales de esas obras corporativas, que no lo serán. Al participar en estas tareas, los estudiantes acabarán por incorporarse a la labor de San Rafael que nace en y desde cada Residencia: Círculos, Convivencias, etc. De entre ellos, pueden salir además grupos de alumnos para las escuelas de periodismo.
58c Os puede servir, para tener muy presente esta exigencia de nuestro apostolado de la doctrina, aplicar a vuestro caso aquellas palabras que leía yo hace años en el locutorio de un convento de carmelitas descalzas: hermano, una de dos: o callar o hablar de Dios; que en la casa de Teresa, esta ciencia se profesa. Hablar de Dios, pero como habla la gente de la calle, no con el tono y el modo de los religiosos.
59a Diversas formas de dar doctrina
La doctrina convendrá darla de muy distinta forma, según el tipo de trabajo que se realiza, el público a que se llega, etc. En una revista –aunque no se titule así– de formación católica o de teología práctica, por ejemplo, la doctrina, bajo forma de estudios o de noticias comentadas, es obligada siempre y en todos los artículos del sumario.
59b En una revista cultural profana, en cambio, el pensamiento católico deberá impregnar el contenido de manera constante y discreta, más o menos aparente –en los títulos y citas de los artículos– según el nivel intelectual católico del país, pero habrá de tratar, junto a algunos temas de derecho público eclesiástico, de moral, etc., también otros temas no directa ni necesariamente teológicos o canónicos: científicos, literarios, económicos o artísticos.
60a Revistas para la mujer
Pienso también, con particular ilusión, en las revistas para la mujer, que promoverán mis hijas –con aire muy femenino y secular, con gracia: entrarán por los ojos–, para hacer un fecundo y apremiante apostolado en ese campo, dar ideas claras, influir en las modas y costumbres, y llevar a todos los hogares –con don de lenguas, con doctrina y ternura– un mensaje de cálido ambiente cristiano. No deben faltar nunca las publicaciones atrayentes para los niños.
60b Revistas populares
Abordaremos de igual manera –no estoy soñando, hijos míos; o si queréis, como muchas veces os digo, soñad vosotros conmigo en estas cosas de Dios, y os quedaréis cortos– las revistas populares, que, por llegar a muchísimas personas, a un público muy amplio, tienen un evidente interés apostólico.
60c Diarios y noticiarios
En los diarios de información y emisiones de noticias –continúo con el modo, dando normas que son flexibles en la forma, no en el fondo–, se deberá cuidar la selección de los hechos y el enfoque de los comentarios. En el cine y la radio, se tratará muchas veces simplemente de ofrecer una visión hondamente cristiana de un problema o de una situación, que se presenta con frecuencia en la vida; otras, será cosa de dejar ver, en tres o cuatro detalles pequeños, el ambiente humano y normal de una familia católica o de una persona, sin rarezas ni estridencias.
60d Siempre, doctrina
La forma de dar la doctrina puede pues variar mucho, pero no debe faltar nunca: si faltase, no tendría razón de ser esa actividad. No quiero para mis hijos ninguna labor, por brillante que parezca, que no tenga entraña apostólica, que no sea ocasión próxima de acercar las almas al calor de nuestra Fe.
61a No dar fama a quien no la merece
Parte de la responsabilidad, que tenemos, de dar buena doctrina es no hacer propaganda de personas, de las que se sabe positivamente que tienen un pensamiento poco ortodoxo. Conviene tener en cuenta que, en ocasiones, la fama de algunos autores es consecuencia, más que de una valía personal, de toda una campaña de publicidad hábilmente llevada.
61b No es raro que los que quieren sembrar la confusión –han dejado, si es que lo siguieron algún tiempo, el camino recto y se han descarriado: derelinquentes rectam viam erraverunt70– usen la táctica de exaltar de palabra y por escrito el valor científico, literario, artístico, etc., aparente la mayor parte de las veces –sin fundamento real–, de autores heterodoxos: de manera que se llegue a estimar como incultura el no haber leído sus escritos o el no citarlos.
61c Es una norma elemental de prudencia no secundar esas campañas, porque de ahí no puede venir la salud: hi sunt fontes sine aqua71, son fuentes sin agua; solo la doctrina de Cristo tiene la virtud de calmar la sed.
61d Dar nombre a buenos autores
Pero, sobre todo, a imitación del Señor –ubi autem abundavit delictum, superabundavit gratia72, cuanto más abundó el pecado, tanto más ha sobreabundado la gracia–, es necesario ahogar el mal en abundancia de bien, y se ha de procurar por tanto dar nombre a los autores que con sus escritos pueden hacer y hacen un bien positivo a las almas.
62a Informar sobre el apostolado de la Obra
No nos ha de sorprender la aparición de algunas noticias falsas y tendenciosas. Es inevitable que haya murmuradores: los han sufrido y los sufrirán todas las personas y las entidades que, con rectitud de intención y deseo de eficacia, han trabajado por la Iglesia y por las almas. Esas falsas informaciones suelen ser fruto de falta de ideas claras, de ignorancia; o consecuencia quizá de manejos, hechos con poca o ninguna buena fe, por gentes apasionadas y fanáticas.
62b Recalcad fundamentalmente algunos aspectos de nuestro espíritu y de nuestro apostolado: su carácter exclusivamente sobrenatural; la amistad sincera y noble con personas de todas las condiciones sociales, de todas las razas –lo haremos, hijos míos, tened confianza– y de todas las creencias, que manifiesta nuestro espíritu de comprensión y de convivencia; la secularidad y la mentalidad laical que impregna nuestro modo de pensar, de hablar, de obrar y de vivir; el testimonio de vida cristiana dado, a pesar de nuestros errores personales, en el ambiente de trabajo, con sencillez, sin rarezas; el amor a la libertad de los demás y a la nuestra con la correspondiente responsabilidad personal; el trabajo profesional santificado y santificante; la realidad de ser iguales a los demás ciudadanos, con los mismos deberes y los mismos derechos, puesto que no cambiamos de estado al ser admitidos en la Obra; nuestro deber de trabajar y de que cada uno viva del ejercicio de su oficio manual o de su profesión intelectual; la Obra y sus Directores no pueden manifestar opiniones políticas y, en cambio, los socios del Opus Dei tienen en ese terreno la misma libertad que si no fueran miembros de la Asociación; aborrecemos toda clase de secretos o secreteos; no tenemos ambición de ningún cargo u honor humanos, aunque –a veces– haya que llevarlos como cargas, con cristiano espíritu de servicio; al Opus Dei no le interesan ni votos ni promesas, que desconoce, sino virtudes; la Obra nada tiene que ver con el estado religioso; etc.
63a Ayuda espiritual de la Obra a quienes se dedican a estas tareas
Quienes realicen el apostolado de informar a la opinión pública, necesitarán no solo estar bien formados, sino saber juzgar de los acontecimientos de actualidad. Por eso será oportuno prestarles una eficaz ayuda, señalando aquellos temas doctrinales o informativos –ya veremos cómo– sobre los que en un determinado momento interesa hablar, porque hay motivos apostólicos que lo aconsejan: para combatir el error, para defender la libertad del apostolado católico, para explicar la responsabilidad personal de los cristianos en lo temporal, etc.
63b Numerador común y libertad de opinión
Al enfrentarse con los problemas que en cada tiempo sean actuales y ofrecer posibles soluciones, se ha de vivir delicadamente lo que es el denominador común de todo hijo fiel de la Iglesia, que no excluye –al contrario– una amplia libertad, pero exige obrar con la necesaria responsabilidad, y tener siempre en cuenta el Magisterio, al valorar y juzgar las diversas situaciones y problemas.
64a Dar a conocer la Obra con naturalidad
Lo nuestro –lo que Dios Nuestro Señor nos pide– es vivir con naturalidad, con humildad personal y colectiva, sin hacer jamás ostentación, pero dándonos a conocer cuando es oportuno, también a través de los medios de comunicación social. Por eso, el amor a la verdad –dirige me in veritate tua, et doce me73– nos lleva a explicar y hacer entender las características de nuestro espíritu; sin olvidar que, con la expansión de la Obra, adquirirán cada día más relieve nuestras actividades apostólicas, y necesariamente se ha de hablar de ellas: si no lo hacemos nosotros, personas mal informadas podrán incurrir en inexactitudes o errores.
64b Esta tarea exige –algo os he dicho ya– sentido sobrenatural, talento práctico, y mucho afán de servir a las almas. Porque es necesario conjugar la humildad colectiva con el carácter abierto de nuestro modo de obrar; con el celo apostólico por atraer las almas a la luz del espíritu, que hemos recibido por la vocación divina; con la prudencia, para impedir que, de lo que es realidad sobrenatural, hagamos nunca noticia periodística.
64c Guiados por ese espíritu, se debe llevar adelante con ilusión la tarea de informar rectamente o, en su caso, de rechazar con energía y rapidez cualquier posible información falsa. Hemos de ser nosotros, con una labor eminentemente positiva, quienes tomemos la iniciativa para dar a conocer la gran tarea de almas, y al mismo tiempo humana, social, cultural, etc., que realizaremos en todo el mundo.
64d Así, además, orientando debidamente la opinión pública, quedarán desautorizadas de antemano las informaciones poco exactas que puedan aparecer: siempre es mejor prevenir que curar. La labor de orientar y dirigir la opinión pública no es solo ya de por sí un gran apostolado, sino también una magnífica ayuda –y, a veces, un medio indispensable– para todas las demás tareas apostólicas.
65a Todos deben contribuir
La contribución de cada uno de mis hijos a esta labor dependerá de sus circunstancias y posibilidades personales: especialmente eficaz debe ser la colaboración de quienes trabajen profesionalmente en estos medios de comunicación.
65b Habrá también otros que, sin dedicarse profesionalmente a trabajos relacionados con la opinión pública, podrán llegar sin embargo a círculos amplios de personas: por sus amistades, porque están en condiciones de enviar informaciones fidedignas a oficinas de información de organismos o grupos internacionales, etc.
65c Y todos pueden –y deben– tratar de estos temas en conversaciones con sus parientes, colegas o amigos, o aclarar ideas a quienes presenten dudas u objeciones: no os olvidéis de que somos una fuerza apostólica nueva, que viene de la calle y en la calle debe continuar; que hacemos una dedicación personal al servicio de Dios y de su Iglesia Santa y del Papa, y no somos religiosos, no queremos votos, ni promesas; que convertimos en apostolado todo lo que tocamos, y no podemos, ni queremos –ni Dios lo quiere– ser religiosos; que, a pesar de esta completa dedicación personal, la mayor parte de los socios vive en su casa particular, en una fonda, en un hotel o al pie del trabajo, como sus colegas. Es justo que, de buena fe y hasta con deseos de ayudar, nos hagan preguntas que, en no pocas ocasiones, parecen o son agresivas.
65d En resumen: todos debéis sentir la responsabilidad de aprovechar las oportunidades que se os presenten –también de buscarlas, porque nuestro espíritu nos mueve a obrar– para hacer llegar la luz y la verdad: emitte lucem tuam et veritatem tuam74.
66a Cada uno, en su trabajo
Llevaremos a cabo, pues, este apostolado, primero con el libre ejercicio del trabajo de cada uno, en medio del mundo, entre sus iguales, haciendo de esa profesión u oficio medio de santidad. No hace falta, insisto, que ese trabajo tenga una relación directa con los medios de información y de opinión pública, porque desde cualquier sitio hoy se llega a influir en ellos de alguna manera.
66b Ejemplos
Los que tienen su labor en el campo jurídico, por ejemplo, procurarán contribuir a que haya leyes justas, que garanticen la debida libertad de expresión para todos los que quieren servir al bien común, y, al mismo tiempo, que exijan severamente la correspondiente responsabilidad civil y penal, cuando proceda.
66c Algunos promoverán o vivificarán asociaciones de padres de familia, de radioyentes, etc., para intervenir oportunamente ante las competentes autoridades, y denunciar o contrarrestar los abusos de los medios de comunicación colectiva.
66d A otros, su condición y su puesto en las estructuras sociales les permitirán organizar y coordinar campañas de cartas de protesta o de alabanza, que suelen ser muy eficaces, porque encauzan y dan consistencia a las naturales reacciones de indignación o de satisfacción del público más o menos inerte y pasivo.
66e Otros influirán poderosamente, en la marcha de los órganos de opinión pública, con una sana política de inversiones publicitarias: porque esa política, aunque directamente la llevan las empresas de publicidad, depende en parte de la actitud de los que tienen encomendada la gestión de las empresas industriales y comerciales.
66f Desde esos puestos, por tanto, gente con criterio puede hacer una buena labor; como la podrán hacer también los hijos míos que trabajen en las organizaciones sindicales, de las que dependan los profesionales de la opinión pública; los que trabajen en las finanzas públicas y privadas; etc.
67a Apostolado directo en la sede de estas labores
Os quiero recordar, por último, que incluso las mismas instalaciones materiales de esas empresas cumplirán con frecuencia una misión apostólica directa, como lugar donde se deben celebrar tertulias o reuniones: no olvidéis que la palabra oral –fides ex auditu75– es siempre medio principal e insubstituible en la labor apostólica.
67b Además, el carácter sobrenatural y el tono humano de esas actividades, de esas obras apostólicas, atraerá, como dije, a muchas personas, dispuestas a colaborar en las formas más diversas, dando así origen a una auténtica labor de San Rafael y de San Gabriel, para acercarles al espíritu de nuestra Obra y ayudarles a mejorar su vida interior.
68a Otros ejemplos de colaboración de todos
Os decía que, desde todas las profesiones, se puede llegar a influir en la vida de los órganos de la opinión pública. La vibración apostólica de mis hijos, al ver la trascendencia de este apostolado, sugerirá a cada uno –en la esfera de sus iniciativas– la manera de ayudar.
68b Unos escribirán colaboraciones literarias o científicas, y harán recensiones de libros, de revistas, de obras de teatro, de películas; otros procurarán anuncios o gestionarán una aportación de capital; otros darán a conocer tal revista, tal programa, esa película, ese libro…, entre sus colegas y amigos; muchos, aprovechando viajes o estancias en otros países, podrán enviar crónicas y reportajes, hacer traducciones, etc.
68c El médico, el abogado, etc., dejarán en la sala de visitas de su despacho las revistas que interese; los propietarios, gerentes o empleados de los hoteles, harán lo mismo en su establecimiento; y la peluquera, en su local; y esas benditas hijas mías, vendedoras en el mercado público, desde su puesto. Cada uno en y desde su sitio.
68d Una ayuda que preveo muy eficaz será escribir críticas positivas –constructivas, dando consejos prácticos– de lo que haga o produzca una determinada actividad en ese campo, reflejando la opinión y las reacciones de las demás personas de su propio ambiente: así facilitaréis al público, al que se dirija, el mejor conocimiento de las cosas.
69a Actitud abierta
Nuestra actitud, hijas e hijos de mi alma, es siempre una actitud abierta. Nuestras obras, lo mismo que nuestras casas, tienen las puertas y las ventanas abiertas de par en par, de modo que entre el aire puro de todas las cosas buenas de la tierra.
69b Se informa sobre otras labores
De este modo, estas labores apostólicas informarán también de las actividades de otras asociaciones, procurando –como ya os adelanté– contribuir a que se conozca el trabajo de los católicos en el mundo. Precisamente uno de los apostolados de la Obra es dar a conocer la verdad, con claridad y objetividad. Y hacer que se conozca, en cada país, el ambiente de religiosidad y de trabajo, las actividades científicas y sociales, de los católicos de los demás países, no solo en sus labores colectivas, sino también en sus tareas individuales.
69c Ideas claras sobre cuestiones temporales
Tenéis que dar claridad sobre todos los asuntos temporales, sobre todos los aspectos de la vida de los hombres: la familia, la sociedad civil, las profesiones, las diversiones, los deportes, la ciencia, la enseñanza, el arte, la moda…
69d Pero no olvidéis que hay dos puntos esenciales en la vida de los pueblos: las leyes sobre el matrimonio y las leyes sobre la enseñanza; y ahí tenéis que luchar y bien. Para que se oiga la voz de la Iglesia y se conozcan y respeten sus derechos intangibles, para que todos los católicos sientan la responsabilidad de actuar como les corresponde. Vosotros deberéis mantener siempre, en carne viva, ese hondo sentido de responsabilidad que promueve y encauza la actuación de los fieles en la vida pública.
70a Otras consideraciones apostólicas
No os he indicado más que algunas cosas generales sobre la labor que realizaréis. Sin embargo, antes de terminar, quiero añadir unas consideraciones, que os servirán tanto para el apostolado de la opinión pública hecho personalmente a través de esas labores, como para el que hacéis también personalmente, cada uno, también dando doctrina: porque donde hay un alma del Opus Dei, hay una brasa encendida que prende fuego, da luz y calor, en una actividad inadvertida, pero siempre fecunda.
70b Necesidad de combatir la ignorancia
Os hablé de ese gran enemigo de Dios que es la ignorancia –solo la ignorancia puede permitir a un hombre cometer un crimen, sin saber que lo comete–, y de la responsabilidad que tienen en contrarrestarla los medios de comunicación colectiva, y de la gran labor de doctrina que podemos hacer utilizándolos bien. Para eso es necesario tener doctrina, que se aprende estudiando, aprovechando esos medios de formación que la Obra pone en nuestras manos.
70c Don de lenguas
También necesitamos –os lo he dicho ya varias veces en esta carta– don de lenguas. Un don de lenguas que no consiste en el conocimiento de varios idiomas, sino en saberse adaptar a la capacidad de los oyentes. No se trata de hablar en necio al vulgo, sino de hablar en sabio, en cristiano, pero de un modo asequible a todos.
70d Hay que proporcionar doctrina con prudencia, con la suficiente picardía para que el que la reciba la pueda digerir. Hay que dar doctrina a todo el mundo, pero sin atragantar a la gente; en dosis razonables, según la capacidad de asimilación de cada uno. También esto es parte del don de lenguas. Como lo es igualmente el saberse renovar: saber decir lo mismo cada día con gracia nueva.
71a Perseverancia para insistir
Otra cosa necesaria para este apostolado de la doctrina, con los medios de comunicación colectiva, es la perseverancia para insistir. Insistir sin miedo: tengo la experiencia de que hay que repetir las cosas. Hay cosas muy claras, muy claras, que la gente no entiende porque algunas veces nosotros tenemos malas explicaderas; pero en otras ocasiones, son ellos los que tienen malas entendederas, y se da el caso de que coincidan las dos cosas: malas explicaderas y malas entendederas.
71b Estamos diciendo siempre lo mismo, insistiendo en ideas que son clarísimas, pero cuando no las entienden, tenemos que repetirlas de cincuenta maneras, para que al fin, poco a poco, se vayan enterando. De cien personas, al principio cogen las cosas primero solo tres; después, diez; al cabo de un tiempo, treinta. Hay algunos que no las entenderán nunca: sacan, de nuestra conversación o de sus lecturas –en vieja frase castellana–, lo que el negro del sermón, porque no entendía la lengua: los pies fríos y la cabeza caliente.
71c Vosotros, hijas e hijos míos, al trabajar con las revistas, los periódicos, los libros, las películas, haced la proporción, calculando cuántas personas os van a entender. Y decidíos a tener muchísima paciencia. Hay que repetir lo mismo, pero de modos diversos. Es la forma lo que debe ser siempre nuevo, distinto; no la doctrina, que permanece idéntica, inalterable, si toca la fe o las costumbres.
72a Sin desanimarse
Sed non omnes obediunt Evangelio76: no todos obedecen al Evangelio, no todos aceptarán vuestra doctrina, aunque la entiendan perfectamente, y reconozcan que es la Buena Nueva de Jesucristo. Sigue diciendo San Pablo: Isaias enim dicit: Domine, quis credidit auditui nostro?77, porque dice Isaías: Señor, ¿quién creerá lo que oigan de nosotros? A veces no creen: pero nunca os desaniméis.
72b No creen, porque están de tal modo maleados que les podemos echar el vino de las bodas de Caná, aquel que es testimonio del primer milagro de Jesús, la primera manifestación de la divinidad y, metido en la conciencia de algunos, se convertiría en vinagre. Por eso no creen: quidquid recipitur ad modum recipientes recipitur; las ideas se reciben según la condición del recipiente.
72c Dificultades
Hijos míos, para dar doctrina, una doctrina tan clara, no es raro que encontréis dificultades. Hace veinte siglos que Cristo vino a este mundo a traer la luz, y el mundo está a obscuras. La mayor parte del mundo no es cristiana. Bastantes de los que se llaman cristianos no están unidos a la vid: son ramas sueltas que no pueden dar fruto. Y los que están unidos a la cepa, y tienen la gracia de la Fe, no viven en su mayor parte como católicos: lo acabamos de ver, al contemplar el panorama de los abusos en el campo de la opinión pública.
72d Optimismo
Parece un fracaso de Cristo, pero no es fracaso. Os decía al principio que el Señor es tan bueno que nos ha dejado la libertad, y con ella también la triste capacidad de descaminarnos. Y contra el proceso maravilloso de la Redención está el hombre pronus ad peccatum después de la primera caída, inclinado hacia las cosas malas; y están todas las pasiones humanas, y toda la actividad del demonio. De otra parte, gozaos: la Redención se está haciendo, y Nuestro Padre Dios en su infinita bondad nos ha llamado al Opus Dei, para que seamos corredentores con su Hijo Divino, Jesús.
72e Habrá dificultades, os decía. Las ha tenido Jesucristo: no le escuchaban, no le entendían. Si esto sucedió al Señor, non est discipulus super magistrum78, no tenemos por qué esperar otra cosa. Dificultades las tendremos, las hemos de tener. Pero ya sabéis que hay una panacea especial, una medicina que, junto a los medios humanos, produce siempre efectos saludables, aquel caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu79, que decía a los de Corinto San Pablo: mi cariño –diremos a todas las almas–, para todos vosotros en Cristo Jesús.
73a Hace falta ser santos
Hijos míos, estas consideraciones que os he hecho han sido para que os animéis más y más, con sentido sobrenatural, a sembrar, porque sois Cristo y habéis salido a sembrar la semilla de Cristo, a dar doctrina. Pero, para que la siembra sea eficaz, hijos de mi corazón, necesitáis santidad.
73b Yo no tengo otra receta, para ser eficaz –y eficacia necesitamos en el ejercicio de este apostolado de la opinión pública–, que la que tenían los primeros cristianos. No hay otra, mis hijos.
73c Progreso en lo temporal
El mundo ha adelantado tanto, en todas las actividades de los hombres. Es una maravilla cómo Dios ayuda a la inteligencia humana en esas investigaciones que necesariamente le tienen que llevar a Dios, porque si son verdad a Dios llevan. Todo cambia. Tenemos medios –habéis contemplado el panorama de esos medios de comunicación colectiva– que no tenían nuestros padres al principio del siglo, nuestros abuelos en el siglo pasado. Desde aquellas circunstancias de pobreza de medios, hasta las actuales, hay un abismo.
73d En lo espiritual, siempre los mismos medios
Sin embargo, en la vida espiritual, ayer, hoy y mañana existen y existirán siempre los mismos medios. No hay posibilidad de adelantar. La misma receta: ¡santidad personal! No hay otra cosa: lucha ascética, poniendo en actividad la fe, que algunos creen que es teoría, para escribir, y no vida de nuestra vida, para practicarla; poniendo en actividad la fe en Cristo, la esperanza: la esperanza de eficacia –a pesar de nuestras personales miserias– y la esperanza del amor que nos aguarda en el cielo. Todas las virtudes teologales no son tampoco en nosotros una teoría, porque se ejercitan activamente, en la vida contemplativa de un hijo de Dios en su Opus Dei.
74a Escuchad lo que nos dice Jesús, en boca de Juan: Ego in hoc natus sum et ad hoc veni in mundum, ut testimonium perhibeam veritati80; yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad, para librar a la humanidad de la esclavitud del pecado.
74b Eficacia del apostolado de la opinión pública
Esas palabras del Señor son una promesa de la gran fecundidad, que debe tener la labor de las hijas y de los hijos míos que trabajan profesionalmente en los campos de la información, de la doctrina y de las diversiones. Para que deis abundante testimonio de la verdad, rezo cada día con interés particular por nuestro Apostolado de la Opinión Pública.
74c Se me viene al alma, al escribir estas líneas, como una prueba de cariño, de simpatía y de ayuda espiritual, aquel clamor del salmista: ad annuntiandum mane misericordiam tuam, et veritatem tuam per noctem81: Señor, que esos hijos tuyos que han de hacer con tanto sacrificio la opinión pública en el mundo, anuncien siempre –de día y de noche– hechos y doctrinas de misericordia y de verdad.
74dOs bendice cariñosamente en el Señor vuestro Padre.
74eMadrid, 30 de abril de 1946
Notas
1 Et creavit Deus hominem ad imaginem suam: ad imaginem Dei creavit illum (Gn 1, 27).
2 2Co 3, 17.
3 Quis ergo nos separabit a caritate Christi? tribulatio? an angustia? an fames? an nuditas? an periculum? an persecutio? an gladius?… Certus sum enim quia neque mors, neque vita, neque angeli, neque principatus, neque virtutes, neque instantia, neque futura, neque fortitudo, neque altitudo, neque profundum, neque creatura alia poterit nos separare a caritate Dei, quae est in Christo Iesu Domino nostro (Rm 8, 35, 38 y 39).
4 1Jn 4, 8.
5 Ga 5, 13.
6 Ga 4, 31.
7 Jn 8, 32.
8 Jr 2, 11.
9 Superba enim vanitatis loquentes pelliciunt in desideriis carnis luxuriae eos, qui paululum effugiunt, qui in errore conversantur: libertatem illis promittentes, cum ipsi servi sint corruptionis (2P 2, 18 y 19).
10 Quasi liberi et non quasi velamen habentes malitiae libertatem (1P 2, 16).
11 2Tm 4, 4.
12 Rm 8, 21.
13 Lc 4, 19.
14 Pr 26, 28.
15 Col 2, 8.
16 Jn 8, 44.
17 Si autem ii, qui secundum carnem haec operati sunt, morte sunt affecti; quanto magis, si quis fidem Dei prava doctrina corrumpat, pro qua Iesus Christus crucifixus est? Talis, inquinatus factus, in ignem inextinguibilem ibit (S. Ignatius Antiochenus, Epistula ad Ephesios, c. 16, 2).
18 Mt 7, 16.
19 Sal 89, 2.
20 Ipsa opera, quae ego facio, testimonium perhibent de me (Jn 5, 36).
21 2Tm 4, 3.
22 Fuerunt vero et pseudoprophetae in populo, sicut et in vobis erunt magistri mendaces, qui introducent sectas perditionis et eum, qui emit eos, Dominum negant, superducentes sibi celerem perditionem. Et multi sequentur eorum luxurias, per quos via veritatis blasphemabitur, et in avaritia fictis verbis de vobis negotiabuntur (2P 2, 1-3).
23 Laboro usque ad vincula quasi male operans; sed verbum Dei non est alligatum (2Tm 2, 9).
24 Iudicium iam olim non cessat, et perditio eorum non dormitat (2P 2, 3).
25 1Co 9, 22.
26 Mt 18, 11.
27 Ego sum via et veritas et vita (Jn 14, 6).
28 Ex condicto dicimus; secus enim haud facile intellegitur, cur id genus scriptores, qui minoris etiam momenti casus tam avide captant et proferunt, immania tamen facinora, quae in Russiarum regionibus, quae in Foederatis Mexici Civitatibus, quae in magna denique Hispaniae parte perpetrantur, tam diu reticuerint (Pius XI, enc. Divini Redemptoris, AAS XXIX [1937], p. 74).
29 2Tm 2, 17.
30 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces (Mt 7, 15).
31 Erit enim tempus, cum sanam doctrinam non sustinebunt, sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur (2Tm 4, 3 y 4).
32 1Jn 2, 16.
33 La mies es verdaderamente mucha, mas los obreros pocos (Mt 9, 37).
34 Jn 3, 20.
35 Y las tinieblas no lo han recibido (Jn 1, 5).
36 Para que te conozcan como nosotros te conocemos (Si 36, 5).
37 Lc 6, 40.
38 Mt 26, 63.
39 Si 3, 7.
40 He puesto centinelas, que no se callarán ni de día ni de noche (Is 62, 6).
41 Sal 55, 13-15.
42 Sal 119, 134.
43 Cfr. Rm 8, 28.
44 Sal 27, 1.
45 Lc 21, 9.
46 Mt 13, 24 y 25.
47 Mt 13, 28.
48 Christi enim in omnes gentes imperium negari coeptum; negatum, quod ex ipso Christi iure exsistit, ius Ecclesiae docendi humanum genus, ferendi leges, regundi populos, ad aeternam utique beatitatem perducendos. Tum vero paulatim Christi religio aequari cum falsis in eodemque genere, prorsus indecore, poni; deinceps civili potestati subiici arbitrioque principum ac magistratuum fere permitti; ulterius ii progredi, qui naturalem quamdam religionem, naturalem quendam animi motum pro divina religione substitui oportere cogitarent (Pius XI, enc. Quas primas, AAS XVII [1925], p. 605).
49 Mt 18, 7.
50 Etenim si nullus esset spectator, nullus prodiret histrio: cum autem vos vident et officinas et artes, et quaestum hinc provenientem, atque uno verbo omnia relinquere, ut ad haec spectacula accurratis, maiori alacritate atque studio his operam adhibent. Hoc autem dico, non ut illos a crimine vindicem; sed ut discatis vos esse qui huiusmodi nequitiae principium et radicem subministratis, qui totam diem his in rebus insumitis, honestum coniugii statum traducentes, et mysterium magnum dehonestantes (S. Ioannes Chrysostomus, In Matthaeum Homilia, 6, 7).
51 Sal 83, 4.
52 Flp 2, 5.
53 Mc 8, 2.
54 Tunc erumpet quasi mane lumen tuum, et sanitas tua citius orietur, et anteibit faciem tuam iustitia tua et gloria Domini colliget te; tunc invocabis, et Dominus exaudiet; clamabis et dicet: ecce adsum. Si abstuleris de medio tui catenam et desieris extendere digitum et loqui quod non prodest; cum effuderis esurienti animam tuam et animam afflictam repleveris, orietur in tenebris lux tua et tenebrae tuae erunt sicut meridies. Et requiem tibi dabit Dominus semper, et implebit splendoribus animam tuam, et ossa tua liberabit; et eris quasi hortus irriguus et sicut fons aquarum, cuius non deficient aquae (Is 58, 8-11).
55 Lc 8, 5.
56 Mt 13, 36.
57 Cfr. Hch 1, 1.
58 Capite nobis vulpes parvulas quae demoliuntur vineas (Ct 2, 15).
59 Rm 10, 14.
60 Ibidem.
61 Ibidem.
62 Rm 10, 15.
63 Tú eres mi hijo, yo te he engendrado. Pídeme y haré de las gentes tu heredad, te daré en posesión los confines de la tierra (Sal 2, 7 y 8).
64 Rm 8, 17.
65 Sal 104, 10.
66 Jn 18, 36.
67 Lc 12, 8.
68 Tb 12, 6.
69 Ef 4, 25.
70 2P 2, 15.
71 2P 2, 17.
72 Rm 5, 20.
73 Sal 25, 5.
74 Sal 43, 3.
75 Rm 10, 17.
76 Rm 10, 16.
77 Ibidem.
78 Mt 10, 24.
79 1Co 16, 24.
80 Jn 18, 37.
81 Sal 92, 3.
Aparato crítico
1a Nunca los hombres han hablado tanto de libertad como ahora. m12[2],1 f12,1 i12,3 ] Nunca tanto como ahora los hombres han hablado de libertad. v12,127
1b libertas[2], que aplico al origen divino del Opus Dei y a la realidad de nuestra vida– que, para mí m12[2],1 | libertas”[2], que aplico al origen divino del Opus Dei y a la realidad de nuestra vida– que, para mí f12,1 | libertas[2], que aplico al origen divino del Opus Dei y a la realidad de nuestra vida– que, para mí i12,3 ] libertas[2]– pensando en la entraña divina del Opus Dei y en la realidad de nuestra vida que, para mí v12,127-128
2c de los mayores m12[2],3 f12,2 i12,5 ] de mayores v12,129
2d prometiéndoles libertadv12,129 i12,5 | prometiéndoles libertadm12[1],3 ] prometiéndoles la libertad f12,3
4a la aparición –en v12,131 f12,4 i12,6 ] la aparición, –en m12[1],5
4b empresas de este género; v12,131 ] empresas ligadas a este género; m12[1],6 f12,4 i12,7
5b en el que tiene m12[1],7 i12[2],7 ] en la que tiene v12,132 | en que tiene f12,5 i12,7
6b a la que el individuo m12[1],8 ] a lo que el individuo v12,133 f12,5 i12,8
9a «única educación constante»: este fenómeno, que estaba ya presente en los años cuarenta y mucho más en los sesenta, cuando se había difundido ampliamente la televisión, ha aumentado su potencia en nuestros días, gracias a la aparición de Internet y de las redes sociales. Estas palabras de san Josemaría necesitan ser releídas a la luz de estos nuevos factores, y muestran su clarividencia, sobre todo por lo que se refiere a las nuevas generaciones, continuamente expuestas al influjo mediático.
9c incondicionalmente, m12[1],11 v12,136 ] incondicionadamente f12,8 i12,10 || oculto o impersonal– m12[1],11 v12,136 i12,10 ] oculto e impersonal– f12,8 |@Otro caso en el que la versión f12 nos parece más imprecisa («oculto e impersonal»), frente a «oculto o impersonal» de las otras versiones: en efecto, las dos cualidades no siempre van juntas, en el contexto en que está hablando.
10a debería ser– v12,136 ] debía ser– m12[1],11 f12,8 i12,10
13b lingua fallax v12,139 i12,12 | lingua fallax f12,10 ] lingua falaxm12[1],15
14a hasta el punto de que m12[1],16 f12,11 i12,13 ] hasta el punto que v12,140
14b quejarse de la masa, v12,140 ] quejarse la masa m12[1],16 f12,11 i12,14 || hasta qué extremo v12,140 f12,11 i12,14 ] hasta qué punto m12[1],16
14c Consecuencias de la masificación v12,140 ] def. i12,14
15c ocultar esta realidad. m12[1],18 v12,142 i12,15 ] ocultar esa realidad. f12,12
16a Anulación ] Anulamiento v12,142 i12,15
16b es menos disculpable v12,142 ] no es más disculpable m12[1],18 f12,13 i12,15
16c partido son ellos–, m12[1],19 f12,13 i12,15 ] partido son esas minorías–, v12,143
16d regímenes, marxistas m12[2],19 f12,13 i12,16 ] regímenes marxistas v12,143
18d fingidas, harán m12[1],23 f12,15 i12,18 ] fingidas harán v12,146
19a San Pablo: estoy yo padeciendo hasta verme entre cadenas, como malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada[23]. v12,146 ] San Pablo: laboro usque ad vincula quasi male operans; sed verbum Dei non est alligatum[23]: la palabra de Dios no puede permanecer encadenada. m12[1],23 | San Pablo: laboro usque ad vincula quasi male operans; sed verbum Dei non est alligatum[23]: la palabra de Dios no puede permanecer encadenada. i12,19 | San Pablo: “laboro usque ad vincula quasi male operans; sed verbum Dei non est alligatum”[23]: la palabra de Dios no puede permanecer encadenada. f12,16 |La solución de v12 parece mejor, ya que m12 ofrece solo una traducción incompleta y tanto i12 como f12 ponen la traducción en castellano a pie de página, que en parte no era necesaria. La opción seguida por v12 es poner la cita entera en castellano en el texto y toda ella en latín a pie de página, lo que parece más coherente con el estilo de estas Cartas.
19b para ganar a los flacos; híceme todo para todos, para salvarlos a todos. f12,16 ] por ganar a los flacos; híceme todo para todos, por salvarlos a todos. m12[1],23 v12,147 i12,19
20c a los nombres v12,148 ] al nombre m12[1],25 f12,17 i12,20
23c apostólica hemos m12[3],28 f12,19 i12,22 ] apostólica, hemos v12,151 || piel de oveja, v12,152 f12,20 i12,152 ] piel de ovejas, m12[1],29
24a contra nequitiam v12,152 i12,23 | contra nequitiam f12,20 ] contra nequitiasm12[1],29
24b alegría sana y santa m12[2],29 v12,152 ] alegría, sana y santa, f12,20 i12,23
25c carnis est, et m12[1],31 | carnis est, et i12,23 | carnis est, et f12,21 ] carnis est et v12,154
26d tarea –la labor de otros católicos– en el campo m12[2],33 f12,23 i12,26 ] tarea en el campo v12,156
27a comprehenderunt[35]. i12,26 | comprehenderunt[35]. m12[1],34 | comprehenderunt”[35]. f12,23 ] comprehenderunt[35], y las tinieblas no la han recibido. v12,156
27b fuerzas, ut cognoscant v12,157 ] fuerzas ut cognoscant m12[1],34 | fuerzas “ut cognoscant f12,23 | fuerzas ut cognoscant i12,27 || para que se percaten m12[1],34 f12,23 i12,27 ] para que te conozcan como nosotros te conocemos, para que se percaten v12,157
27c derecho –y, según los casos, deber– de quejarnos m12[2],34 f12,24 i12,27 ] derecho –y deber– de quejarnos v12,157
28b tacebunt[40], pregonaréis la verdad sobre la Obra de Dios, nuestra Madre, m12[1],35 | tacebunt”[40], pregonaréis la verdad sobre la Obra de Dios, nuestra Madre, f12,24 | tacebunt[40], pregonaréis la verdad sobre la Obra de Dios, nuestra Madre, i12,27 ] tacebunt[40], he puesto centinelas, que no se callarán ni de día ni de noche, pregonaréis la verdad v12,158
28c debería ser amigo, v12,158 ] debía ser amigo, m12[1],36 f12,25 i12,27
29a repetirlas, haciéndolas v12,158 i12[2],36 ] repetirlas haciéndolas m12[1],36 f12,25 i12,28 || cabría pensar: v12,158 ] cabía pensar: m12[1],36 f12,25 i12,28 || leído, para m12[2],36 f12,25 i12,28 ] leído para v12,159
29c Omnia in bonum i12,28 ] Omnia in bonum v12,159
30b obscuras m12[3],37 ] oscuras v12,160 f12,26 i12,29
32b arrasa todo, v12,162 ] arrastra todo, m12[1],40 f12,27 i12,29
32c avanza, con descaro especialmente v12,162 ] avanza, especialmente m12[1],40 f12,28 i12,31 || y de una manera más solapada v12,162 ] de una manera más hipócrita m12[1],40 f12,28 i12,31
33b las religiones m12[1],40 f12,28 i12,31 ] las demás religiones v12,163 | Aunque la versión v12 es más fiel al texto original de la encíclica Quas primas, que está aquí citado, parece mejor seguir las otras versiones donde no aparece el «demás», que podría resultar equívoco pues podría entenderse que se incluye al cristianismo entre las religiones falsas.
35e Más aún: Más aún: f12,30 i12,34 ] Más aun: m12[1],44 v12,166 || y tienen m12[1],44 v12,166 i12,34 ] y que tienen f12,30 |La lectura de f12 introduce un «que» innecesario, que preferimos omitir, pues se trata de un segundo verbo coordinado dentro de una oración de relativo explicativa que ya comienza con «que».
36a por todas partes v12,166 f12,30 i12,34 ] por todas las partes m12[1],45
36d aún más f12,31 i12,35 ] aun más m12[1],45 v12,167
37a deberían vigilar, v12,167 ] debían vigilar, m12[1],45 f12,31 i12,35
38a desde allí lo controlan v12,168 ] de allí lo controlan m12[1],47 f12,32 i12,36
39a predominio, casi absoluto m12[2],48 f12,33 i12,36 ] predominio casi absoluto v12,169 || por los no católicos v12,169 ] por los anticatólicos m12[1],48 f12,33 i12,37
39b hoy predominan. f12,33 i12,37 ] hoy predomina. m12[1],48 v12,169
39c alicientes que m12[2],48 f12,33 i12,37 ] alicientes, que v12,170
39d Hay que trabajar con altura profesional v12,170 ] def. i12,37
40a y aun dirigidos f12,34 i12,37 ] y aún dirigidos m12[1],49 v12,170
42d ofensa a Dios, v12,173 ] ofensa de Dios, m12[1],52 f12,36 i12,40
43d en la obscuridad m12[3],54 ] en la oscuridad v12,175 i12,41 | en la oscuridad f12,37
45a cada instante, v12,176 f12,37 i12,42 ] cada instante m12[1],56
45d Cfr. Camino, n.º 121. | pureza, que m12[2],57 f12,39 i12,43 ] pureza que v12,178
46b con esta fe m12[1],58 v12,178 i12,44 ] con esa fe f12,39
46d abundantes aún f12,40 i12,45 ] abundantes aun m12[1],59 v12,179
47c profundidad –porque m12[2],59 f12,41 i12,45 ] profundidad, porque v12,180 || chapucerías–, m12[2],60 f12,41 i12,45 ] chapucerías, v12,180
48a «no ha de ser oficialmente católica»: como puede verse en el aparato crítico, san Josemaría suavizó la primera redacción, que era más categórica, añadiendo «habitualmente», «al menos ahora, en algunos países». Es decir, en su criterio cabían excepciones. Lo que no deseaba era que la existencia de esos medios provocara un repliegue de los católicos y una renuncia a estar presentes y a influir cristianamente en los diversos ámbitos de la opinión pública. | que habitualmente no veo ninguna necesidad –al menos ahora, en algunos países– de que exista prensa católica; mucha gente, incluso entre católicos, no la lee, m12[2],60 | que habitualmente no veo ninguna necesidad –al menos ahora, en algunos países– de que exista prensa católica; mucha gente, incluso entre católicos, no la lee, i12,45 | que habitualmente no veo ninguna necesidad –al menos ahora, en algunos países– de que exista “prensa católica”; mucha gente, incluso entre católicos, no la lee, f12,41 ] que no veo ninguna necesidad de que exista prensa católica; la gente no la lee, v12,180
49c venta, accionistas, gerentes– m12[1],62 f12,42 i12,47 ] venta, gerentes– v12,182
50c todos los ambientes. m12[1],63 v12,183 i12,48 ] todos los hombres. f12,43 | La variante que presenta f12 requiere un difícil discernimiento. Parecería natural adoptarla, pues tiene las características de una pequeña evolución del autor que pasa de «ambientes» a «hombres», vocablo quizá más acorde con «sentido cristiano de la vida», que es una actitud más propia de personas que de ambientes. Sin embargo, nos inclinamos por mantener «ambientes». Por un lado, aquí aparece en las tres fuentes principales. En segundo lugar, en la frase anterior ya se menciona a las personas, porque se dice «llevar la doctrina del Señor a todas las inteligencias», de forma que «[llevar] el sentido cristiano de la vida a todos los hombres» podría presentarse como una repetición. La tercera razón, que nos parece más convincente, es que, en esta parte de la Carta, san Josemaría está hablando de personas y de ambientes de trabajo, como se ve en el párrafo sucesivo. De esta manera, la frase adquiere una ambivalencia: llevar el cristianismo tanto a personas como a todos los ambientes; de esta forma su contenido es más rico y más coherente con el resto del texto.
51a radio, etc.; m12[1],64 v12,183 i12,48 ] radio, etc.: f12,43
51c sacerdotes –cuando podamos hacerlo– escribiremos v12,184 ] sacerdotes escribirán m12[1],64 f12,44 i12,47
52a cultural, etc., del m12[2],65 f12,44 i12,49 ] cultural, etc. del v12,184
53a puedan dirigir m12[2],65 v12,185 i12,49 ] pueden dirigir f12,45 || teatro, etc., v12,185 f12,45 i12,49 ] teatro, etc. m12[1],66
54a «obras del apostolado de la opinión pública»: comenzaron en 1951, cuando algunos miembros del Opus Dei organizaron actividades en los medios de comunicación que denominaron así, y que, cuando salió esta Carta, estaban dejando de existir, porque san Josemaría había entendido que esas iniciativas requerían una plena autonomía de gestión. «Estas empresas son labores que de hecho formarán parte del apostolado de la Obra» (54b), afirma claramente en el punto siguiente, aunque a lo largo de esta sección se esfuerza en mostrar que no son propiedad del Opus Dei, ni están bajo su control, en ningún sentido, sino que «su actividad –en lo que tenga de puramente apostólico– está injertada en la labor apostólica de la Obra, a través de la actuación personal y profesional –libre y responsable– de sus miembros» (55a). Cfr. Historia del Opus Dei, pp. 245-251, 332-338.
55a no he afirmado que m12[2],67 f12,45 i12,49 ] no dije que v12,186
55d se siga m12[2],68 v12,187 i12,51 ] se sigue f12,46
57c ya no estarían haciendo Opus Dei los hijos míos que allí trabajaran: sería m12[2],70 f12,48 i12,52 ] ya no estaríamos haciendo Opus Dei: sería v12,189
58a labores atraerá a muchas almas, dispuestas f12,48 i12,52 ] labores atraerá a muchas almas dispuestas m12[2],70 | labores, atraerá a muchas almas dispuestas v12,189
58c «como habla la gente de la calle»: sin minusvalorar el apostolado de los religiosos, san Josemaría quiere subrayar que los laicos del Opus Dei deben emplear su propio lenguaje en la transmisión de la fe, el que les proporciona su educación, su contexto secular o su profesión.
59b no directa ni necesariamente teológicos o canónicos: científicos, v12,189 ] no directa ni necesariamente doctrinales: científicos, m12[1],70 f12,49 i12,52
60c fondo–, se f12,50 i12,54 ] fondo– se m12[1],73 | fondo– se v12,191 || ofrecer una visión m12[2],73 f12,50 i12,54 ] presentar una visión v12,191
61a personas, de m12[2],74 f12,50 i12,54 ] personas de v12,192
61b el valor científico, literario, artístico, etc., aparente la mayor parte de las veces –sin fundamento real–, de autores heterodoxos: de manera m12[2],74 f12,51 i12,55 ] el valor, aparente la mayor parte de las veces –sin fundamento real–, científico, literario, artístico, etc., de autores heterodoxos, de manera v12,192
61d procurar por tanto dar nombre m12[2],75 f12,51 i12,55 ] procurar dar nombre v12,193
62a los han sufrido y los sufrirán todas las m12[2],75 f12,51 i12,55 ] los han tenido y los tendrán todas las v12,193
62b santificado y santificante; m12[2],76 | santificado y santificante; f12,52 | santificado y santificante; i12,56 ] santificador y santificante; v12,193
63a ayuda, señalando m12[2],77 f12,52 i12,56 ] ayuda señalando v12,194
64a mal informadas v12,195 ] peor informadas m12[1],78 f12,53 i12,57
64b por atraer las almas v12,195 ] por atraer a las almas m12[1],78 i12,58 | para atraer a las almas f12,53 || prudencia, para impedir que, de lo que v12,195 ] prudencia, que impedirá que, de lo que m12[1],78 f12,53 i12,58
64d pública no m12[2],78 f12,53 i12,58 ] pública, no v12,196
65a profesionalmente en estos m12[2],78 i12,58 ] profesionalmente, en estos v12,196 | profesionalmente en esos f12,54 |Tanto la supresión de la coma después de «profesionalmente», como la inserción de una «t» que transforma «esos» en «estos» son modificaciones autógrafas de m12[2]. Resulta difícil de explicar por qué f12 acoge una modificación, pero no la otra (mantiene «esos»). Puede tratarse de un error mecanográfico (se encuentran bastantes errores de este tipo en f12) o un problema de datación más complicado (que la coma suprimida y la «t» añadida no pertenezcan a la misma revisión, la capa redaccional m12[2], sino a dos momentos distintos y que f12 haya que colocarla entre las dos modificaciones). En todo caso, la opción «esos» había sido rechazada expresamente por san Josemaría, porque resulta más imperfecta, y nos confirma, una vez más, que f12 quizá provenga de una versión anterior al borrador que sirvió para preparar i12.
65c no queremos m12[2],79 f12,54 i12,59 ] ni queremos v12,197 || Es justo que, v12,197 ] Es justo, que m12[1],80 f12,54 i12,59
66b los que quieren m12[1],81 v12,198 i12,59 ] los que quieran f12,55
66d más o menos inerte m12[2],81 f12,55 i12,60 ] menos inerte v12,198
67a insubstituible m12[3],82 ] insustituible v12,199 f12,56 i12,60
67b de esas actividades, de esas obras apostólicas, atraerá, v12,199 ] actividades, atraerá, m12[1],82 | actividades atraerá, f12,56 i12,60
68c desde su puesto. m12[3],83 i12[2],61 ] desde su banco. v12,200 f12,57 i12,61
68d una determinada actividad en ese campo, reflejando v12,200 ] una determinada obra, reflejando m12[1],83 f12,57 i12,60 || se dirija, el v12,200 ] se dirige, el m12[1],83 f12,57 i12,61
69d se conozcan y respeten m12[1],85 v12,201 i12,62 ] se conozcan y se respeten f12,57
70a sobre la labor que realizaréis. v12,201 ] nuestro modo de obrar. m12[1],85 f12,58 i12,62 || hecho personalmente a través v12,201 ] hecho a través m12[1],85 f12,58 i12,62 || hacéis también personalmente cada uno, dando doctrina: v12,201 ] hacéis personalmente, cada uno, también dando doctrina: m12[1],85 f12,58 i12,62
70b y de la responsabilidad f12,58 i12,62 ] y la responsabilidad m12[1],85 v12,202
70c «hablar en necio al vulgo»: es decir, rebajar el estilo o el discurso en general, buscando ser más fácilmente aceptado por el público. La frase proviene del poeta y dramaturgo Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), en su ensayo Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609), donde se lee: «escribo por el arte que inventaron los que el vulgar aplauso pretendieron, porque, como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto» (ed. de Juan MANUEL ROZAS, SIGNIFICADO Y DOCTRINA DEL ARTE NUEVO DE LOPE DE VEGA, ALICANTE, BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES, 2002, I, 1, 45).
71b «lo que el negro del sermón»: antigua locución castellana que significa «sacar poco provecho de escuchar o leer algo que no se entiende» (DRAE). Según algún autor, el refrán podría provenir de la Sevilla del siglo XVI, cuando no era infrecuente en las casas la existencia de algún esclavo africano. Uno de ellos fue un día a la iglesia, pero como no entendía el idioma e iba descalzo sobre el suelo gélido, acabó con la «cabeza caliente», de tanto esforzarse por entender, y con los pies fríos (cfr. Francisco RODRÍGUEZ MARÍN, Mil trescientas comparaciones populares andaluzas, Sevilla, Imp. de Francisco de P. Díaz, 1899, p. 100). San Josemaría lo aplica a quienes parecen incapaces de entender algo, por mucho que se les explique, sin ningún matiz peyorativo hacia las personas de otra raza. En España, cuando escribía esta carta, en 1966, la palabra «negro» no tenía la connotación despectiva que hoy posee en algunos lugares, y ni siquiera la tenía en Estados Unidos, donde los mismos activistas afroamericanos por los derechos civiles se llamaban a sí mismos sin dificultad, «negro», o en plural «negroes». cfr. Robert Penn Warren, Who speaks for the negro?, New York, Random House, 1965. | lecturas –en vieja m12[2],87 ] lecturas, –en vieja v12,204 f12,60 i12,64 || castellana–, m12[2],87 f12,60 i12,64 ] castellana– v12,203
72b «quidquid recipitur…»: «lo que se recibe, se recibe según la capacidad del recipiente». Se trata de un aforismo filosófico, que emplea, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino en la Summa Theologiae, I, q. 75, a. 5; cfr. también Scriptum super Sententiis, lib. 4, d. 49, q. 2.
72c está a obscuras. m12[3],88 ] está a oscuras. v12,204 f12,60 i12,64
72d con ella también m12[1],89 v12,204 i12,65 ] con ella f12,61
73b pública–, que m12[2],90 f12,62 i12,66 ] pública– que v12,206
74b fecundidad, que m12[2],91 f12,62 i12,67 ] fecundidad que v12,207
Carta «Numquam antehac»
Contexto e historia
El interés de san Josemaría por los medios de comunicación y por el trabajo de los profesionales de la información data de antiguo. Desde que era joven sacerdote tuvo algunos amigos en este sector y entre 1940 y 1941 fue profesor de ética general y moral profesional en unos cursillos oficiales de especialización para periodistas 1. Como explica Carlos Barrera, «ya a la altura de los años cuarenta el fundador del Opus Dei había captado la importancia de una información libre y responsable como un elemento necesario para el desarrollo del hombre contemporáneo, y por lo tanto la necesidad de que los hombres y mujeres que se dedicaran profesionalmente a ella procurasen impregnarla de espíritu cristiano. Era preciso que los cristianos estuvieran presentes en este nuevo foro de la vida pública» 2.
Desde principios de los años cincuenta había impulsado la creación de algunas publicaciones de amplia difusión 3 y desde que nació la Universidad de Navarra, cuando todavía era Estudio General, deseó que hubiera un centro para «la formación profesional de periodistas y la investigación en las disciplinas básicas de la información y de la comunicación con el nivel académico y científico de las facultades tradicionales» 4. Así nació, en 1958, el Instituto de Periodismo, alentado por el Fundador.
En 1956, el segundo congreso general del Opus Dei había aprobado que el apostolado de la opinión pública, es decir, ese conjunto de actividades que se dirigen a difundir los valores cristianos a través de los medios de comunicación, fuese una tarea prioritaria durante el siguiente quinquenio 5. En 1957, Escrivá creó la Oficina del apostolado de la opinión pública, como órgano auxiliar del Consejo General del Opus Dei, encargado también de coordinar las relaciones con los medios y favorecer la comunicación sobre diversos aspectos de la vida cristiana y de la actuación de los laicos 6.
El 13 de mayo de 1964, decidió nombrar a Santa Catalina de Siena, por la que nutría devoción desde joven, intercesora de la Obra para esta labor 7.
Él mismo, entre 1966 y 1968, concedió diversas entrevistas a prestigiosos medios como los diarios The New York Times y Le Figaro, además de los semanarios Time y L’Osservatore della Domenica, y a otras publicaciones, como Gaceta Universitaria, en la que se encuentran algunas reflexiones sobre la responsabilidad de la profesión periodística. Bastantes de estas entrevistas se recogieron después en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer (1968) 8.
Basta este breve recorrido para comprender la importancia que san Josemaría concedía al tema de esta Carta y el motivo que le impulsó a escribirla. Salió de la imprenta cuando habían ya sido puestas en circulación veintiséis Cartas, el 22 de noviembre de 1966, junto a las nn.º 6 y 7. Es decir, pertenece a la segunda fase de redacción del entero corpus de esos escritos, cuando san Josemaría fue tratando temas que le habían sugerido las personas del Opus Dei a lo largo de 1965-66, o que él mismo tenía planeado redactar, utilizando material que había ido recogiendo a lo largo de los años.
Naturalmente, el panorama de la comunicación ha cambiado muchísimo desde los años sesenta, cuando la Carta fue concluida, por lo que se invita a los lectores a leer las palabras de san Josemaría pensando en el contexto actual en el que viven, pues es ahí donde muestran una sorprendente actualidad y clarividencia. Los medios de los que habla han sido en gran parte sustituidos en el siglo XXI por otros y los de ahora lo serán también en el futuro gracias a los cambios tecnológicos que vendrán, pero –a nuestro juicio– la sustancia de sus enseñanzas mantiene su validez y actualidad.
Fuentes y material previo
Una carpeta (serie A.3, 92-4) de AGP, contiene el manuscrito original (m12), mecanografiado a doble espacio en 100 cuartillas de gramaje normal, de formato apaisado de 21,5 x 16 cm., que estuvieron grapadas en dos cuadernillos. En el reverso se ve el membrete de Amadeo de Fuenmayor, Catedrático excedente de Derecho civil.
El número de correcciones autógrafas de san Josemaría es semejante a los demás documentos que hemos analizado: son siempre pequeñas cosas, unas dos o tres por página. Se ven dos o quizá más colores de tinta diversos, correspondientes a las plumas estilográficas que usó en diversas fases de corrección.
El título, que está escrito a mano en el encabezamiento de las primeras cuartillas de ambos cuadernillos, es: «Nunquam antehoc, 30-4-1946.» Como es habitual, las notas se encuentran al final del documento.
En el volumen III, la Carta n.º 12 va de página 125 a 207.
La versión en folios mecanografiados (f12) cuenta con sesenta y ocho hojas, sin correcciones autógrafas. En la primera hoja, se lee, en caligrafía de san Josemaría a bolígrafo rojo: «Para la imprenta / 8-4-74 / M».
La impresión de 1985 (i12) ocupa sesenta y ocho páginas (en formato 17 x 24 cm), encuadernadas en rústica. En la carpeta de AGP se conservan dos ejemplares; uno de ellos (i12[2]) contiene tres pequeñas enmiendas en bolígrafo rojo, que parecen del beato Álvaro del Portillo (en pp. 5, 36 y 61), indicadas para ser tenidas en cuenta en sucesivas reimpresiones.
Cuestiones de crítica textual
No hay especiales cuestiones textuales que comentar: la mayoría de las divergencias entre las versiones responden a correcciones gramaticales o al deseo de precisar alguna expresión, como se verá en el aparato crítico, puesto al final del documento.
Contenido
Los primeros párrafos tratan de la libertad, que para Escrivá es un «tesoro» dado por Dios a la humanidad (§1a), un «don precioso», que constituye, además, «una característica esencial del espíritu de nuestra Obra» (§1b). Habla también de la pretensión de una falsa libertad que se nota en ciertos ambientes y de cómo el mundo moderno concibe y valora esa facultad humana (§§2-3).
Introduce así uno de los temas fundamentales que desarrollará en esta Carta: la libertad de expresión y el servicio que prestan los modernos medios de comunicación a este derecho fundamental (§§4-12). Por su enorme influjo para preservar la libertad y por sus grandes potencialidades positivas, afirma que «no podemos tener más que admiración y simpatía» (§12c) por los medios de comunicación y una gran ilusión para llevar a Dios «esa parcela de la creación» (§12c).
Después se abre una segunda sección, en la que indica las consecuencias negativas que puede tener el abuso de esos medios, la manipulación y difusión del error, el confusionismo que pueden crear y, por otro lado, el silenciamiento de la buena doctrina que a veces imponen (§§13-18). Además, expone la responsabilidad que en este terreno tienen los cristianos y la necesidad de favorecer una mayor comunicación entre ellos (§§19-22). Esos medios pueden cooperar a la corrupción de las costumbres y socavar los principios cristianos, o difundir calumnias y ataques contra otros católicos (§§23-27), como ha sucedido con la Obra (§§28-29). Habla después de las tres olas que se perciben en esos medios: marxismo, laicismo y sensualidad (§§30-34).
A partir de ese momento, tras haber tratado de la valencia positiva y negativa de los medios de comunicación, pasa a hablar de responsabilidad de los católicos en este campo, donde muchas veces su presencia es escasa, intrascendente o poco profesional (§§35-39). Refiere a continuación su opinión sobre las empresas oficialmente católicas (§§40-41).
En la última parte de la Carta, san Josemaría propone ideas y soluciones, sin «tener nostalgias ingenuas y estériles», con la conciencia de que «el mundo no ha estado nunca mejor» (§42b). Subraya el afán de dar buena doctrina, de difundir la verdad evangélica, que nace del ejemplo de Jesús y que tiene como único ideal «llevar la gente a Cristo» (§45b), derramando la «luz de Dios» «a todos los hombres, sin excepción de razas, ni de lenguas ni de circunstancias sociales» (§45c).
Exhorta a proceder con confianza y sin miedo a las dificultades, buscando poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas por medio de un trabajo profesional competente. Despliega los diversos escenarios que puede tener esta labor, dando orientaciones concretas (§§42-52). Se refiere, en este contexto, a algunas obras corporativas relacionadas con la formación de periodistas (§53). Y también trata de labores privadas (§§54-58), en las que trabajarán personas de la Obra con otras que no lo son, para desarrollar múltiples actividades de comunicación, a título personal y siguiendo el propio criterio, sin que puedan representar a la Iglesia o a la Obra, aunque «nuestro espíritu apostólico lo empape todo» (§57a).
Prosigue ejemplificando diversas formas de difundir la doctrina cristiana a través de los medios (§§59-61) y el modo de informar sobre los apostolados de la Obra (§§62-65).
Detalla después algunas ideas sobre cómo pueden colaborar todos en esta tarea, aunque no se dediquen profesionalmente a la comunicación (§§66-69).
La Carta termina con algunas consideraciones sobre virtudes que son necesarias en el apostolado en general y más concretamente en el de la doctrina (§§70-74).
Notas de las introducciones al texto crítico anotado
Notas de las introducciones al texto crítico anotado
1 Cfr. Pablo PÉREZ LÓPEZ, «Josemaría Escrivá de Balaguer, profesor de ética para periodistas: Madrid 1941», en SetD 3 (2009), pp. 335-368. pp. 231-257.
2 Carlos BARRERA, «Josemaría Escrivá de Balaguer y el Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra», en SetD 2 (2008), pp. 231-257.
3 Cfr. Historia del Opus Dei, pp. 246-251.
4 Antonio FONTÁN, «Periodistas en la Universidad: del edificio de Comptos al de Ciencias Sociales», en AHig 10 (2001), p. 748.
5 Sobre estas iniciativas, ver Juan Manuel MORA, «Apostolado de la opinión pública», DJE, pp. 127-130.
6 Cfr. Historia del Opus Dei, p. 256. Sobre el funcionamiento de esa oficina, ver Santiago MARTÍNEZ SÁNCHEZ, «Conversación con José Luis Illanes», en AHig 22 (2013), pp. 359-402.
7 Cfr. Johannes GROHE, «Santa Caterina da Siena, san Josemaría Escrivá e l’”apostolato dell’opinione pubblica”», en SetD 8 (2014), pp. 125-145.
8 Cfr. Conversaciones, OC,I/3, pp. 7-62 y pp. 385-386.